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El Diario de Cantabria

El PSOE que yo conocí, y este

El PSOE que yo conocí, y este

El PSOE que yo conocí, y sobre el que tanto escribí, estaba más cerca en el tiempo de Nicolas Redondo Urbieta que de su hijo, ahora portada en los periódicos por haber sido expulsado del partido que fundó Pablo Iglesias (Posse, naturalmente) hace 144 años. Tiene razón Felipe González, aunque haya irritado, me consta, a la Ejecutiva del partido cuando dice que, al fin y al cabo, Redondo (padre) le montó una huelga general de todos los diablos y ni se le ocurrió expulsarle. Y podía haberlo hecho, porque entonces la UGT era una especie de correa de transmisión del PSOE. Tiempos muy distintos, muy distantes, que hacen que toda una 'vieja guardia', que prestó importantes servicios a la nación, se pregunte ahora, quizá más escéptica que irritada: ¿hacia dónde vamos, Pedro?

Tengo la impresión de que en la semana que entra, cuando se presentará en Madrid el último libro de Alfonso Guerra, quien, plenamente reconciliado con él, parece, tendrá a González a su lado, asistiremos a una nueva andanada de misiles desde los ex hacia el Ejecutivo que encabeza Sánchez, francamente aborrecido por ellos. Pero Sánchez controla a la militancia, a 'las bases' (al menos, a tenor de las dos últimas elecciones primarias, que ganó), frente a las que fueron las antiguas 'cúpulas', y bien que lo demostró cuando, en 2017, barrió literalmente del campo de juego a Susana Díaz, la candidata 'oficial' a la secretaria general, hoy en un creo que irrecuperable ostracismo político.

El 'caso Redondo' es el último episodio de lo que yo creo que es una serie de errores cometidos por Ferraz con la complicidad de La Moncloa, o más bien viceversa. El PSOE está perdiendo el norte, incluso como eficaz arma propagandística: el 'asunto Puigdemont' , con las exigencias inconstitucionales que el fugado de Waterloo pretende que cumpla el Gobierno a cambio de su 'sí' a la investidura de Sánchez, esté tensando muchas cuerdas internas (de las externas ya ni hablamos, claro) y está partiendo por la mitad, como nunca desde los tiempos de Prieto y Largo Caballero, o los de Suresnes con Rodolfo Llopis, a la formación política con más historia y laureles democráticos a lo largo de casi siglo y medio.

Que dos ex secretarios generales, un ex vicesecretario general, varios ex ministros, se hayan pronunciado en contra de la deriva del 'sanchismo' (conste que no lo utilizo peyorativamente), y que puede que lo hagan varios miembros más de los gobiernos de González y de Zapatero (no él, desde luego), debería hacer reflexionar a quien pueda y deba hacerlo: la investidura NO vale una fractura y es mucho mejor ir a una nueva convocatoria electoral, que el PSOE podría ganar anunciando una variación de sus políticas, que hacer añicos la historia del partido, a manos de unos dóciles ejecutores de órdenes 'de arriba', cuando en la cima claramente se está perdiendo la cabeza.

La sociedad civil es, por naturaleza, pastueña y carga con lo que le echen, hasta que llega el estallido final. Me temo que esta vez, aunque se hayan superado situaciones muy conflictivas, aunque una parte considerable de la ciudadanía dormite, ajena a las líneas rojas que pisan continuamente sus representantes, estamos crecientemente cerca de ese estallido final. Piense Sánchez en el PS francés, o el PSI italiano, o en el PASOK griego, por citar apenas los tres ejemplos más descollantes. Creo que España no puede permitirse el lujo de que su formación más histórica quede en algo peor que la irrelevancia: con su historia sumida en el rencor. Ni Sánchez, que ahora preside la bastante irrelevante Internacional Socialista, puede alentar un espíritu de confrontación que acabará destrozándole.

Hora es de dar un giro considerable al volante, porque, hay que advertírselo una y otra vez, esto no puede seguir así. Y conste que lo de Redondo junior es, para mí, una anécdota casi menor, un síntoma más, en el conjunto de errores, de fondo y de forma, que se están cometiendo.

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