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El Diario de Cantabria

San Martín acogió los enterramientos de la villa durante un milenio

Iglesia parroquial de San Martín. / A. del Saja
Iglesia parroquial de San Martín. / A. del Saja
San Martín acogió los enterramientos de la villa durante un milenio

El desaparecido monasterio de San Martín de Tobía, ubicado en el lugar de La Fuentanuca, tuvo un uso funerario y litúrgico durante unos 1.000

años, hasta el traslado del culto en 1724 al actual templo de San Martín, que se construyó en el tiempo récord de 5 años, como se refleja en la bóveda central. Pero funcionó como cementerio hasta que se

inauguró el actual de Navas el 25 de julio de 1910. En el camposanto se encuentran los vestigios materiales más antiguos del origen de Cabezón de la Sal, según los profesores Ramón Bohígas y Beatriz González

que han llevado allí trabajos de excavación, cuyos resultados se vieron limitados por el corrimiento de una ladera, como consecuencia de las obras de vaciado que hicieron en su base para construir unas viviendas 

en el barrio de La Losa. En ellos no se pudieron recuperar las piezas clave de todos los monasterios medievales; las estructuras de abastecimiento de agua, lo que les hace pensar a los investigadores que la fuente de La Fuentanuca, que se encuentra a unos 100 metros del lugar, pudiera haber tenido un origen monástico.

En el año 817 aparece la primera cita al monasterio de San Martín de Tobía, que fundó Ramiro I de Asturias. En el emplazamiento del alto de San Martín se hallaron una serie de tumbas que evidencian el uso cementerial del espacio de la iglesia de San Martín desde su fundación altomedieval hasta su abandono en el siglo XVIII. El espacio de la antigua iglesia fue reutilizado hasta 1910 se mantiene en el recuerdo entre los habitantes mayores de la villa, que conocieron los panteones, hoy ya desaparecidos.

Excavaciones. En las excavaciones apareció una cruz de nácar, un dedal y varias monedas de Felipe IV contripleresellodelosaños 1636a 1659, entre otros restos Los muros más antiguos, en que cimienta la pared del cementerio, se han relacionado por sus excavadores con la reforma de bóvedas y capillas de la iglesia de San Martín de Tobía.

Pruebas realizadas con carbono 14 a algunas lajas de tumbas las sitúan entre los años 949 y 1036.

El último enterramiento allí efectuado fue el del vecino Vicente Urresti Otoalea, que murió a los 44 años, el 8 de junio de 1910. Según describe Ricardo Aguirre, que fuera párroco de Cabezón de la Sal, en su libro ‘Cabezón de la Sal en los siglos XVII, XVIII y XIX’ algunas familias recogieron los restos de sus antepasados y los subieron al actual cementerio, como hizo Higinia Sánchez Balbás, que construyó un panteón a la entrada del camposanto, con los restos del que Petra Igareda, gran benefactora, había construido en La Fuentanuca para acoger los restos de su familia.

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