¿Sabías que Torrelavega nació aquí? El templo milenario que lo guarda todo
En la falda del Pico Dobra, entre senderos, pastos y la huella silenciosa de generaciones pasadas, se alza la Iglesia de San Blas de La Montaña, considerada el templo más antiguo del municipio de Torrelavega.
Pocos lugares del entorno conservan con tanta dignidad el paso del tiempo: muros que hablan, sillares que sostienen siglos, un pórtico que fue foro comunal y un cementerio que sigue acogiendo el sueño de los que partieron. Esta iglesia no es solo un edificio: es la raíz histórica de una comunidad que aún respira en torno a su atrio.
Origen medieval: Santa María en la alta Edad Media
Los primeros documentos que hablan del templo lo hacen bajo otra advocación. Ya en el siglo IX, se tiene constancia escrita de su existencia como la Iglesia de Santa María de La Montaña, lo que la convierte en uno de los primeros espacios cristianos documentados en la actual Cantabria central tras la repoblación altomedieval.
Este origen temprano, vinculado posiblemente a una pequeña comunidad monástica o a núcleos rurales organizados bajo el sistema de concejo, se mantiene hoy en los restos arquitectónicos que sobreviven, como el arco de herradura de la portada o el ábside cuadrado con canecillos.
Una advocación doble: Santa María y San Blas
A partir del siglo XVI, el templo adopta un segundo patrón: San Blas, obispo mártir de Sebaste, protector de enfermedades de garganta y figura popular en toda la España rural. En 1537, aparece por primera vez mencionado como San Blas de La Montaña, aunque conserva la advocación original a Santa María en muchos documentos eclesiásticos.
Desde entonces, el edificio se conoce como la Iglesia de Santa María y San Blas, hasta que finalmente adopta el nombre con el que hoy lo identifica el vecindario: Iglesia Parroquial de San Blas de La Montaña.
Un templo gótico con alma medieval
Aunque la estructura visible actual corresponde en gran parte al estilo gótico rural del siglo XVI, la iglesia conserva elementos arquitectónicos de época anterior, como demuestra su portada con arco de herradura ligeramente apuntado, las jambas abiseladas y los muros de sillarejo irregular.
El edificio combina piedra cuidadosamente labrada con mampostería más rudimentaria, lo que evidencia distintas fases de construcción y reforma. El ábside cuadrado, con contrafuertes diagonales y cubierta de canecillos, es uno de los elementos más antiguos y se encuentra bien conservado.
Una importante restauración realizada en 2007 permitió reabrir y consolidar el pórtico, espacio de gran valor simbólico y comunitario.
El pórtico: más que arquitectura, un concejo al aire libre
En la Alta Edad Media, el pórtico o atrio no era solo un lugar de paso: era un espacio clave para la vida comunitaria.
Allí se reunían los vecinos en concejo abierto, tomaban decisiones sobre el uso de montes comunales, turnos del molino, cosechas, y disputas menores. Bajo la protección simbólica del templo, se ejercía una forma de democracia vecinal directa.
La recuperación de este pórtico en piedra y madera noble no solo es un logro patrimonial, sino también una restitución de la memoria colectiva del pueblo.
Cementerio: el sueño que espera la resurrección
Anexo al templo se encuentra el cementerio parroquial, dividido en dos plataformas a distinta altura, unidas por una escalera interior. Su disposición escalonada y adosada al templo sigue una tradición ancestral: los cuerpos descansan cerca de la iglesia, en tierra consagrada, bajo la vigilancia de los santos.
El término koimetérion, de origen griego, significa “dormitorio”, y alude a la creencia cristiana de que los difuntos descansan en espera del Día del Juicio. Esta visión espiritual del cementerio sigue viva en La Montaña.
El lavadero: la otra piedra sagrada del pueblo
A pocos metros del templo se encuentra otra joya etnográfica: el lavadero de La Montaña, restaurado en 2011 por el Ayuntamiento de Torrelavega. Antes de la llegada del agua corriente, este era el centro social de las mujeres del pueblo, donde se lavaba la ropa y se compartían noticias, problemas, recetas y rezos.
Las aguas, que proceden de los manantiales del Pico Dobra, daban vida al abrevadero, la fuente y el lavadero: fuentes de limpieza, de agua… y de comunidad.
Un templo que guarda el alma de Torrelavega
La Iglesia de San Blas de La Montaña es mucho más que un edificio religioso: es un testigo de la historia viva de Torrelavega, una página de piedra escrita con siglos, y el núcleo desde el que nació la identidad de un municipio entero.
Cada canecillo, cada arco, cada escalón hacia el cementerio o el lavadero cuenta una historia que merece ser recordada, protegida y transmitida. Y en tiempos de cambios rápidos, saber que el templo más antiguo de Torrelavega sigue en pie, rezando en silencio por todos, **es también un acto de fe en la permanencia de lo esencial.