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El Diario de Cantabria

El Estado recula en el sur

Varios guardias civiles llevan el féretro a la Catedral de Pamplona durante el funeral de uno de los guardias civiles fallecidos en Barbate. EP / Eduardo Sanz
Varios guardias civiles llevan el féretro a la Catedral de Pamplona durante el funeral de uno de los guardias civiles fallecidos en Barbate. EP / Eduardo Sanz
El Estado recula en el sur

La escandalosa desproporción de recursos entre narcotraficantes y guardias civiles en las lindes marítimas con Marruecos me trae a la memoria el desenfadado dicho medieval sobre la lucha de moros y cristianos a orillas del Duero: "Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos, pues Dios ayuda a los malos cuando son más que los buenos".

La moraleja de lo ocurrido el viernes por la noche en el puerto de Barbate es devastadora. Los malos son más y mejores que los buenos. Y lo que es peor, cuentan con un enjambre de simpatizantes que les jalean mientras asesinan a dos agentes del orden encargados de impedir el tráfico de drogas para proteger la salud de los españoles.

Mal vamos si la opinión pública compra la idea de que en ese territorio ha desaparecido la autoridad del Estado por falta de medios para ejercerla. Si Hobbes levantara la cabeza tendría que poner al Campo de Gibraltar como ejemplo de que su "leviatán" se acaba de pasear cautivo y desarmado por Barbate. Hablo del derecho del pueblo soberano a usar la violencia legal contra la minoría insumisa en nombre de la mayoría cumplidora. Pero el pasado fin de semana vimos algo parecido a la claudicación televisada del Estado frente a unas arrogantes bandas criminales.

El asunto es de mayor cuantía. Y no se resuelve con la dimisión del ministro del Interior o una ruidosa sesión parlamentaria con unos a favor de Marlaska y otros en contra (el PP pretende su reprobación en ambas Cámaras). No hace falta nada de eso para culpar sin rodeos al Ejecutivo de que las impotentes patrulleras de la Guardia Civil duerman averiadas en una nave-trastero mientras las potentes narcolanchas juegan a convertir la desigualdad de fuerzas en un circo.

Dicho sea lo anterior en el terreno de lo tangible. Pero peor aún es la inmoralidad de un Gobierno insensible al luto por el asesinato de dos servidores públicos:

Los guardias civiles David Pérez y Miguel Ángel González murieron a bordo de una zodiac de 5 metros por la deliberada embestida de una narcolancha tres veces más grande y diez veces más pesada. Pero veinticuatro horas después el Gobierno siguió considerando que su presencia en la Gala de los Goya era más importante que representar al Estado en alguna forma de duelo, compasión y solidaridad con las familias de las víctimas.

En la gran cumbre vallisoletana del cine español, con asistencia del presidente Sánchez, una vicepresidenta y algunos ministros, hubo ruidosos minutos de exaltación feminista y exhibicionismo moral por la guerra de Gaza. Me parece bien. Pero ni un solo minuto de silencio compasivo en memoria de dos servidores del Estado muertos solo veinticuatro horas antes. Y eso me pareció mal.

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