El colegio que cambió la historia de Torrelavega: 100 años de educación, justicia y progreso
Fundado en 1922 por la congregación de los Sagrados Corazones, el Colegio de Nuestra Señora de la Paz en Torrelavega marcó un antes y un después en el acceso a la educación en Cantabria
En el corazón de Torrelavega, la historia de la educación moderna lleva impreso un nombre que resuena con fuerza desde hace más de un siglo: el Colegio de Nuestra Señora de la Paz. Fundado en 1922 por la congregación de los Sagrados Corazones, el centro se convirtió desde su inicio en una institución clave para el progreso educativo y cultural de la ciudad.
Aunque el Colegio de los Sagrados Corazones ya había iniciado su actividad en 1881, sería cuatro décadas después cuando, gracias al impulso de figuras como Dolores Velo Cabrero, el doctor Gregorio Martín Blanco y el entonces párroco Ceferino Calderón, Torrelavega daría un paso decisivo: abrir un colegio accesible también para los hijos de familias humildes. A través de una generosa donación de mil duros, se fundó un centro de Segunda Enseñanza, como se denominaba entonces, con un espíritu incluyente que marcaría su identidad.
De noble palacete a centro educativo de referencia
La historia del colegio comenzó en un noble palacete de la calle Julián Ceballos, conocido como La Pizarra, adquirido por la congregación. Desde allí, y hasta que se pudieron construir las nuevas instalaciones en la calle Argumosa, el colegio funcionó como un faro de enseñanza para decenas de alumnos, entre ellos muchos internos, gracias a un modelo mixto de gratuidad para las familias sin recursos y pago simbólico para quienes podían permitírselo.
El 18 de septiembre de 1923, Torrelavega vivió un hito: el inicio de las clases para un centenar de alumnos, con la asistencia del arzobispo de Burgos y en presencia del padre Calderón, figura fundamental en esta empresa educativa. A pesar de que el nuevo edificio no se inauguraría oficialmente hasta el 2 de mayo de 1924, el impacto fue inmediato.
Educación, justicia social y excelencia formativa
Uno de los pilares del Colegio de la Paz fue su compromiso de garantizar la educación a los hijos de las familias con menos recursos, sin que esto supusiera renunciar a la calidad educativa. De hecho, desde sus inicios el centro compaginó actividades religiosas con formación académica rigurosa, y muchos de sus antiguos alumnos accedieron a estudios superiores con excelentes calificaciones.
En 1932, coincidiendo con la creación del Instituto Marqués de Santillana, el colegio permitió que sus clases se utilizasen también como sede del nuevo instituto, reflejo del impacto educativo del centro en toda la comarca.
Ya en 1967, el colegio se trasladaría a su actual ubicación, los antiguos terrenos de La Pascua, que serían acondicionados para albergar un centro moderno con instalaciones deportivas, aulas especializadas y una oferta educativa integral. Desde entonces, el Colegio de la Paz ha continuado consolidando su reputación como referente educativo en Cantabria, combinando valores humanistas con excelencia pedagógica.

