historia de cantabria

La historia que el mar de Suances aún guarda en silencio desde 1937

Sin luz, sin protección, y con el miedo a bordo, embarcaron hacia Asturias o Francia desde las costas de Suances
Vista panorámica de una de las zonas de Suances. / A.S.
Vista panorámica de una de las zonas de Suances. / A.S.

Aquel verano de 1937, la situación militar del Frente Norte era insostenible para la República. Con Bilbao ya caído en junio y Santander cercada por tres frentes, las tropas franquistas, apoyadas por fuerzas italianas, presionaban con fuerza desde los valles pasiegos, Campoo y la costa oriental.

El gobierno republicano, sabedor de lo inevitable, organizó planes de evacuación urgente para soldados, dirigentes políticos, familias civiles y niños, empleando rutas terrestres hacia Asturias y, especialmente, salidas clandestinas por mar desde cualquier punto aún accesible.

Uno de esos lugares fue Suances, que, aunque no disponía de un gran puerto industrial, ofrecía playas, calas y una ría navegable que permitían el embarque de forma discreta. Así, entre los días 20 y 25 de agosto de 1937, decenas de personas escaparon desde la costa de Suances a bordo de pesqueros y embarcaciones ligeras.

Este episodio ha sido documentado en parte por algún historiador cántabro autor de estudios sobre la Guerra Civil en la costa central, así como en el archivo oral del proyecto "Memoria Histórica del Frente Norte", impulsado por el Gobierno de Cantabria.

Testimonios recogidos en los años 80 entre vecinos de Suances y Tagle coinciden en que los embarques se realizaron de noche, sin luz ni escolta armada, y que los puntos principales de partida fueron:

  • La Playa de la Concha, desde donde se zarpaba en mareas altas.

  • La ensenada de Tagle, más apartada y difícil de vigilar.

  • La ría de San Martín, que permitía cargar desde embarcaderos de madera utilizados por pescadores.

¿Quiénes escaparon?

Entre los evacuados había una mezcla de perfiles:

  • Milicianos republicanos heridos o replegados, destinados a continuar luchando en Asturias.

  • Políticos locales y funcionarios del Frente Popular, temerosos de represalias.

  • Familias civiles, especialmente mujeres e hijos de combatientes.

  • En algunos casos, niños que luego serían reubicados en colonias del exilio.

Las barcas, muchas de ellas cedidas por pescadores republicanos o requisadas por comités locales, se dirigían a puertos amigos en Asturias (Llanes, Ribadesella, Gijón), aunque algunas escaparon hacia Burdeos en condiciones precarias.

Peligros de la travesía

Las salidas eran clandestinas, no oficiales, y los barcos carecían de escolta o coordinación militar organizada. El riesgo de bombardeo o interceptación por mar era alto: la marina franquista y la aviación italiana patrullaban la costa.

Las condiciones del Cantábrico en agosto, aunque moderadas, podían cambiar en horas. En al menos dos casos documentados, las embarcaciones naufragaron y sus ocupantes fueron:

  • Rescatados por pescadores en la costa asturiana, o

  • Devueltos por patrulleras.

Consecuencias: memoria silenciada, historia confirmada

Tras la entrada definitiva de las tropas franquistas en Santander el 26 de agosto, la zona de Suances fue tomada sin gran resistencia, pero los registros de detenciones en Torrelavega y Cabezón de la Sal incluyen listas de personas buscadas que no se hallaban ya en sus domicilios. Eso ha permitido cruzar datos con los nombres de algunos de los que se presume escaparon con éxito por mar.

Durante décadas, esta historia no se habló en voz alta, ni en los hogares ni en las escuelas. Solo a partir de los años 2000, el relato oral fue emergiendo, con nietos y bisnietos preguntando por aquellos que “se fueron en barca y no volvieron”.

No hay placa, ni monumento, ni calle que recuerde la evacuación por mar en Suances. Sin embargo, la Playa de La Concha, la ría, y los acantilados de Tagle siguen allí, como estaban aquella noche de agosto en que la desesperación, el miedo y la esperanza se subieron juntos a una barca de madera.

Para quien camina por esas playas hoy, nada parece distinto. Pero bajo la arena, sobre las olas, aún viaja el eco de los que huyeron sin mirar atrás.

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