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El Diario de Cantabria

Muy contentos están los socialistas

Muy contentos están los socialistas

Muy contentos, ha dicho Santos Cerdán, que están los socialistas. Lo ha dicho desde Bruselas tras la firma del acuerdo político con Junts. Su gesto no reflejaba alegría alguna y no es para menos porque el que será presidente del Gobierno de España ha quedado en manos de Puigdemont, que ha condicionado la estabilidad de la legislatura al cumplimiento del acuerdo político.

El primer triunfo de Junts es que no se trata de un acuerdo de legislatura, sino de investidura y a partir de ahí la llave de la agenda política y legislativa queda en manos de quienes ha conseguido, nada menos, que una amnistía que abarca 11 años y que va más allá de los directamente implicados en el 'procés'. Conceder la ley de amnistía no es comparable a ninguna otra cesión que se pueda hacer. Es decir que nada ha ocurrido y es una manifestación obvia de una evidente desigualdad de los españoles. Conseguir la impunidad es, en sí mismo, un trofeo del que Junts puede sentirse satisfecho. En la piel de Puigdemont yo estaría feliz.

Me cuesta entender esa supuesta alegría de los socialistas. Somos muchos los españoles que sin salir a la calle vemos el panorama con tristeza. Es triste que el Gobierno de España acepte un vigilante ajeno al propio Ejecutivo para que verifique y controle el avance de los acuerdos. ¿De cuando acá un país democrático tiene que aceptar su gobierno se someta a un verificador?

Es triste que por alcanzar el poder se vaya a producir un evidente escarnio fiscal que afectará y soliviantará y con razón a otras comunidades autónomas y es triste, muy triste, ver como aquellos que pusieron en serio riesgo la convivencia en España, con acciones delictivas por medio, hoy sean protagonistas privilegiados de la vida política. Y es muy triste pensar que haya aún socialistas que piensen que los españoles, o buena parte de ellos, vean en este acuerdo una decisión épica, generosa, altruista cuando el motor de este acuerdo es la necesidad de siete votos que quienes los dan se han sentido fuertes manteniendo en vilo y manejando los tiempos a su antojo. No me gusta ni quiero que el Presidente de mi Gobierno se someta a lo que va a ser una permanente estrategia de presión y tensión. Puigdemont tiene en su mano la legislatura y esto, se mire como se mire, no es serio.

Siendo esto así y teniendo en cuenta los antecedentes, el hecho de que se hagan constar las discrepancias entre los firmantes no es garantía de nada. ¿No decía Sánchez que no habría amnistía? ¿No decía que lo ocurrido en Cataluña era un delito flagrante que luego hizo desaparecer del código penal? No hay garantía alguna de que de una u otra manera veamos en Cataluña un referéndum que se llamará de otra manera porque o lo hay o se acaba la legislatura.

No van a faltar quienes vean en el documento avances importantes y un mero listado de discrepancias. Que no se engañen. Es mucho más que eso y los firmantes lo saben. Y muchos españoles también.

Para quienes huimos de los radicalismos, de los insultos, por supuesto de la violencia en cualquiera de sus formas y abogamos por la moderación, por no ver en el otro a un enemigo sino a un adversario y os gustaría una España centrada, moderadas, respetuosa con las minorías pero sin imposiciones de estas, hoy no es un día alegre. España no se va a romper y es un país, un gran país, que no merece que el independentismo más radical tenga la llave de la política.

Muy contentos están los socialistas
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