historia de cantabria

Lo que un indiano construyó en Suances y hoy languidece en ruinas: ¿renacerá?

Oculto entre las olas y los acantilados de Cantabria, Suances guarda una historia que pocos conocen: ruinas romanas, fortalezas medievales y un pasado ballenero que hoy convive con el surf y los turistas

Faro de Punta del Torco de Afuera en Suances. / A.S.
Faro de Punta del Torco de Afuera en Suances. / A.S.

Ubicado en el corazón de la costa occidental cántabra, Suances es uno de los municipios más emblemáticos del litoral norteño. Flanqueado al norte por el mar Cantábrico, al este por la ría de San Martín de la Arena —desembocadura del río Saja—, y con límites compartidos con Santillana del Mar, Polanco y Miengo, este municipio conjuga naturaleza, historia y tradición marinera.

Suances no es solo un destino turístico de referencia. Su valor histórico se remonta a la época romana, cuando posiblemente acogió el Portus Blendium, núcleo portuario mencionado por algunas fuentes clásicas y atribuido a la tribu cántabra de los blendios. Excavaciones en las inmediaciones de la iglesia local han arrojado indicios que apuntalan esta hipótesis, aunque otros autores defienden que pudo tratarse en realidad de Portus Vereasueca.

Desde el siglo XII, el entonces llamado puerto de San Martín de la Arena ya se perfilaba como uno de los centros pesqueros más activos de la región, con especial relevancia en la pesca de ballena. Durante siglos, este enclave fue dominio de la influyente Casa de la Vega, hasta que el proceso de colmatación de la ría en el siglo XVII redujo drásticamente su actividad comercial.

De defensas costeras a mansiones indianas

Los vestigios defensivos como la torre de Suances —construida entre 1403 y 1437 por Diego Hurtado de Mendoza— y las Defensas del Torco son testigos mudos de un pasado marcado por tensiones comerciales y amenazas navales. Estas últimas, restauradas en la actualidad, ofrecen una ventana al pasado bélico del lugar.

El desarrollo turístico comenzó a tomar forma en el siglo XIX, cuando se puso de moda la práctica de los baños de mar. La construcción del malecón en 1878 impulsó el crecimiento del pueblo hacia la costa, facilitando la edificación de chalets y residencias veraniegas. Entre estas destaca la mansión de don Jaime del Amo, un indiano que levantó una espectacular casa de estilo centroeuropeo, hoy tristemente en ruinas.

Educación, arquitectura y expansión urbana

La llegada de veraneantes y benefactores propició también un avance educativo. A principios del siglo XX, Juan José Gómez-Quintana y Susana del Amo financiaron la construcción de dos colegios aún visibles en la calle Quintana. Además, en 1890, se trasladó la sede del ayuntamiento de Ongayo a Suances, construyéndose para ello el actual edificio consistorial de estilo ecléctico-neoclásico, gemelo del ayuntamiento de Colombres (Asturias).

Geografía y literatura

Con una población cercana a los 9.000 habitantes, Suances se asienta entre zonas elevadas y playas de extraordinaria belleza como La Concha, La Ribera, La Riberuca, y en la cara más expuesta del Punta del Dichoso, las impresionantes playas de Los Locos y La Tablía. Esta combinación de mar y acantilado lo ha convertido en un destino predilecto para surfistas y amantes del paisaje natural.

Suances ha servido de escenario literario en diversas ocasiones. José María Pereda ambientó allí su novela La puchera (1889), Amós de Escalante escribió Ave, Maris Stella (1877), y Elena Soriano situó en su playa más icónica su obra La playa de los Locos (1955).

Hoy, Suances combina su vocación marinera, con la pesca aún presente, con un pujante sector turístico. Alojamientos rurales, surf, gastronomía marinera y paseos frente a la ría o el Cantábrico lo convierten en uno de los pueblos más visitados de Cantabria. Su carácter costero, su historia arraigada al mar y su riqueza paisajística lo consolidan como uno de los destinos más completos del norte peninsular.

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