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CONSUMO

Dos años y medio sin tregua en la escalada de precios de los alimentos

En España, los alimentos no han bajado de precio en más de dos años. En enero, experimentaron un aumento del 0,5%. El país lidera la UE en no registrar descensos mensuales.
Verduras y hortalizas en un mercado de abastos. EP
Verduras y hortalizas en un mercado de abastos. EP
Dos años y medio sin tregua en la escalada de precios de los alimentos

En un panorama económico marcado por la persistencia de la inflación, España emerge como un caso singular en la Unión Europea al mantenerse inalterada su trayectoria alcista de precios alimentarios desde septiembre de 2021. Con más de dos años y cuatro meses sin experimentar un descenso mensual en el Índice de Precios de Consumo (IPC) de alimentos, el país ibérico se encuentra en compañía solo de Malta en esta situación insólita.

A pesar de breves episodios que insinuaban una posible desaceleración, el último mes de enero presenció un nuevo repunte, con un incremento del 0,5% en los precios de los productos alimenticios. Este fenómeno sitúa a España como el único miembro de la Unión Europea que no ha experimentado ni una sola reducción mensual en el IPC alimentario durante la prolongada crisis inflacionista que afecta al continente desde octubre de 2021.

Durante las fases iniciales de la crisis, otros estados europeos experimentaron aumentos más intensos, alcanzando un 5% en algunos casos. Sin embargo, en los últimos cuatro meses, España ha exhibido un aumento del 1,9%, superando el promedio del 1,5% registrado en la Unión Europea. Esta disparidad pone de manifiesto la singularidad del desafío que enfrenta España en la gestión de los precios alimentarios en comparación con sus homólogos europeos.

Hace aproximadamente un año, las autoridades gubernamentales afirmaron que la moderación de los precios alimentarios estaba próxima, una proyección que no se materializó. En el transcurso del verano de 2023, España superó el incremento acumulado en los precios alimentarios en comparación con la Unión Europea. En la actualidad, el país supera el 30% en este aspecto, posicionándose un punto porcentual por encima del promedio europeo.

El análisis del último mes disponible, enero, revela que los productos adquiridos en los supermercados españoles aumentaron su valor en un 0,5% respecto al mes precedente. Este incremento contrasta notablemente con la tendencia registrada entre 2010 y 2019, cuando los supermercados españoles promediaban un aumento del 0,3% en los precios de enero con respecto a diciembre del año anterior.

Funcas, el think tank económico, señala que los alimentos elaborados fueron particularmente afectados, registrando un aumento del 1%, elevando la tasa interanual al 6,2%. Este incremento, en gran medida, fue impulsado por productos como el tabaco y el aceite de oliva. Sin embargo, otros productos elaborados, como zumos, queso y pan, también experimentaron un aumento en sus precios.

Por otro lado, los alimentos no elaborados también contribuyeron significativamente a la escalada de precios. Funcas reporta un fuerte incremento en su tasa anual, llegando al 8,8%, con especial énfasis en frutas, legumbres y hortalizas. A nivel mensual, estos alimentos frescos experimentaron un aumento del 0,5%.

La raíz de este encarecimiento se encuentra en la subida de los precios energéticos, que inicialmente impactaron los costos de producción y transporte de alimentos. Aunque el contagio de estos incrementos de precios fue gradual, la reducción de costos se ha retrasado, contribuyendo a la sostenida alza en los precios alimentarios. El reciente encarecimiento de la electricidad, impulsado por la retirada progresiva de las rebajas fiscales, agrega una nueva capa de complejidad a este escenario.

El informe de Funcas sobre las previsiones de IPC destaca que la inflación de enero se debe al impacto de la subida de impuestos sobre la inflación energética, así como al encarecimiento tanto de alimentos elaborados como no elaborados. Este doble golpe a la estructura de precios crea un entorno desafiante para la recuperación del poder adquisitivo de los consumidores.

La complejidad del panorama se ve agravada por el resurgimiento en los precios de los carburantes y la influencia de un factor climático: la sequía. Ambos elementos actúan como obstáculos adicionales para una potencial reducción en el precio final de los alimentos. A pesar de este contexto adverso, los alimentos en general mantienen niveles históricamente elevados, con especial énfasis en productos como el aceite de oliva, que destaca como uno de los elementos más afectados por esta tendencia alcista.

En resumen, la situación económica en España, marcada por la persistente alza de precios alimentarios, evidencia una compleja interacción de factores económicos, fiscales y climáticos que desafían las expectativas de recuperación y moderación. La incertidumbre en torno a cuándo y cómo se revertirá esta tendencia representa un desafío significativo para las autoridades y los ciudadanos por igual.

Dos años y medio sin tregua en la escalada de precios de los alimentos
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