27.06.2022 |
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Los polígonos eólicos en Cantabria

COLECTIVOS FIRMANTES: - Plataforma Comarcal por la Defensa del Territorio Sur de Cantabria y Montaña Palentina - Plataforma para la Defensa de los Valles Pasiegos - No Eólicos Cantabria Centro - Malos Vientos Luena - Eólicos Así No Campoo de Yuso - Buenos Vientos Pisueña - Plataforma Vecinal de Arredondo

El Escudo, Soba y zonas del Besaya y Campoo-Los Valles, áreas en las que se podrían permitir parques eólicos

Parque eólico de Soba. / ALERTA
Parque eólico de Soba. / ALERTA
Los polígonos eólicos en Cantabria
El martes 12 de abril, el Consejero de Obras Públicas, Ordenación del Territorio y Urbanismo, José Luis Gochicoa, dio a conocer en el Parlamento de Cantabria el mapa que delimitará los territorios excluidos para el desarrollo de proyectos de energía eólica en Cantabria. Este documento, que pretende ser un instrumento de planificación como lo fue el antiguo concurso eólico anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria hace diez años, se ha creado sin participación pública, pero parece que sí ha contado con la intervención de las empresas energéticas, tal y como dieron a entender los representantes de la empresa promotora del proyecto eólico del Escudo en un desayuno informativo celebrado el pasado 8 de marzo.

Este mapa de exclusión eólica -que bien podría llamarse mapa de condena eólica- es otra bomba de humo, que no puede tener validez alguna ya que no tiene una normativa asociada que lo respalde. No es casualidad que después de definir las zonas de exclusión, aplicando para ello unos criterios a la carta para las empresas, queden como zonas aptas para la construcción de polígonos eólicos las que ya se encuentran afectadas por las presentes solicitudes en tramitación, salvo alguna excepción. Con la presentación de este mapa, se intenta desmovilizar y persuadir a la ciudadanía coloreando la superficie excluida -que incluye zonas tan evidentes como ciudades, carreteras, embalses, parques naturales, etc- en lugar de las zonas aptas, ya que así llama mucho más la atención.

El resultado es que la mayoría de las sierras de Cantabria quedarían ocupadas por macro polígonos industriales eólicos. Además, se ha elaborado obviando las mociones aprobadas por los ayuntamientos -el último de ellos en sumarse ha sido Vega de Pas en fechas recientes. Son las empresas promotoras las que están haciendo la selección de emplazamientos, no solo por la disponibilidad del recurso eólico, sino también en base al menor coste del suelo y a la menor resistencia social. Estos proyectos, al igual que sucede con las macro granjas de cerdos, los macro vertederos o el fracking, se presentan mayoritariamente en el medio rural, un territorio muy sensible a estos macroproyectos por razones medioambientales, paisajísticas, culturales y patrimoniales, y por motivos de salud y bienestar de los habitantes de estas zonas afectadas, definidas por los planes de transición energética como zonas de sacrificio. Un territorio cuyo tejido socioeconómico está sustentado en actividades tradicionales que están ligadas al uso de la tierra y del paisaje, como la agricultura, la ganadería y el turismo rural, cuyo desarrollo se vería gravemente amenazado como ya ha sucedido en otros territorios del Estado. Las empresas promotoras, con la colaboración del Gobierno de Cantabria, están promoviendo los polígonos eólicos como un motor de crecimiento económico y de prosperidad, exagerando los efectos económicos positivos que esta actividad dejaría en las zonas rurales, e ignorando los costes financieros y la pérdida de calidad de vida que asumen sus habitantes de manera particular. Las pedanías del Valle de Luena, que se encuentran próximas a los polígonos eólicos del norte de Burgos, han votado por unanimidad que no ceden su terreno para la construcción de los proyectos eólicos. Quienes ya saben lo que es convivir con estas instalaciones industriales rechazan los proyectos a pesar de que ahora podrían recibir los ingresos que antes no recibían. Si realmente estos proyectos fueran tan buenos, no se presentarían en las zonas rurales.

La promesa de riqueza fácil y abundante no es más que un canto de sirenas. Nos ponen como ejemplo el municipio de Soba, donde se encuentra el único polígono eólico construido en Cantabria hasta ahora. Pero hay diferencias notables con los actuales proyectos y la realidad es bien distinta a la que nos presentan. Los aerogeneradores del polígono eólico de Cañoneras alcanzan 70 metros de altura frente a los 150 y 200 metros de los que ahora se proyectan, y están a casi cuatro kilómetros del pueblo más cercano frente a los escasos mil metros de los actuales.

Después de quince años, Soba es el municipio de Cantabria con menor renta bruta y su censo de población sigue el mismo ritmo descendente que tenía antes de la construcción del polígono eólico. Y lo mismo ocurre en los municipios de la comarca de Las Merindades, en el norte de Burgos, donde el desarrollo de estos proyectos no ha supuesto más riqueza y empleo para la zona, y donde la tendencia de despoblación se ha mantenido, e incluso acentuado. La mejor forma de luchar contra la despoblación y de generar empleo estable en los entornos rurales es devolver a los territorios los servicios sociales que nunca debieron perderse y promover el uso respetuoso de la tierra y la conservación de la biodiversidad, junto a los recursos naturales, culturales y paisajísticos que son estos los verdaderos motores económicos de las comarcas rurales.

El paisaje es la interacción de la gente del territorio con su entorno natural. Al destrozar el paisaje no sólo se ataca a la biodiversidad, también se está atacando a un marco cultural, a una forma de vida arraigada en el territorio que ya nunca más volvería a verse reconocida como parte de ese paisaje. Los polígonos eólicos previstos en Cantabria no tienen como objetivo disminuir la dependencia energética de la comunidad, un argumento comodín muy recurrente que ya escuchamos en Cantabria hace cuarenta años cuando se presentó el proyecto para construir una central nuclear en Santillán, y más recientemente con el fracking. Alemania quiere hidrógeno, pero necesita electricidad para generarlo. Parece que la generosidad con España en los fondos Next Generation es en gran parte para construir grandes polígonos eólicos y fotovoltaicos a cambio de solidaridad con el norte de Europa. Así dio a entender la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tras una reunión con el Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, destacando el “importante papel de España para el suministro de energía a Europa”.

Ahora se pide que sean solidarios municipios como Campoo de Yuso y San Miguel de Aguayo, cuyas mejores tierras, las más fértiles, se encuentran bajo las aguas de los embalses del Ebro y del Alsa. Pero no es suficiente, también quieren sus montes. ¿Acabarán siendo Cantabria y otros territorios del Estado una colonia energética de los países del norte de Europa? Estamos a favor de las energías renovables, pero no del planteamiento que se está presentando para su aprovechamiento basado en la construcción de grandes polígonos eólicos, y también fotovoltaicos. Existen otros modelos de generación distribuida y de consumo local que no han sido contemplados, modelos acompañados de políticas de reducción del consumo y mejora de la eficiencia energética. Los que nos han llevado al desastre climático ahora se visten de verde para hacerse un lavado de cara y colonizar la España vaciada. Esta transición energética es en realidad una forma de mantener los intereses del oligopolio energético y los fondos de inversión. Estos proyectos no son renovables, son la base de otro pelotazo con dinero y patrimonio público. No cambia nada, solo cambia la tecnología, pero se mantiene el esquema del consumo excesivo en las ciudades y zonas industriales a costa de afectar ecosistemas y comunidades en las zonas rurales. No se puede sacrificar al medio rural de Cantabria para que se enriquezcan unas empresas privadas que usurpan la tierra.

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