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El Diario de Cantabria

Los argumentos de los directores para rechazar la vuelta a las aulas

 

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Los argumentos de los directores para rechazar la vuelta a las aulas

Son muchas y variadas las razones, que actualmente desaconsejan el regreso a las aulas del alumnado en los centros de Educación Infantil y Primaria, y más si hablamos de nuestro alumnado más vulnerable, el de la etapa de Infantil.

Disponiendo tanto de argumentos sanitarios como educativos, pedagógicos y organizativos en contra de esta decisión, hemos de partir de aquellos que habrían de garantizar la seguridad y salud de alumnado, profesorado, personal no docente y familias, ya que en un estado de emergencia sanitaria han de considerarse por encima de cualquier otro criterio que aconsejara la vuelta a las aulas del alumnado de Infantil, aun cuando se ofreciera a las familias de manera voluntaria.

En cuanto a los argumentos sanitarios, son claros y rigurosos, y su incumplimiento nos conduciría a un potencial incremento en el riesgo de contagio de la enfermedad y a una actuación completamente irresponsable que no podemos asumir como directores:

Dificultades en la aplicación de la Ley de Prevención de RRLL 31/1995, puesto que el regreso presencial se produciría sin las garantías de seguridad y salud de los trabajadores y trabajadoras y sin formación específica sobre medidas de protección y prevención.

Imposibilidad de garantizar la puesta en práctica y efectividad de las medidas de seguridad obligatorias expuestas en el protocolo de la COVID-19. Es inasumible en estas edades mantener la distancia mínima de seguridad de dos metros entre el propio alumnado y del alumnado respecto a los adultos, al igual que no podemos asegurar el lavado continuo de manos ni encontramos viable el uso de mascarillas por parte de nuestros niños.

Desconocimiento de la situación sanitaria en la que nos encontramos actualmente cada uno de los miembros de nuestras comunidades educativas. No se dispone de datos, pruebas ni informes médicos que aseguren una posible incorporación sin riesgo de contagio y propagación de la enfermedad.

Del mismo modo, no podríamos garantizar una desinfección e higienización de espacios y materiales de manera continua y final, tal como se recomienda en los protocolos establecidos.

Si atendemos a los argumentos pedagógicos y educativos, hemos de considerar la normativa de la etapa de Infantil, las características evolutivas del alumnado y las respuestas educativas que se han de dar:

La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, establece, en su artículo 12, que «la Educación Infantil constituye una etapa educativa con identidad propia que atiende a niños desde el nacimiento hasta los seis años de edad y cuya finalidad es contribuir al desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los niños». No siendo una etapa obligatoria, la Ley le concede una finalidad educativa y no meramente asistencial. Sin embargo, la apertura de las aulas al amparo de las futuras condiciones, no cumple con la función educativa que la etapa tiene.

En las funciones propias de los y las docentes se incluyen las de proteger, educar y atender las necesidades básicas de alimentación, higiene, cuidado… que presenta el alumnado en estas edades y que condicionan nuestra respuesta educativa. El distanciamiento social exigido, sin contacto directo, nos imposibilita totalmente satisfacer estas demandas y convierte en vulnerable a este colectivo, que en gran parte depende del adulto para muchas de sus acciones diarias. Esta etapa se caracteriza por un aprendizaje vivencial, experiencial y significativo, en el que el juego, el movimiento, la manipulación de materiales y la demostración de emociones y afectos, mediante el contacto físico entre iguales y con adultos, juegan un papel determinante. En las actuales condiciones sanitarias resulta imposible dar una respuesta positiva y educativa a estas necesidades.

El posible regreso a las aulas de una parte del alumnado de Infantil, tras más de dos meses de confinamiento en sus casas, puede derivar en consecuencias negativas para ellos, a nivel físico, afectivo, social e intelectual. La incorporación a las aulas, con medidas que no se ajustan a su interpretación de la realidad, requiere del diseño de un plan específico de adaptación a la nueva normalidad educativa y social. No debemos olvidar que tras un periodo vacacional largo, como es el estival, se elabora un periodo de adaptación flexible y adecuado a las necesidades del alumnado de la etapa.

En cuanto a las razones organizativas y de funcionamiento de los centros, podemos señalar:

Imposibilidad de los maestros de Infantil y de los Equipos Directivos para atender al alumnado de manera presencial y a distancia simultaneamente. Desde los equipos directivos de los centros se han puesto en marcha todos los mecanismos necesarios para atender las necesidades educativas de nuestro alumnado y familias, se han planificado actuaciones de comunicación, acompañamiento y cuidado de alumnado y familias, se han ofrecido propuestas lúdicas, atractivas y educativas, tal como establecen las Instrucciones para el tercer trimestre y final de curso enviadas a los centros el 19 de abril. Puesto que se trata de una incorporación voluntaria para las familias pero a a la vez sujeta al cumplimiento de unos requisitos, excluimos a quienes ejerzan su derecho de no regresar a las aulas de toda posibilidad de seguimiento educativo no presencial.

Por otro lado, los miembros de los Equipos Directivos que han de asegurar la apertura, organización y funcionamiento del centro en el cumplimiento de las normas de seguridad, son maestros que imparten enseñanza a distancia a gran parte del alumnado de Primaria, alumnado que continuaría con esta modalidad hasta finalizar el curso escolar.

La escuela no es el único agente facilitador de la conciliación laboral y familiar, sino uno más. En esta situación excepcional, corresponde también a otros organismos e instituciones, empresas y familias, buscar soluciones para hacer compatible el trabajo y el cuidado de la familia.

La organización de espacios, materiales, entradas, salidas, elementos de protección, medidas de prevención, servicios… hasta la finalización del curso escolar es una medida precipitada y con un recorrido muy corto, que no garantiza en modo alguno dicha conciliación.

Por todos los argumentos expuestos anteriormente, y algunos más que sería tedioso trasladar a este informe, manifestamos nuestro más absoluto rechazo a la apertura de los centros y las aulas de Infantil en lo que resta de curso escolar. Igualmente trasladamos este rechazo a la incorporación del alumnado de las aulas de Educación Especial presentes en centros ordinarios, con alumnado vulnerable, de alto riesgo y falto de personal sanitario adecuado.

Apostamos por la continuidad del trabajo a distancia y por la necesidad de diseñar, de cara al inicio del próximo curso escolar, un Plan de regreso a las aulas consensuado, seguro y que establezca las medidas adecuadas de prevención y protección de la salud de todos los agentes implicados en la educación y de la sociedad en general. Tarea para la que ofrecemos toda nuestra colaboración.

*Directores miembros de la Comisión Permanente del Comité de Directores de los centros educativos públicos de Educación Infantil y Primaria.

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