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El pueblo de Cantabria que ha visto pasar 100.000 años de historia por sus calles

Desde cuevas paleolíticas hasta caminos de peregrinos, desde nobles medievales hasta ferrerías ilustradas, este municipio ha sido testigo silencioso del devenir de los siglos
Una de las calles de Cartes. / A.S.
Una de las calles de Cartes. / A.S.

Ubicado en el corazón de Cantabria, entre suaves laderas que descienden desde la Sierra de Ibio hasta las vegas del río Besaya, el municipio de Cartes ofrece mucho más que paisajes verdes y casas solariegas: es una auténtica joya histórica que ha conservado durante siglos su esencia, su patrimonio y su papel como nexo estratégico entre el litoral y el interior montañés.

Los primeros rastros humanos en Cartes se remontan nada menos que al Paleolítico Medio (95.000–35.000 a.C.), lo que convierte a este municipio en uno de los núcleos más antiguos de Cantabria. En la cueva de La Cuevona (Bedicó) y Gurugú II, se hallaron útiles paleolíticos bien conservados, testigos de la vida de nuestros ancestros cazadores-recolectores. El Miradorio de Santiago de Cartes, por su parte, muestra presencia humana desde el Paleolítico Inferior.

Además, el menhir del Monte del Iso, en Mercadal, confirma la existencia de comunidades que no solo sobrevivían, sino que comenzaban a ritualizar su paisaje, dejando las primeras huellas de su espiritualidad.

Cartes en tiempos romanos: hierro, calzadas y comercio

A diferencia de otras zonas cántabras, la cuenca del Besaya fue clave en la romanización. El “Itinerario de Barro”, una antigua calzada romana, cruzaba Cartes en dirección a Suances y Pisoraca (Palencia). Las minas de Mercadal, activas ya en época romana, nutrían de mineral las ferrerías de la región, que posteriormente exportarían hierro hacia Castilla.

Aún se conservan restos romanos en Riocorvo, San Miguel o el Puente de Lanjarera (Yermo), verdaderas joyas de la ingeniería que conectaban este fértil valle con los mercados del imperio.

Edad Media: señoríos, monasterios y camino de peregrinos

Con el declive del reino visigodo y la escasa penetración musulmana en Cantabria, Cartes vivió una repoblación temprana durante el reinado de Alfonso I. Surgieron núcleos estables como Yermo, San Miguel o Bedicó, muchos de ellos bajo el amparo de monasterios como el de Santa Marina, levantado por los obispos Severino y Ariulfo en el siglo IX.

El Camino del Besaya, una vía secundaria del Camino de Santiago, convirtió a Cartes y Riocorvo en puntos esenciales para los peregrinos. Se construyeron hospitales como el de San Sebastián y el de San Lázaro, además de templos románicos como Santa María de Yermo, hoy Monumento del Tesoro Artístico Nacional.

La Baja Edad Media trajo consigo la consolidación del poder feudal. La Casa de la Vega, el señorío de Castañeda y linajes como los Ceballos, Quijano o Bustamante levantaron casas fuertes y casonas que aún dominan los núcleos históricos de Cartes.

La Edad Moderna: Cartes, centro comercial y político de la comarca

En el siglo XV, los condes de Castañeda, que además ostentaban el título de marqueses de Aguilar, convirtieron Cartes en el epicentro político y administrativo de sus dominios. El Torreón de Cartes, una de las construcciones más emblemáticas del municipio, fue la sede del corregidor condal y símbolo del poder señorial.

Los Reyes Católicos, conscientes de su prosperidad, afirmaron en 1478 que Cartes era “el lugar más poblado y mejor proveído de la comarca”. El comercio floreció: vinos, trigo y productos de Castilla llegaban al valle, mientras madera y hierro cántabros emprendían el camino inverso.

La ferrería de Rucha, frente a Riocorvo, fue el mayor establecimiento industrial del occidente cántabro hasta el siglo XIX, alimentada por el mineral de Mercadal y más tarde de Somorrostro.

Indianos, jándalos y el esplendor urbano del siglo XVIII

En el siglo XVIII y XIX, el fenómeno del jándalo (emigrantes cántabros que marchaban a Andalucía) transformó la arquitectura local. Familias como los Alonso, Campuzano, Peredo o Hontoria retornaron con fortunas amasadas en Cádiz o El Puerto de Santa María, construyendo casonas con arcos, balcones corridos y escudos de armas que aún embellecen lugares como Riocorvo, Santiago o Corral.

El Camino Real de Reinosa a Santander, trazado entre 1748 y 1753, potenció el tránsito comercial, conectando Cartes con los puertos del Cantábrico y facilitando el transporte de lanas, harina y vinos. Sus puentes —como el de Santiago, el del Carabete o el de Pedriz— son auténticas reliquias de la ingeniería ilustrada.

Entre tradición y dinamismo industrial

En el siglo XIX, Cartes fue perfilando su estructura actual al incorporar nuevos concejos como Cohicillos, Mercadal y Sierra Elsa. La llegada del turismo de salud, gracias a las aguas termales de Las Caldas del Besaya, trajo consigo la construcción de elegantes villas de veraneo.

Ya en el siglo XX, el municipio dejó atrás su carácter rural para integrarse en la comarca industrial del Besaya, viviendo un crecimiento demográfico acelerado gracias a su cercanía con Torrelavega. Este dinamismo ha traído consigo nuevas infraestructuras, servicios, empresas, y una revitalización del tejido comercial.

Hoy, Cartes es un municipio que mira al futuro sin olvidar su pasado. Su centro histórico, perfectamente conservado, invita al paseo sosegado entre casonas nobiliarias, arcos de piedra, escudos heráldicos y callejuelas empedradas. Su patrimonio religioso, civil e industrial lo convierten en una parada imprescindible para cualquier amante de la historia, la arquitectura o el turismo cultural.

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