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Lo llaman la “Costa del Sabor”: descubre los 9 pueblos cántabros donde mejor se come

Te llevamos por nueve destinos donde el mar, la tradición y la buena mesa se dan la mano en cada plato
Un plato de rabas en un restaurante. / A.S.
Un plato de rabas en un restaurante. / A.S.

La costa de Cantabria ofrece un banquete para los sentidos. Desde villas marineras con siglos de tradición hasta destinos turísticos que han hecho de la gastronomía su mejor carta de presentación, recorrer estos pueblos es una experiencia culinaria que aúna el sabor del mar, la riqueza de la tierra y el saber hacer de generaciones enteras. Te presentamos los nueve pueblos costeros donde mejor se come en Cantabria, en un itinerario de sabores auténticos, productos frescos y recetas con alma.

1. Comillas: tradición, vanguardia y sabor montañés

Además de su impresionante patrimonio arquitectónico, Comillas es un referente gastronómico. Aquí, el cocido montañés alcanza niveles de excelencia en lugares como Casa Cofiño, un clásico con sabor a historia. Para los que buscan una experiencia más sofisticada, los arroces caldosos de bogavante del restaurante Adolfo son una parada imprescindible. Y para los amantes del tapeo clásico, el Gurea sigue triunfando con rabas, almejas a la marinera y bocartes fritos. Comillas es una combinación perfecta de elegancia y cocina tradicional.

2. Santoña: el templo de la anchoa

Hablar de Santoña es hablar de anchoas. En esta villa marinera, la industria conservera ha elevado a este producto a la categoría de arte. Casas como Sanfilippo, Angelachu o Revilla representan lo mejor de esta tradición. Entre los bares imprescindibles, destacan La Mutua Anchoateca y la Taberna de Alberto, donde las anchoas brillan en múltiples versiones. Pero Santoña ofrece mucho más: pescados frescos, mariscos y un ambiente marinero genuino.

3. Noja: la capital de la nécora

Noja es sinónimo de marisco, y en especial de nécoras, producto estrella del municipio y protagonista de su famosa cofradía gastronómica. Restaurantes como Mijedo, Ciaboga o La Económica ofrecen versiones tradicionales y reinterpretadas de este crustáceo, destacando el trabajo del chef Javi Ruiz, que fusiona innovación y raíces. Noja también es el lugar perfecto para disfrutar de su paisaje costero mientras se saborean pescados a la plancha y arroces marineros.

4. Isla: langosta, huerta y equilibrio atlántico

A solo un paso de Noja, Isla brilla con luz propia gracias a su excelente marisco. La Posada de la Isla y el restaurante del Hotel Astuy son templos de la langosta, servida con una frescura que impresiona. Pero Isla también mira a la tierra: en el restaurante La Chata, el bacalao con pimientos asados es otro de sus grandes platos. En temporada, los productos de la huerta local, como tomates y pimientos, se incorporan con naturalidad a una cocina que respeta el ciclo del campo y del mar.

5. Suances: entre olas y fogones

Suances ha ganado fama como destino surfero, pero su gastronomía no se queda atrás. En Emma, el chef Carlos Arias mezcla tradición cántabra con toques internacionales, proponiendo menús donde las rabas, almejas a la marinera y tacos de cochinita pibil conviven con armonía. Para los más clásicos, La Dársena ofrece mariscos y pescados del día que nunca defraudan. Comer en Suances es saborear la evolución de una villa pesquera con alma cosmopolita.

6. San Vicente de la Barquera: el arte de la cuchara marinera

San Vicente es la patria del sorropotún, un guiso de bonito que trasciende la marmita y se convierte en identidad local. Lugares como Casa Augusto o Las Redes sirven pescados y mariscos a la plancha que respetan el sabor natural del producto. En el Boga-Boga, las albóndigas de verdel son un secreto a voces. San Vicente conjuga mar, monte y tradición en platos sabrosos y llenos de historia.

7. Laredo: entre vacas, anchoas y respigos

Laredo es uno de los lugares donde mejor se entiende la fusión entre mar y montaña. En El Túnel o el Asador Puertochico, la carne de tudanca se sirve con maestría, mientras que en el restaurante Antídoto, los chefs Álvaro Velasco y Mónica Quijano apuestan por la creatividad y el producto local en un formato bistró contemporáneo. No hay que olvidar los respigos, esas humildes hojas de nabo invernales que en Laredo se cocinan con orgullo.

8. Ribamontán al Mar: cocina con raíces y horizonte costero

En este municipio costero, locales como Pan de Cuco o La Torre by Marañón, en Galizano, apuestan por la gastronomía de proximidad, con productos de pequeños proveedores y platos llenos de identidad. El chef Javier Marañón sorprende con recetas que reinventan los sabores tradicionales desde una mirada creativa. Ideal para quienes buscan cocina contemporánea sin perder el alma cántabra.

9. Ruiloba: el viñedo junto al mar

Poco conocida por su gastronomía, Ruiloba empieza a destacar por su papel en la nueva viticultura cántabra. En la Bodega Miradorio, se cultivan variedades como albariño, godello o riesling adaptadas al clima atlántico. Visitar este enclave es disfrutar de catas, viñedos y paisajes únicos, complementados con una gastronomía local donde el pescado y las conservas caseras se integran con naturalidad.

Cantabria presume de una gastronomía que bebe de la tradición pesquera, de la riqueza ganadera y de una despensa natural privilegiada. Desde las anchoas de Santoña hasta las langostas de Isla, pasando por los vinos de Ruiloba, estos nueve pueblos costeros no solo ofrecen paisajes inolvidables, sino también experiencias culinarias únicas que invitan a descubrir la región desde la mesa.

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