19.10.2021 |
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AVILÉS 0-3 RACING DE SANTANDER.

Salvador Camus

El canterano desequilibró en la prórroga un mal partido del Racing en el que se mostró incapaz de generar peligro a un rival de inferior categoría que jugaba con un hombre menos  l Leioa espera en la siguiente ronda

Marco Camus fue quien más lo intentó durante todo el partido. / Hardy
Marco Camus fue quien más lo intentó durante todo el partido. / Hardy
Salvador Camus

Habrá quien se quede con el resultado, que es siempre lo único importante y que ayer no pudo estar más abultado y maquillado, pero también habrá quien esté hoy más preocupado que ayer. Porque es cierto que el Racing superó la eliminatoria y está a un solo partido de ganarse un billete para la Copa del Rey, pero el encuentro que completó ayer en Avilés es como para estar con la mosca detrás de la oreja.

Ganó gracias a un gol de Marco Camus convertido en auténtica excepción en medio de un encuentro anodino en el que el conjunto cántabro enseñó más carencias que virtudes.

Es cierto que después hubo otros dos tantos, pero aquello fue como quitar un caramelo a un bebé. Ya no había rival y si hubiera sido boxeo en lugar de fútbol el árbitro habría parado la contienda por inferioridad manifiesta. De hecho, el conjunto cántabro incluso pudo haber marcado uno o dos más, pero sólo habría servido para castigar gratuitamente a un contrincante que le llegó a hacer sentirse muy impotente.

Se presentó el equipo de Fernández Romo en tierras asturianas sin haber ganado todavía a domicilio y ayer tampoco lo hizo durante los noventa minutos reglamentarios. Si habría sido un partido de liga, se habría quedado con otro ramplón y triste punto. Necesitó la prórroga para ganar a un equipo de inferior categoría que, para colmo, jugó desde el minuto 64 con un hombre menos. Y lo peor fue que, como ya sucediera en Ferrol, no se notó. De hecho, el conjunto cántabro acabó siendo peor que en un primer tiempo que, ya de por sí, fue malo.

El Racing jugó con uno más desde el minuto 19 del segundo tiempo pero no lanzó entre palos hasta el 102, que es cuando Marco Camus, el único que parecía tener fe, calidad o simplemente gasolina para intentarlo, anotó el gol que desequilibró la contienda y libró al conjunto cántabro de haber quedado en la cuneta con una eliminación que habría significado un tremendo golpe moral para la tropa. Quizá lo mejor de todo fue que el encuentro no se televisó y la parroquia racinguista no pudo ver la preocupante actuación que pertrecharon los suyos.

Los aficionados del Racing se dejaron ver y sentir en las gradas del estadio avilesino. / Hardy14deprcing2

El gol que valió una clasificación no fue fruto de un juego elaborado, de meter al rival en su área a base de fútbol y de escribir el relato de un completo asedio. Al Racing le volvió a faltar ritmo e incluso intensidad jugando con un hombre más, como si pensara que la victoria iba a llegar sola, por pura inercia. Pero el equipo verdiblanco no la tiene. Y tampoco dio impresión de ser valiente porque su entrenador fue incapaz de alterar gran cosa sus líneas a pesar de estar jugando contra un rival de Segunda RFEF con diez que ni quería ni podía atacar. Mantuvo a los cuatro de atrás y lo único que hizo fue pasar a un 4-4-2 con Pablo Torre arrancando desde la izquierda. Y ahí el canterano es un jugador menos decisivo. De hecho, apenas se notó su aparición.

Tanto él como Íñigo entraron pocos segundos antes de la expulsión, lo que ya dio muestras de lo mal que iban las cosas jugando once contra once. Tras la cartulina roja, todo parecía a favor porque los buenos iban a entrar frescos y la generación de llegadas, ocasiones e incluso goles sólo podía ser cuestión de tiempo, pero no hubo nada. El Racing se mostró incapaz ni de llegar ni de rematar. Sólo dos córners sacó en lo que quedó de segundo tiempo. En ese momento, había un centro del campo prometedor con Bustillo e Íñigo en el centro y Pablo Torre por delante. Hasta cinco cántabros llegó a haber sobre el terreno de juego, pero el técnico acabó jugando 4-4-2 quitando al primero de los tres y a Bustos, que fue lo que llevó al de Soto de la Marina hacia la izquierda.

Por ahí había comenzado Camus pero mediado el primer tiempo pasó a la derecha. Suya fue la única ocasión de la segunda mitad tras una buena acción individual que culminó con un centro chut que se fue envenenando. Pareció una buena manera de iniciar el segundo tiempo pero no hubo más acercamientos peligrosos. Ni contra once ni contra diez. Y tampoco en la prórroga. Hasta que apareció Pablo Torre, desaparecido y oscurecido por banda, y generó una acción que provocó un despeje de la zaga local en el primer palo. El balón se dirigió directamente hacia Borja Domínguez, que estaba loco por rematar a portería, pero no lo pudo hacer porque, directamente, Camus le quitó la pelota.

Tuvo que retroceder para hacerse con el control del esférico pero tenía tan claro que el partido sólo lo podía desequilibrar él que lo hizo, se dio la vuelta, se colocó la pelota sin apenas oposición y, sorprendiendo a todos, se sacó un remate a la base del palo izquierdo del portero que fue a gol y acabó con las malas noticias. A partir de ahí, un Avilés sin gasolina para atacar lo intentó dejando unos océanos atrás que pudieron disfrutar Cedric, que entró fresco en el 82, e incluso Soko, que lo hizo tras el 0-1. Entre ambos pudieron marcar otros dos pero fue un gol en propia puerta tras una buena acción del camerunés y un perfecto lanzamiento de falta de Borja Domínguez los que terminaron por redondear la contienda.

14depracing3 Ceballos pudo ser finalmente titular esta temporada. / Hardy

Si hay algo que a buen seguro Fernández Romo no quería era llegar a la prórroga, pero no hubo más remedio. Tal y como se esperaba, el once inicial que presentó estuvo cargado de novedades. Por fin tuvo su oportunidad Diego Ceballos en el lateral derecho mientras que en el centro de la retaguardia se colocó Juan Gutiérrez junto a Pol Moreno, que fue el central que no había jugado siete días atrás ante el Arenas. En la sala de máquinas, quien se colocó junto a Fausto Tienza fue Marcos Bustillo, un futbolista que le había entrado por el ojo a su entrenador durante la pretemporada pero que en las últimas semanas se había centrado en crecer con el Rayo Cantabria. La otra gran novedad fue la apuesta por Carlos Castro en punta de ataque para dar descanso a un Cedric que había dado algún síntoma de agotamiento en las últimas fechas. El delantero asturiano estaba recién recuperado de una rotura de fibras pero Fernández Romo no dudó ni un instante en apostar por él en Avilés. Fue su primer partido como titular con la camiseta del Racing y a buen seguro que le habría gustado disfrutar de esa oportunidad en una mejor situación y no recién salido de la enfermería.

Lo cierto es que a Carlos Castro le costó entrar en juego. Era lo esperable porque incluso le había costado hacer lo propio a Cedric en las últimas apariciones racinguistas. Y es que, al conjunto cántabro le siguió costando fabricar fútbol, no disfrutó con la pelota en Avilés y echó en falta la aportación de Pablo Torre, que comenzó la contienda en el banquillo, para generar llegadas que pusieran el miedo en el cuerpo a su rival. Bastante tuvo, al menos en el primer tiempo, con sacudirse el ímpetu y el dominio inicial con el que se presentó el conjunto local al partido.

Fue un primer tiempo con más llegadas que fútbol. En apenas cinco minutos, cada uno de los equipos había disfrutado de una, pero en seguida se hizo el Avilés con el control total de la situación. Tanto es así, que fue capaz de meter al Racing en su área, de botar córners y terminar jugadas por mucho que no acabaran entre palos. Tanto es así, que el primer portero que tuvo que actuar fue Manu de Luis, que era quien guardaba la portería avilesina.

Fue a los 19 minutos de juego, después de una buena y rápida acción racinguista liderada por Diego Ceballos por banda derecha. El lateral, que estaba sufriendo en defensa hasta ese momento, no se amilanó y se fue hacia delante regalándole un centro a Manu Justo que éste remató de primeras haciendo trabajar al guardameta. De haber entrado a portería ese balón, el partido se habría convertido en ese guión fácil de fútbol de sobremesa en el que el equipo grande se pone por delante sin merecerlo y sin haber hecho méritos para ello, sólo gracias a su pegada, pero no fue así. El encuentro siguió vivo. Hasta la prórroga y más allá.

El Racing no salió a presionar a un Avilés que buscó por encima de todo las bandas para intentar hacer daño a la retaguardia cántabra. Un remate de Natalio al cuarto de hora ya fue el primer aviso mientras que, a los 24, fue Iago Díaz quien puso su firma a un duro disparo al que respondió bien Miquel Parera, que disfrutó de su tercera titularidad consecutiva bajo palos. Lo cierto es que el equipo asturiano no haría más en ataque porque el conjunto cántabro llegó mejor al descanso y el asturiano renunció a atacar tras el mismo, más aún, lógicamente, tras quedarse con diez.

En el Racing mandaba Marcos Bustillo. Se le vio con personalidad  e intención, con ganas de aprovechar la oportunidad. Se mostró dinámico, pidiéndola e incluso llegando al área rival. Suyo fue un tremendo disparo desde su casa que se marchó fuera por un palmo ante la inmovilidad del portero. Era el único que parecía querer dotar de ritmo a un juego de creación que le costaba avanzar. Buscaba las bandas y era Marco Camus quien con más voracidad se mostró gracias a un par de arrancadas que recordaron a las de una semana antes ante el Arenas.

El primer tiempo fue malo, pero el segundo fue bochornoso. El Avilés renunció ya completamente al balón y se lo quedó por entero el Racing. El problema es que, una vez más, el conjunto cántabro demostró no saber muy bien qué hacer con él. No fue capaz de generar peligro en toda la segunda parte y lo peor es que ni siquiera lo consiguió jugando con un hombre más. Esto ha pasado a ser un castigo para el conjunto cántabro y va a haber quien va a pedir jugar contra él con uno menos. Quizá lo haga el Leioa dentro de un par de semanas, que será el equipo con el que se va a jugar una clasificación para la Copa del Rey. El equipo vizcaíno, de una categoría aún más inferior que la del Avilés, ya sabe lo que es eliminar al Racing del torneo del KO. Viendo lo de ayer, no hay motivos para la confianza.

Salvador Camus
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