La escena perfecta para despistar a la Guardia Civil: el crimen de Hinojedo
Durante más de dos años, una investigación marcada por el silencio y el análisis científico desmontó lo que parecía un caso cerrado. Lo que inicialmente apuntaba a un homicidio seguido de suicidio terminó convirtiéndose en uno de los episodios criminales más sorprendentes investigados en Cantabria
Hay escenas del crimen que parecen hablar por sí solas. Y luego está la de la vivienda unifamiliar del barrio Darío Pedrajo, en Hinojedo (Suances), donde el 14 de marzo de 2024 todo parecía tan evidente que prácticamente nadie dudó de lo que había ocurrido.
Cuando la Guardia Civil llegó al domicilio encontró una imagen estremecedora.
En el interior de la vivienda yacía sin vida una mujer de 81 años. Presentaba claros signos de haber sido estrangulada, aparentemente con un cable o una cuerda.
A escasos metros, en un cobertizo anexo, apareció el cadáver de su hijo, de 41 años, suspendido.
La escena parecía contar una única historia.
Una madre asesinada.
Un hijo que, tras cometer el crimen, se quitaba la vida.
Era la hipótesis que trascendió en las primeras horas y la que publicaron prácticamente todos los medios de comunicación. Todo apuntaba a un homicidio seguido de suicidio. El caso parecía resuelto incluso antes de comenzar la investigación.
Pero aquella escena escondía un engaño.
Las primeras dudas
Mientras la opinión pública daba prácticamente por cerrada la investigación, dentro del Instituto de Medicina Legal y de los equipos especializados de la Guardia Civil comenzaron a aparecer las primeras dudas.
Había detalles físicos que no terminaban de encajar.
Determinadas lesiones, algunos elementos de la escena y varios indicios hacían pensar que quizá la reconstrucción inicial de los hechos no era la correcta.
Los investigadores empezaron entonces a contemplar una posibilidad inquietante: que una tercera persona hubiera intervenido en el crimen.
Aquella sospecha nunca trascendió públicamente.
La investigación pasó a desarrollarse bajo el máximo secreto.
La pista que cambió completamente el caso
El giro llegó gracias a la ciencia.
Durante la inspección ocular, los especialistas localizaron restos biológicos pertenecientes a un hombre desconocido.
El ADN recuperado no correspondía ni a la víctima ni a su hijo.
Sin embargo, tampoco coincidía con ningún perfil existente en las bases de datos policiales.
Aquello suponía un enorme problema para los investigadores.
Sabían que el autor había dejado un rastro genético.
Pero no tenían nombre.
Ni antecedentes.
Ni forma inmediata de identificarlo.
La única opción era seguir investigando hasta descubrir quién era el propietario de aquel ADN.
Más de dos años de trabajo silencioso
A diferencia de otros casos mediáticos, este apenas volvió a ocupar titulares durante mucho tiempo.
No porque la investigación estuviera parada.
Todo lo contrario.
La Guardia Civil continuó trabajando durante más de dos años con absoluta discreción.
Las pesquisas avanzaban lejos de los focos mientras se intentaba reconstruir todos los movimientos relacionados con la vivienda y con las personas que habían tenido acceso a ella.
Cada nueva comprobación se comparaba con la evidencia genética hallada en el escenario del crimen.
Era una investigación paciente, minuciosa y completamente apoyada en la prueba científica.
El inesperado desenlace
Finalmente, los investigadores lograron identificar al hombre cuyo ADN había aparecido en la vivienda.
Según la investigación, se trataba de un instalador de internet de 28 años, vecino de Miengo.
La principal conclusión de los investigadores es que habría accedido a la vivienda, asesinado tanto a la mujer como a su hijo y preparado cuidadosamente toda la escena para que pareciera que el hijo había matado primero a su madre y después se había suicidado.
Aquella puesta en escena habría conseguido exactamente el efecto buscado.
Durante las primeras horas, toda la atención se dirigió hacia el hijo fallecido.
Sin embargo, los indicios científicos terminaron desmontando por completo esa versión.
El ADN, la prueba decisiva
La investigación acabó apoyándose en una evidencia imposible de rebatir.
El ADN hallado en el escenario situaba al sospechoso en la vivienda.
Según la investigación judicial, las pruebas biológicas terminaron siendo determinantes para resolver un caso que durante meses pareció no tener salida.
De acuerdo con la información facilitada por la investigación, una vez confrontadas todas las pruebas, el sospechoso acabó confesando los hechos ante la autoridad judicial.
Un caso que demuestra que las apariencias engañan
Pocas investigaciones recientes en Cantabria ilustran mejor la importancia de la criminalística moderna.
Lo que para cualquiera que observase aquella vivienda parecía un caso cerrado resultó ser una escena presuntamente diseñada para engañar a los investigadores.
La intuición inicial de los forenses, unida al trabajo silencioso de la Guardia Civil y al análisis del ADN, terminó desmontando una reconstrucción que parecía perfecta.
Más de dos años después, el misterio que comenzó en una vivienda de Hinojedo encontró respuesta gracias a una combinación de paciencia investigadora, ciencia forense y análisis genético, revelando que, tras una escena aparentemente evidente, se escondía uno de los montajes criminales más elaborados conocidos en Cantabria.