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El Diario de Cantabria

Isabel II en Santander

No resulta aventurado decir que en el verano de 1847 apareció el que se puede considerar como primer anuncio publicitario de carácter turístico (empleando este término actual) en España. Se produjo en el número correspondiente al 16 de julio de ese año de ‘La Gaceta de Madrid’ y su título rezaba así: ‘Baños de oleaje en El Sardinero’. 
Isabel II y su familia en Santander (1861).
Isabel II y su familia en Santander (1861).
Isabel II en Santander

ELLO supone que la ciudad de Santander fuese pionera en cuanto a los eslóganes publicitarios conocidos, animando a la aristocracia y burguesía acomodada madrileñas y de otras ciudades del interior (únicas clases sociales que se permitían tal expansión) a veranear en la ciudad y tomar los ‘salutíferos’ baños de mar en el entonces idílico paraje arenoso del Sardinero. Era uno de los preámbulos que precedieron al posterior desarrollo de aquella zona, alejada del centro urbano, que estaba llamada a ser una de las estaciones balnearias marítimas más relevantes de España.

● ● ● La joven reina Isabel II, que apenas cuenta con diecisiete años, había comenzado a frecuentar las playas cantábricas acudiendo a San Sebastián, Lequeitio y otras localidades, tal y como venía ya haciendo la realeza en varios países europeos propiciando el impulso de elegantes centros de veraneo junto al mar, como Biarritz, Niza, Mónaco, San Remo, Brighton o Estoril.

● ● ● En nuestro país se produjo una suerte de competición (a la que no fue ajena la corte) entre San Sebastián y Santander por seducir, con todos los medios a su alcance, a los veraneantes, creando todo tipo de comodidades y entretenimientos que complementaran la estancia. .

● ● ● En dos ocasiones especiales encontramos a la familia real, en este caso encabezada por Isabel II, en Santander. Cabría decir con mayor exactitud en la entonces provincia, pues la reina viajó a diversas localidades. La primera tuvo lugar en 1861, cuando decidió pasar una temporada estival, como más abajo se comentará que, en cierta medida, supuso un espaldarazo decisivo para la ciudad y muy especialmente para la zona comprendida entre La Magdalena, San Roque y El Sardinero con la presencia de tantas familias completas que huían de los calores del estío meseteño.

● ● ● Sin embargo, la estancia más prolongada y de mayor interés, al menos en cuanto a lo que concierne a la atención de los historiadores, se ha de producir cuando Isabel II llevaba ya fuera de España casi diez años de ‘destierro’ en su famosa residencia del Palais de Castille parisino. Su regreso, de carácter temporal, se produjo por mar, haciéndolo, curiosamente, por Santander. Tan ansiado retorno, como la propia ex reina confesaba, lo realizó con sus tres hijas menores, las infantas doña Paz, doña Pilar Berenguela y doña Eulalia, que llegaron a la ciudad el 30 de julio de 1876.

● ● ● Hacía ya más de un año que se había restaurado la monarquía borbónica en España tras los frenéticos años comprendidos entre 1868 y 1874 en los que se sucedieron todo tipo de regímenes políticos, desde la monarquía constitucional de Amadeo de Saboya, al gobierno provisional del general Serrano, pasando por la efímera I República con sus cuatro presidentes en 11 meses escasos de duración…, todo ello iniciado por la célebre Revolución Gloriosa que arrojó del trono a la citada reina Isabel II.

● ● ● El país asistía muy ilusionado a los albores del reinado de Alfonso XII bajo la tutela política de Cánovas del Castillo y de lo que se puede calificar como un verdadero reinado en la sombra, el de la Infanta Isabel de Borbón, hermana mayor del joven rey, mujer de extraordinarias dotes personales, intelectuales y políticas, convencida partidaria de la Monarquía Constitucional y, a la sazón, Princesa de Asturias, toda vez que su hermano -de 17 años- estaba soltero. Esta mujer, que gozó durante toda su vida de un gran afecto popular, recibía por parte del pueblo de Madrid el cariñoso apelativo de La Chata, que acabó extendiéndose a toda España.

● ● ● Sin perder jamás la dignidad inherente a su rango, supo atraerse a todas las clases sociales hasta el punto de que, poco antes de fallecer en 1931, recién instaura-da la II República, se le permitió seguir residiendo en España sin necesidad de salir al exilio con el resto de la familia real, favor que, por cierto, no aceptó, falleciendo en Francia meses después.

● ● ● El gobierno de Cánovas del Castillo acabó permitiendo el regreso de Isabel II y sus hijas menores a España con la condición de no afincarse en Madrid. Y como la llegada a la península se haría por mar a través del puerto de Santander, un día antes de esa prevista arribada, estaban ya en la ciudad el rey Alfonso XII, la Princesa de Asturias Isabel de Borbón y el gobierno prácticamente en pleno, además de contar con la presencia del general Martínez Campos, entonces hombre fuerte del ejército.

● ● ● Al día siguiente, 30 de julio, llegó la reina destronada y tuvo lugar la reunión familiar, un encuentro breve y frío puesto que la temperamental ex reina estaba muy enfrentada con sus hijos mayores a los que acusaba de usurpación y hasta de traición, instalada en una obcecada intransigencia totalmente alejada de la realidad del momento histórico. Dos días escasos permanecieron el rey, la princesa de Asturias y Cánovas del Castillo en Santander, partiendo enseguida hacia su residencia veraniega de La Granja de San Ildefonso, tiempo suficiente, no obstante, para ser objeto de un entusiasta recibimiento por parte de la población que superó con creces al que se deparará, al día siguiente, a la ex reina.

● ● ● Isabel II, sin embargo, residió en la ciudad todo el verano, hasta el mes de septiembre, alojándose en la casa palacio de don Juan Pombo, Marqués de CasaPombo, sita en El Sardinero a cuya playa acudía doña Isabel con frecuencia para tomar los baños de mar que desde antiguo le habían sido prescritos para la afección de piel que padecía.

● ● ● Se sabe, asimismo, que acudió al balneario de Ontaneda donde permaneció unos días beneficiándose de aquellas aguas. No era ésta la primera visita que Isabel II realizaba a Santander, como ya quedó señalado, pues en agosto de 1861, cuando todavía se encontraba en la plenitud de su reinado, la soberana giró una visita oficial a Cantabria. Se alojó en aquella ocasión en el edificio de la Real Aduana, que fue debidamente acondicionado al efecto, desde donde fue llevada en varias ocasiones a la Primera Playa donde se había dispuesto una caseta especial para ella.

● ● ● Siempre guardó la reina un grato recuerdo de sus estancias en Santander, refiriéndose a ellas con frecuencia, algo que influyó, seguramente, en la decisión de su nieto, el rey Alfonso XIII de hacer de la capital montañesa su corte de vacaciones, como todos sabemos. No es casualidad, por tanto, que una de las calles más céntricas, animadas y comerciales de la ciudad lleve el nombre de Isabel II

Isabel II en Santander
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