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El Diario de Cantabria

JUAN CARLOS VILLALBA QUINTERO

«Toda la vida le estaré agradecido a mi padre que viniera desde Cádiz a vivir a La Llama»

Nació en Cádiz, pero se siente cántabro por los cuatro costados. Atesora una trayectoria deportiva de 43 años en los que ha habido de todo, «alegrías y decepciones». Se queda con «los grandes amigos y compañeros» que ha tenido y le gustaría «devolver a los bolos todo lo que me han dado», porque «toda mi vida estaré agradecido a este deporte»

Juan Carlos Villalba Quintero. / Hoyos
Juan Carlos Villalba Quintero. / Hoyos
«Toda la vida le estaré agradecido a mi padre que viniera desde Cádiz a vivir a La Llama»

Nunca le agradecerá lo suficiente a su padre el haber elegido La Llama para vivir. Aquel modesto piso estaba situado justo enfrente de la bolera Ramón Mallavia en Torrelavega, adonde llegaba procedente de Cádiz, cuando su hijo tenía siete años. No le queda ni un ápice del típico acento gaditano, sí en cambio a su madre. Se siente cántabro por los cuatro costados y su gran ilusión es devolver a los bolos lo que estos le han dado. Estará inmensamente agradecido toda su vida a una persona gracias a la cual pudo encauzar su futuro; quiso jugar siempre con un jugador que le dio sabios consejos, cosa que no logró; jugaba tan bien a los bolos que en cierta ocasión la propietaria del bar limítrofe con la bolera quiso presentarle a su hija con fines matrimoniales; jugó con la peña que lleva en su corazón un partido a las dos horas de nacer su hija; y un sinfín de anécdotas que nos desvela a lo largo de esta entrevista. Esta semana ALERTA charla distendidamente con Juan Carlos Villalba Quintero (Cádiz, 11 de junio de 1959) un buen conversador que como siempre se presta gustoso para hacernos un repaso a sus 43 años de trayectoria en el mundo de los bolos.

PREGUNTA: Todo comienza cuando tu padre que desciende de Coo de Buelna, se desplaza a Cádiz por razones de trabajo.

RESPUESTA: Exacto. Allí conoció a mi madre se casaron y allí nací yo. Tenía siete años cuando mis padres regresaron a Cantabria y se afincaron en Torrelavega, justo enfrente de la bolera de Mallavia. Desde mi ventana veía jugar a todas horas, mañana y tarde, para nada comparado con lo que ocurre hoy en día, y allí acudíamos todos los niños del barrio para intentar jugar, que era muy complicado. Casualidades de la vida, si mi padre no se establece en La Llama yo no hubiese jugado jamás, por eso le quedaré agradecido toda mi vida porque los bolos me lo han dado todo.

P: No había escuelas por aquellos años, por lo que comienzas tarde a jugar.

R: Sí, en infantiles. Mi aprendizaje de los bolos se limitaba a observar como jugaban los ases y por ello tardé bastante tiempo en debutar. Una vez que comencé a jugar en la Peña Ico Mallavia, ya me fueron puliendo aquellos defectos que tenía, y mi progreso era más que evidente año tras año. Poco a poco le cogí el gusto a este deporte.

P: El progreso era más que evidente, porque das la campanada ganando un Campeonato Regional juvenil a un jugador que hasta entonces lo había ganado todo.

R: Un auténtico bombazo. Aquello tuvo gran repercusión. Se lo gané a Fernando Cuétara, que como bien dices lo había ganado todo en categorías menores. Para todo el mundo de los bolos significó una gran sorpresa.

P: Hablando de sorpresas, una tarde recibes una llamada de Severino Prieto.

R: Uff, nunca estuve tan nervioso. Quería ficharme para jugar al lado de grandísimos jugadores como tenía en aquellos años la Bolística. Ni más ni menos que Pepe Ingelmo, Nando Cuétara y Florentino Díaz. Se había ido Rafael Marcos. Aquello para mí que llevaba tres días en los bolos era un salto estratosférico. Pero sin duda era la recompensa a la campaña que había realizado el año anterior en la Peña Berberana de Cartes, donde con un equipo muy joven jugamos muy bien a los bolos, a pesar del descenso.

P: Dos años en Torrelavega y llegas a Barreda donde ibas a conocer a la persona a la que debes todo lo que eres hoy en día.

R: Sin ninguna duda. Nunca se lo he dicho, aunque espero decírselo antes de que lo lea en ALERTA. Yo quería estudiar una carrera y mis padres no atravesaban un buen momento y un buen día le expuse mi situación (estaba rojo como un tomate) y le pedí que me pagara la ficha por adelantado para pagarme la matrícula en la Universidad. Accedió a ello sin problemas porque me conocía. Esta persona se llama Lolo San Juan y era el presidente de la peña y como digo nunca se lo voy a poder agradecer lo suficiente. Posiblemente si no hubiese accedido a hacerlo hubiera acabado en el gremio de la hostelería. Los dos años que allí estuve me pagó la ficha por adelantado sin problema alguno.

P: Más sorpresas. Otro buen día un brillante empresario de Torrelavega llamado Ramón González te llama porque quiere montar un equipo joven en la Mallavia y cuenta contigo.

R: Yo quería jugar en la Mallavia, era una ‘señora’ peña, y por otra parte significaba jugar en la casa, donde me crié. Ramón quería un equipo joven y cuando llegué estaban Paulino Pinta, Emilio García, Miguel Marcos y el hermano de López Marcano. La primera temporada quedamos sextos, al año siguiente llegaron Mosquera y Pachín, y en la última que yo estuve descendimos con José Luis Mallavia en lugar de Paulino Pinta. A pesar del descenso, dimos mucho espectáculo en la bolera, la verdad es que los aficionados disfrutaron de nuestro juego.

P: Y desde Torrelavega nos vamos a El Verdoso.

R: Eso es. Me vino a buscar Javier Lantarón y te puedo decir que han sido los años donde mejor me lo he pasado. Por los compañeros, por el ambiente social que había, y por los aficionados. Quedamos campeones de la Liga Nacional contra pronóstico, perdiendo solo siete puntos en toda la temporada. Esa campaña jugaban Alfonso González, Paulino Pinta, José Manuel Gómez y yo, pero antes pasaron por La Carmencita grandes jugadores como Miguel García y Jesús Ruiz. Aprendimos mucho de ‘Lín’ porque éramos unos críos a su lado, siempre le estaré agradecido por su trato.

P: Llega un momento muy difícil para ti a continuación. Recibes una oferta irrechazable desde Pontejos y pones rumbo hacia el otro lado de la bahía.

R: Lo sentí muchísimo la verdad porque estaba muy a gusto en La Carmencita. Y lo que son las cosas, ganamos la Copa Presidente en La Cavada contra mi anterior peña, con Raúl de Juana, Roberto García, José Manuel Ortiz, Antonio Saiz y yo. Fueron unos años muy buenos hasta que una tarde el presidente me comunicó que no contaban conmigo y me quedé sin equipo.

P: Sin embargo, aparece Daniel Rojo y regresas de nuevo a Torrelavega.

R: Para jugar con Telmo, Trápaga, Camus, y Egusquiza padre, una buena plantilla muy unida y correosa, y difícil de ganar. La primera temporada que estuve quedamos quintos en la Liga Nacional y terceros la siguiente, con la curiosidad de tener que jugar un partido de desempate contra el Hotel Chiqui para dilucidar ese puesto. Ese partido se jugó en la bolera de Rotella, con una gran afluencia de aficionados.

P: Y... retorno a La Carmencita, segundo ciclo donde juegas otros seis años más.

R: Sí, vuelvo a casa de nuevo. Me encuentro otra vez el buen ambiente social y deportivo de siempre que tanto cuidaba Ramonín Sánchez Mier. En el año 2004 descendimos al perder el último partido en Pancar, y nos comprometimos todos los jugadores para intentar el ascenso a la temporada siguiente, algo que no se pudo conseguir desgraciadamente. El descenso con La Carmencita significó para mi una pena enorme. La peña empezaba su declive por esas fechas.

P: Y más ofertas estratosféricas por aquellos años.

R: Vino Nito, el de Velo, para hablarme de un proyecto que me ilusionó. En La Carmencita no había visos de mejora porque comenzaba a perder su esplendor y recalé en La Anunciación. Me costó Dios y ayuda decidirme, pero al ver que todo el mundo se estaba marchando no me quedó más remedio. El primer año ascendimos con Fernando Soroa, Rubén Samperio, Miguel Guardo y Félix Guerra. Pasé allí diez temporadas muy buenas y muy bien tratado, por cierto.

P: Y una mañana te llama Alfredo Domingo para invitarte a un café y proponerte algo.

R: Salí a desayunar desde el trabajo y en tan solo diez minutos me comentó que necesitaba un quinto jugador para Pontejos, además de hacer la función  de director técnico. Yo estaba en los últimos momentos de mi vida deportiva y la verdad es que no me costó mucho decidirme. Ya conocía la peña, el ambiente de bolos que había, y para allá que marché dispuesto a finalizar un ciclo que al final ha durado la friolera de 43 años. En este tiempo sufrimos un descenso, pero, sin embargo, a la temporada siguiente volvimos a subir quedando campeones de Primera; jugué bastante en unas ocasiones por lesión de un compañero y en otras por las circunstancias del partido.

P: 38 Ligas en la máxima categoría y 43 años de andadura por las boleras dan para miles de horas de conversación, sin duda.

R: Te lo puedes imaginar. Pero me quedo con el cariño que siempre recibí, no sólo de los cientos de compañeros que he tenido, sino también de los aficionados, y directivos de peñas en las que he jugado. A cambio, siempre ofrecí lo mejor de mi en cada momento.

P: A nivel colectivo, sin duda que la consecución de la Liga con La Carmencita cuando nadie lo esperaba y la Copa Presidente con Pontejos han sido tus  momentos estelares.

R: No me cabe la menor duda. Ganar aquella Liga con rivales tan fuertes como Puertas Róper, Construcciones Rotella y La Cavada significó el momento cumbre de La Carmencita y, por supuesto, el mío. Y ganar la Copa Presidente con Pontejos en La Cavada fue otro momento muy bonito. En semifinales eliminamos a La Cavada que jugaba en casa teniendo que recurrir al desempate y en la final nada más y nada menos que a La Carmencita que contaba con grandes jugadores. Son los momentos que todo jugador desea disfrutar en su vida deportiva.

P: En el plano individual, ¿cuál fue el concurso que te dejó el mejor recuerdo?

R: Sin duda el que gané a un gran amigo como es Rubén Samperio en la Casa de los Bolos. Tampoco me hubiese importado que lo ganara él, la verdad sea dicha.

P: Sin embargo, en Alles ganas otro concurso con unos premios extraordinarios, y aquellos dineros fueron a parar a los dedos de tu novia.

R: Uff, ya lo creo que sí. Eran 120.000 pesetas que para la época estaba muy bien desde luego y con ese dinero le compré el anillo de pedida a mi novia que hoy en día es mi esposa. Tanto uno como el otro los elijo por encima de todos los demás.

P: Siempre tuviste como referencia a un jugador al que sufriste y padeciste muchas veces.

R: Calla, calla... y tanto que muchas veces. Me ganó muchas finales, desde pequeño le tuve como referente, y le admiraba mucho. Me fijaba en como sacaba el brazo, en sus facultades y en como birlaba desde cualquier sitio. Por supuesto que Tete Rodríguez ha sido el mejor de su época para mi gusto, era casi imposible ganarle porque pocas tardes malas de bolos tuvo.

P: Y siempre te has negado a hacer comparativas sobre si eran mejores o peores aquellos jugadores de antaño que los actuales.

R: Me explico. Para poder calibrar tal opinión habría que poner a jugar a aquellos jugadores de la época como Cabello, Salas, Ramiro, Escalante, Linares y muchísimos más, con las mismas condiciones que tienen hoy en día los bolos y las estacas. Ahora mismo los bolos caen a nada que les toques, antiguamente no era así, y tampoco estaban las boleras preparadas como ahora, que son auténticas pistas.

P: Lo que sí es cierto es que había un gran número de jugadores capaces de ganar un concurso.

R: Al menos una docena y me quedo corto, no me refiero a tantos años atrás como los que te he nombrado, hace veinte años simplemente. Había mucha diversidad, hoy no es así, lo estamos viendo que entre cuatro jugadores se lo llevan todo. Con esto no pretendo desmerecer a los jugadores de hoy en día ni mucho menos.

P: Hablamos de los aficionados. ¿Se llenaba El Verdoso en cada partido?

R: Llenarse no, pero tres cuartas partes del aforo casi siempre. Y recuerdo que en una ocasión estábamos a un punto de la peña líder y se puso el cartel de lleno. No cabía un alma más, aquello era afición a los bolos, pero, claro, hay que tener en cuenta que entonces no había la diversidad de oferta deportiva como la de hoy en día.

P: Muchas peñas a lo largo de tu carrera deportiva. ¿Cuál eliges?

R: Sin lugar a dudas La Carmencita de mi primera etapa.

P: El Verdoso de los años 90 y el de hoy, ¿qué piensas cuando pasas por allí?

R: Se me cae el alma a los pies. Por equipo, por masa social, por instalaciones siempre muy bien cuidadas, por categoría deportiva, y por muchas cosas más. Verlo así es una gran decepción, ahora que el Ayuntamiento de Santander va a invertir una importante cantidad de dinero en repararlo, lo que hace falta es gente que quiera trabajar en un proyecto deportivo e intentar situar a La Carmencita a la altura que siempre tuvo.

P: ¿Cómo definirías a Ramón Sánchez Mier?

R: Uno de los mejores presidentes que he tenido. Un trabajador infatigable, que solo tuvo dos fallos: todo giraba a su alrededor y demoró en exceso su retirada. Debió retirarse un poco antes e intentar dejar un relevo que asegurara el futuro de la entidad.

P: Una tarde juegas en un pueblo de la zona de Cayón, parece que la dueña del bar se enamoró de tu juego y estuvo empeñada en presentarte a su hija con fines matrimoniales.

R: Uff, ya lo creo. Llamaba a la hija mientras nos servía unos vinos y la decía que se acercase a conocer a un chico que era muy guapo y jugaba muy bien a los bolos. Me sacó los colores, no creas. No veía el momento de marcharme de allí y los compañeros que habían participado conmigo en el evento no querían abandonar el lugar. Por supuesto que la señora insistía una y otra vez, no quería dejarme escapar (ríe).

P: No querías jugar con las bolas de Francisco Javier Puente en un concurso de la Escuela Taller de Reinosa y, sin embargo, sacas sobresaliente.

R: Me lo recuerda cada vez que me ve. En ese concurso había que tirar de 14, 16, y 18 metros, y yo no tenía bolas para tirar de catorce porque no me esperaba que hubiese dos tiradas de esos metros. Tras muchas deliberaciones, opté por jugar con sus bolas con tan buena suerte que derribé 23 y 24 bolos. En las demás tiradas con mis bolas no pasé de 11 bolos, a veces pasan estas cosas, algunas con demasiada frecuencia (risas).

P: Siempre que te encuentras con el presidente del Gobierno de Cantabria te recuerda algo que sucedió en Vioño de Piélagos hace 30 años.

R: Exacto, nunca falla. En las finales de un Concurso Virgen de Valencia. Birlé una bola de ocho bolos y se movió el noveno. Era un birle desde media bolera y me recuerdo que estaba clasificado también Tete Rodríguez, pero se había ido al bar porque jugaba el FC Barcelona y ya sabes que él es muy culé. Cuando regresó de nuevo a la bolera y se enteró me dijo que llevaba toda la vida jugando y no lo había conseguido. Como bien dices, Miguel Ángel Revilla cuando me ve, no tarda ni un minuto en recordarlo y han pasado ya 30 años.

P: La Bolística ocupaba el ‘farolillo rojo’ al final de la primera vuelta y el siguiente partido se iba a jugar en Pancar. Daniel Rojo ofrece a los jugadores una comida antes del mismo para hacer piña. Tú no quieres que esa comida se celebre porque conoces muy bien a Telmo, Camus, Luisón y Trápaga y  finalmente... ¿qué sucede?

R: Pues que tanto Telmo como Camus y Luisón piden fabes y chuleta, más un postre descomunal. Llega la hora de partido y ponemos 20 metros de tiro, emboca Camus con la primera bola de dos bolos, y al final de la tirada anotamos tan solo 19 bolos. Entre bolas quedas, caballos y blancas se pudieron hacer siete bolos más a duras penas. Al final empatamos aquel partido, y quedamos quintos en la clasificación. Por supuesto que Daniel Rojo no volvió a invitarnos más.

P: Expectación máxima en Cádiz cuando ibas a jugar el CINA a la tierra que te vio nacer.

R: Ya lo creo. Cuando me tocaba tirar a mi había tanta gente o más que cuando jugaban los grandes ases del momento. Me aplaudían hasta las bolas de tres bolos y aquello era para mi un auténtico orgullo como gaditano; y no te digo nada cuando quedé  tercero dos años seguidos (90 y 91).

P: Una de tus mejores tardes de bolos con La Carmencita, un 21 de abril de 1987.

R: Ya lo creo que sí. Había nacido mi hija en la Residencia Cantabria exactamente a las 17,25 horas y en aquellos tiempos te enseñaban a la niña dos minutos y en cuatro horas no podías ver ni a la madre ni a la hija. Llamé a Javier Lantarón para cerciorarme de que todo estaba bien y no había ninguna novedad y me dijo que me necesitaba porque no tenían quinto jugador. Rápidamente bajé las escaleras hacia El Verdoso, me cambié de ropa, y sin apenas calentamiento me salió un partido redondo. El difunto Miguel García me dijo «muy bien hecho criu» acompañado del gran abrazo que me dieron los compañeros. Ha sido otro día inolvidable para mí.

P: ¿Te has retirado con la pena de no haber podido jugar de compañero con...? 

R: Rafa Fuentevilla. Lo he deseado muchas veces, pero no pudo ser. Rafael siempre ha tenido y sigue teniendo buenas palabras para mi persona, y siempre me ha dado buenos consejos que he seguido indudablemente. Jugando con él seguro que hubiese aprendido mucho más, siempre le he considerado un gran jugador, además de una excelente persona y un sabio de los bolos.

P: Has tenido la gran suerte de conocer a grandísimos jugadores, a personas que influyeron decisivamente en tu vida, como Lolo San Juan, pero siempre has tenido debilidad por uno en especial.

R: Sí y es Alfonso González. Tuvimos un relación deportiva extraordinaria, tanto en la bolera como fuera de ella, siempre tuvo un comportamiento modélico. Hoy en día, aquella relación deportiva se amplió muchísimo y te puedo decir que es como de mi familia. Nuestras hijas son amigas desde hace muchos años y es una de las cosas buenas que me han pasado en este tiempo.

P: Y la última. ¿Tienes un deseo en tu cabeza que esperas cumplir algún día?

R: Por supuesto que sí. Me gustaría devolver a los bolos todo lo que me han dado trabajando en la Federación o donde sea, y así poder aportar mis conocimientos sobre este deporte nuestro al que toda mi vida estaré muy agradecido.

«Toda la vida le estaré agradecido a mi padre que viniera desde Cádiz a vivir a La Llama»
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