curiosidades de cantabria

¿Conocías esta historia sobre la isla más fotografiada de Cantabria?

Frente a La Riberuca, una isla casi mágica guarda un secreto del siglo XIX: allí se criaban conejos, en libertad y con supervisión veterinaria, para alimentar a la región
El faro de Suances con la Isla de los Conejos al fondo. / A.S.
El faro de Suances con la Isla de los Conejos al fondo. / A.S.

A escasos metros de la costa de Suances, frente a la playa de La Riberuca y visible desde el paseo marítimo, se levanta un promontorio escarpado conocido como la Isla de los Conejos. Hoy es un lugar natural, cubierto de vegetación y hogar de aves marinas, accesible solo en marea baja o en kayak, pero en el pasado tuvo un uso sorprendente, práctico y plenamente documentado: fue un criadero de conejos.

La historia de este islote como instalación agropecuaria improvisada comienza a finales del siglo XIX y se prolonga, de forma intermitente, hasta las primeras décadas del siglo XX. En una época marcada por el crecimiento del consumo cárnico, el desarrollo de sociedades gastronómicas y la necesidad de abastecimiento local, la cría extensiva en espacios insulares se consideraba una solución eficaz y segura.

Documentación oficial: veterinarios y colonias cinegéticas controladas

Según consta en informes veterinarios de la Diputación Provincial de Santander entre 1886 y 1909, recogidos en publicaciones de la época como el Boletín de Agricultura y Ganadería de Cantabria, la Isla de los Conejos fue empleada como zona experimental de cría extensiva de conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), bajo la supervisión de autoridades locales y con conocimiento de sociedades gastronómicas de Santander y Torrelavega.

El método consistía en introducir parejas de conejos reproductores en el islote, donde no había depredadores naturales, y permitir su reproducción sin intervención humana directa. Dos veces al año, cazadores con licencia desembarcaban en el lugar y realizaban capturas selectivas, que luego eran vendidas o destinadas a banquetes regionales.

Por qué en una isla: aislamiento natural, control sanitario y protección

La elección de una isla para este tipo de explotación no fue casual. En esa época, las enfermedades animales —como la mixomatosis o la tularemia— preocupaban gravemente a los ganaderos y autoridades sanitarias, por lo que un espacio completamente aislado y sin contacto con otras poblaciones animales ofrecía garantías excepcionales.

Además, la isla era fácilmente controlable desde tierra firme, y los conejos no podían escapar ni mezclarse con poblaciones silvestres, algo que dificultaba en cambio los criaderos en monte abierto o cercados rústicos.

Una práctica común en Europa que en Suances tuvo su versión local

El uso de islas para criar animales destinados al consumo humano no era exclusivo de Suances. En países como Francia, Escocia o Portugal existían precedentes similares con aves, cabras o conejos, especialmente en pequeñas islas rocosas.

En Cantabria, sin embargo, la Isla de los Conejos de Suances fue el único ejemplo documentado de este tipo de explotación insular cinegética.

El acceso se realizaba por mar, con pequeñas embarcaciones de pescadores, o —en marea baja— caminando por el istmo arenoso que conecta temporalmente la isla con tierra firme.

Fin de la actividad: sobrepoblación, enfermedades y abandono

La actividad fue rentable durante varios años, pero comenzó a declinar hacia 1915, cuando se detectaron problemas de sobrepoblación, competencia por el alimento y casos de enfermedad entre los animales.

Informes veterinarios recogidos en 1917 indican falta de control genético, degradación del hábitat y escasa rentabilidad como motivos para el abandono progresivo del criadero.

A partir de entonces, la isla fue desocupada por completo y quedó en estado natural, aunque aún se permitió su uso cinegético ocasional en los años 30.

La isla hoy: paisaje natural y memoria casi olvidada

Actualmente, la Isla de los Conejos es un espacio sin uso humano estable. Se encuentra en zona de servidumbre de protección litoral, y forma parte del entorno natural protegido de la ría de San Martín.

Se ha convertido en refugio de aves marinas, flora litoral y excursionistas en busca de rutas poco transitadas, aunque sigue sin señalización histórica.

Sin embargo, quienes conocen su pasado aún recuerdan aquella época en que el islote era sinónimo de carne fresca, organización comunitaria y estrategias sanitarias antes de la era industrial.

La Isla de los Conejos no es solo un lugar bonito para hacer fotos. Es un espacio que habla de cómo los pueblos costeros supieron adaptar su entorno para sobrevivir, combinar naturaleza y aprovechamiento responsable, y encontrar soluciones creativas en tiempos donde la ciencia veterinaria, la economía rural y la alimentación estaban íntimamente ligadas.

Y aunque hoy solo queden olas, rocas y gaviotas, **bajo el brezo y la arena aún laten los ecos de aquellos conejos que alguna vez poblaron una isla pensada, curiosamente, para ellos y para el paladar de los suancinos.

Comentarios