06.07.2022 |
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R. MURCIA 1-0 RAYO CANT.

Un mal inicio condena al Rayo

El filial del Racing quedó apeado de la lucha por el ascenso al caer por la mínima contra el Murcia | El gol, que fue una sucesión de fatalidades, llegó a los siete minutos | El equipo cántabro no apareció hasta el quince

Juan Gutiérrez, frenando el avance de un atacante murcianista. / real murcia
Juan Gutiérrez, frenando el avance de un atacante murcianista. / real murcia
Un mal inicio condena al Rayo

El Rayo Cantabria no fue peor que el Murcia pero perdió por culpa de un solitario accidente sufrido en unos minutos de desorientanción, en un inicio de encuentro al que el filial verdiblanco no se presentó. Se perdió entre la niebla y lo pagó caro, con un gol cargado de fatalidad a los siete minutos que no fue capaz de igualar a pesar de contar con tres buenas oportunidades para ello. Se fue de Alicante con la cabeza alta y habiendo jugado de tú a tú a su poderoso rival y por momentos siendo y siendo incluso mejor que él durante buena parte de lo que sucedió a partir del cuarto de hora de encuentro, pero lo decisivo sucedió antes. En un playoff no vale con dar la cara 75 minutos, sino que hay que hacerlo durante más de noventa.

Lo peor de todo, lo que reforzó la sensación de marcharse con la idea de no haber sido peor, fue que, para colmo, el gol que lo decidió todo fue una sucesión de calamidades. Es cierto que el Murcia parecía estar devorando en esos minutos iniciales al Rayo, pero el gol en sí fue un golpe de fortuna para el equipo vestido de rojo. Para empezar, el centro de Pablo Ganet, que hizo trabajar de lo lindo a Jorrín durante toda la tarde, no parecía excesivamente bueno. El extremo dejó atrás a su defensor y su pase al área golpeó en Diego Campo, que estaba en segundo término por si al atacante se le ocurría internarse en el área. Eso ayudó a que el balón llegara a los dominios del hombre más peligroso de todos, del único a quien no podía llegar, un Andrés Carrasco en estado de gracia que marca goles hasta sin querer.

Ayer no es que no quisiera. Lo deseaba con toda su alma, pero le dio tiempo a controlar el esférico en la frontal del área pequeña gracias a que Juan Gutiérrez sufrió un pequeño resbalón que le hizo llegar tarde. Para colmo, cuando éste ya iba a por el ‘nueve’ de los murcianos, vio cómo su remate, que tampoco fue nada bueno, dio en sus piernas para sorprender a German y enviar el balón a la cazuela. Aquello fue todo un golpe en el mentón que es cierto que recompensó la buena puesta en escena del Murcia, pero que también puso las cosas muy cuesta arriba demasiado pronto.

Lo cierto es que el Murcia comenzó el encuentro sacando del campo al Rayo. Tenía una mayor obligación y, para colmo, había en la grada cinco mil espectadores que, por desgracia, tampoco permitieron dar un verdadero ambiente de cosa grande al partido porque esa representación vestida de rojo se queda en poco dentro de un estadio con capacidad para casi 30.000 espectadores. La mayoría de los presentes estaban en la portería en la que comenzó atacando el Murcia y eso ayudó a que el gol sonara bien fuerte. Todo le iba rodado al equipo favorito.

Le costó un cuarto de hora al Rayo aparecer en el partido, asentarse y comenzar a tocar un poco la pelota para darse cuenta de dónde estaba. Lo malo es que para entonces ya iba perdiendo y ni siquiera le valía el empate, pero logró cambiar la historia. Se sacudió ese dominio inicial del que el Murcia incluso pudo haber sacado más partido si Javi García hubiera acertado en el minuto nueve al cabecear un medido centro desde la banda derecha que le dejó solo en el segundo palo, pero se encontró con Germán. Aquello parecía un rodillo en esos instantes de encuentro pero ese ímpetu inicial no duró eternamente. El balón comenzó a ser del Rayo y apenas volvió a sufrir el conjunto cántabro en su propia área.

El equipo pilotado por Ezequiel Loza comenzó a aparecer en ataque y a merodear los dominios murcianos. Partiendo de arranques de Yeray y, sobre todo, de Iván Alonso por la izquierda, el Murcia empezó a intuir que el encuentro no iba a ser el paseo que se había intuido en los compases iniciales del mismo. Es cierto que el Rayo no hizo trabajar al portero rival, pero puso una pica en el medio campo y empezó a hacer correr a su oponente, que dejó de encontrar a su gente de arriba. Lo malo es que esto tuvo su precio, ya que los dos centrales del filial santanderino, Mirapeix y Juan, se fueron al descanso ya con una amarilla cada uno. No fue esto una cuestión menor, ya que, ya en la segunda parte, el árbitro perdonó la segunda amonestación al primero y se la sacó al segundo por un agarrón cuando se le fue su par por mucho que su compañero estuviera siguiendo la jugada. Eso dejó con diez al Rayo el último cuarto de hora. Más difícil todavía por mucho que para entonces aún siguiera el encuentro 1-0. Todavía quedaba mucha leña que cortar.

La mayor presencia e incluso dominio rayista a partir del cuarto de hora apenas se tradujo en ocasiones claras hasta el ecuador del envite. Fue más una sensación que una realidad, pero lo cierto fue que había empezado a incomodar al Murcia. Y cerca estuvo de haber conseguido igualar de nuevo la contienda antes incluso del descanso, cuando el reloj ya marcaba el minuto 46. En ese momento, Iván Alonso filtró un gran pase por banda izquierda a Simón Luca, que ganó línea de fondo con potencia y fe hasta elevar la pelota hacia el corazón del área. Por allí merodeaba Delgado pero el objetivo del centro no fue él, sino un Diego Campo que se incorporó con todo desde la segunda línea. El medio centro verdiblanco apareció con voracidad, tenedor y cuchillo, pero su remate de cabeza se fue alto. Bien podía haber cambiado la historia si esa buena jugada hubiera tenido otro final.

En los primeros compases de la reanudación dio la impresión de abrirse más el partido. De pronto, aparecieron los espacios y se gustó el Rayo. No parecía el mejor guión de partido para el Murcia, pero comenzaron a pasar más cosas. Movió ficha Ezequiel Loza metiendo en el campo a Dani González y a Izan por Diego Campo e Iván Alonso, con lo que Yeray se cambió de banda. Y lo hizo, sobre todo, para dar más libertad a Simón para incorporarse al ataque. Él respondió con un par de buenas incorporaciones, pero la mejor ocasión para empatar llegó por banda derecha, donde Jorrín centro a la olla, por donde apareció Delgado adelantándose a todos para rematar con el pie a media altura en el primer palo. La acción no pudo tener mejor intención, pero la pelota se fue fuera por bien poco.

Lo cierto es que los cambios no aportaron el fruto buscado porque dio la impresión de que al ataque y a los cerebros del equipo les costó generar fuego. El balón lo tenía el Rayo, pero quienes más lo tenían eran los centrales. Curiosamente, pareció reaccionar el equipo tras la expulsión y con el toque de corneta que realizó Ezequiel Loza con sus últimos cambios, en los que decidió jugársela con la entrada de Cañizo y Gandarillas. El primero de ellos la tuvo nada más aparecer en el campo al recoger un balón que había envenenado Izan con su buen centro. Tras alejar el portero el peligro como pudo, el balón llegó al ‘nueve’, que, de semivolea, envió el cuero alto. Poco después, fue quien entró con él al encuentro quien probó fortuna con un disparo desde la frontal al que le costó coger intención.

Se acercaba el final y el Rayo seguía vivo. Eso mantuvo la incertidumbre hasta el último momento porque, además, el filial ya no se lo pensaba a la hora de ir con todo. Aquello se convirtió en una ruleta rusa que impedía al Murcia sentirse ganador de manera precipitada. Estaban los hombres de Loza con uno menos, pero tuvieron la virtud de conseguir que no se notara. Murieron con el cuchillo entre los dientes, sin hacer tampoco excesivo daño pero jugando constantemente en campo contrario. Se acabó su sueño, pero las botas seguían puestas.

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