27.06.2022 |
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Todo va bien señora marquesa

Todo va bien señora marquesa

El presidente Sánchez ha ido a Davos a entrevistarse con cuatro máximos representantes de las mayores empresas del sector tecnológico para, aprovechando los fondos europeos, vender grandes inversiones, ofrecer España como destino de plantas de producción de microprocesadores y abrir así un futuro decisivo en el que hoy pintamos poco. Reindustrializar España es una buena iniciativa y si no lo hacemos, seguiremos siendo un país de turismo y servicios.

Dicen los que estaban allí que Sánchez irradiaba optimismo, aunque sus interlocutores, y también los empresarios españoles, eran mucho más moderados. Al mismo tiempo, en ausencia de Sánchez, la vicepresidenta Calviño presidía el Consejo de ministros, en lugar de acudir a la reunión del ECOFIN, la cumbre de ministros de Finanzas, que le tocaba presidir. Dicen las malas lenguas que no fue a Bruselas para evitar que fuera Yolanda Díaz la que presidiera la reunión del gabinete. Como diría Gila, "alguien no se fía de alguien".

Hay una vieja canción francesa que cuenta los problemas de una familia de la aristocracia cuando la marquesa está ausente por unos días. Primero, le informan que su yegua favorita ha muerto quemada en el establo. Pero el mayordomo le dice que, a pesar de eso, todo va bien. Luego le explica que el establo ardió porque el castillo se incendió. Pero todo va bien, señora marquesa, insiste el mayordomo. Más tarde añade que, al enterarse de la ruina que se avecinaba, el marques se suicidó. "Aparte de eso, señora marquesa, todo va bien, muy bien, muy bien", termina la canción. Lo mismo nos pasa a nosotros.

España cerró 2021 con un déficit en las cuentas públicas de 82.000 millones, casi el 7% del PIB, equivalente a las tres cuartas partes de lo que se recaudó por IRPF. Y Europa, que va a ser flexible con la reducción del déficit público por la pandemia y la guerra en Ucrania, ha reclamado a España que contenga el gasto público. Pero va a ser difícil por muchas razones: la subida de las pensiones, vinculadas al IPC, supondrá un total de 10.000 millones más. Y la de los sueldos de los funcionarios, otro monto importante, con conflictividad añadida.

Si a eso se suma la oferta pública de empleo de 45.000 plazas -engordar más la Administración sin apoyar la creación de empleo en el sector privado- el margen que queda para los Presupuestos del 2023, con los socios de gobierno y de legislatura exigiendo más y poniendo palos en las ruedas, es muy exiguo. Tenemos ya un 20% más de funcionarios que con Rajoy y un absentismo galopante que nos cuesta 20.000 millones de euros al año. "La diferencia ya no es entre ricos y pobres sino entre trabajar para el Estado o no" ha dicho un experto.

La deuda pública española se acerca inexorablemente a 1,5 billones de euros y financiarla nos cuesta casi 32.000 millones anuales con tipos de interés nulos o negativos. También eso está cambiando. Y el Banco Central Europeo va a dejar de comprar deuda pública de los Estados. Cada día que pasa, las previsiones que hizo el Gobierno de ingresos y gastos para este año y para el que viene, no es que se reduzca, se desmorona. La gestión de los fondos europeos es tan opaca que es imposible saber quién los recibe, en qué se aplican y que resultados dan.

La inflación está disparada y da miedo que la vicepresidenta económica, emulando a Fernando Simón, diga que a finales de año estará en el 2%. Un cuarenta por ciento de nuestros salarios se van en impuestos y cotizaciones sociales y nos anuncian subidas de impuestos en 2023. Las ayudas a los más desfavorecidos no llegan. Y el PSOE quiere financiar su campaña electoral andaluza pidiendo dinero a los ciudadanos con un interés del 2,5 por ciento. Y en lugar de hablar de todo esto, ya ven ustedes de qué va la política oficial. "Todo va bien, señor presidente, todo va muy bien, muy bien".

Todo va bien señora marquesa
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