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El Diario de Cantabria

Animando en las redes sociales

Un profesor, un chef dos estrellas Michelin, una periodista, un experto en marketing y el director de un zoo, entre otros, salen al balcón de las redes sociales para animar la cuarentena al resto del mundo
Una familia de Santander saluda al fotógrafo en su valcón. / J. RAMÓN
Una familia de Santander saluda al fotógrafo en su valcón. / J. RAMÓN
Animando en las redes sociales

¿Qué tienen en común un profesor de Literatura, un chef dos estrellas Michelin, una periodista, un experto en marketing y el director de un zoo? Que están confinados por el coronavirus, pero todos los días salen al balcón de las redes sociales para animar la cuarentena al resto del mundo. Abren esa ventana como terapia propia y ajena ante la obligación de quedarse en casa, compartiendo conocimiento y divulgación gastronómica o animal con relatos para inyectar positivismo ante el desconsuelo o arrancar una sonrisa durante la pandemia.

Son cinco de los miles de ejemplos anónimos que estos días alivian la cuarenta para recordar al mundo lo que queda fuera. El chef Óscar Calleja, propietario del restaurante Annua (San Vicente de la Barquera), iba a comenzar la temporada el 14 de marzo pero el Covid-19 paralizó sus planes, lo que supuso echar por la borda los meses de intenso trabajo en la preparación del nuevo menú y dejar sin empleo a la treintena de personas de su plantilla.

Hoy encerrado en su casa, comparte tiempo de inactividad con clases virtuales diarias través de las redes sociales, el aula de un chef dos estrellas Michelin «pero haciendo cocina de casa, cocina de familia y de aprovechamiento», con productos sencillos muy alejados de los fogones de la alta gastronomía.

Cada día a las ocho de la tarde, cuando otros ciudadanos salen al balcón a aplaudir, él se asoma a la redes para publicar su vídeo donde este ‘estrellado’ muestra cómo cocinar una tortilla española, un arroz con verduras y carne, una marmita de pescado, una aguachile de lubina o un pote asturiano.

Oscar Calleja explica a Efe que esto le permite «disfrutar como hacía tiempo que no disfrutaba» de la «cocina de lo sencillo», después de 20 años metido «en cuerpo y alma» entre fogones de medio mundo para poner en marcha y consolidar el proyecto Annua, ahora en la vanguardia de la cocina española.

Además, este tiempo de encierro le permite trabajar en nuevas ideas, a la vez que ofrecerse «de cocinero» si es necesario para hospitales y echar una mano frente al Covid-19 o colaborar en proyectos solidarios como dar de comer a personas sin hogar de San Vicente de la Barquera.

La periodista Olga Agüero se asoma cada noche al balcón de su blog, ‘El Lápiz de Penélope’ (olgaaguero.blogspot.com), con «vivencias noveladas de una misma» que sus lectores la reclaman si retrasa algún día ese diario elaborado con imaginación y fantasía. A Efe asegura que esta experiencia le ha servido para convertir en diarias sus periódicas publicaciones y también como terapia al «abrir al mundo unas habitaciones personales llenas de cosas», un «alivio al confinamiento» compartiendo con otras personas esas vivencias que arrancaron un 16 de marzo con la frase «Son las ocho».

Esta complicidad la comparte con muchas personas, incluso desconocidas, y gracias al aliento que recibe a través de las redes va tomando forma la idea, «cada día con más fuerza», de convertir los relatos en un libro que podría ver la luz «cuando se consiga «doblegar» al Covid-19. 

El más veterano del ‘grupo’ es el septuagenario José Ignacio Pardo de Santayana, naturalista y una institución de la divulgación por ser desde 1977 director del Zoo de Santillana del Mar. La obligada cuarenta y la falta de actividad en el zoo le lleva a estar confinado con su mujer, Maribel Angulo, con quien graba y publica cada día sus curiosidades animales, como esa sobre el origen de la bandera de España, que la ‘inventaron’ las cacatúas abanderadas para embellecer su cresta.

Pardo de Santayana explica a Efe que estos vídeos pretenden romper la monotonía del encierro y mostrar «siempre en clave de humor» cómo es la vida en un zoo y cómo afrontan las animales la cuarentena de sus cuidadores, situación que para las cientos de especies que pueblan las instalaciones poco o nada difiere de su día a día.

El proyecto de Germán Trugeda (diariodecuarentena.com) comenzó cuando puso como tarea a sus alumnos de Lengua y Literatura llevar un diario durante el confinamiento, cuando se autoimpuso escribir unas cuartillas «para pasar un rato divertido en medio de la cuarentena».

lectura diaria. Esas cuartillas a mano fueron leídas por su colaboradora, Irene Peón, que comenzó a distribuirlas por WhatsApp a amigos hasta que el asunto ‘mutó’ a internet de la mano del diseñador Adrián Luján, quien quiso compartir con otros los minutos de tranquilidad que esta lectura diaria le proporcionaba.

Según el autor, son relatos «que solo buscan entretener y divertir» con el delirante retrato de su ‘novelesca’ familia, incluidos suegra y cuñado, confinados todos en un piso, aunque reconoce que su familia verdadera «es mucho más delirante» que la novelada.

Cada día a los ocho de la noche publica un nuevo ‘post’ de esta historia que ya tiene un final escrito, pero que no verá la luz hasta la jornada 30 de confinamiento. Mientras, «y no sin bastante esfuerzo», resuelve el día a día del relato que se consume en menos de tres minutos y que tiene enganchados a cientos de lectores.

olga Agüero. Al igual que Olga Agüero, el mes de confinamiento literario es muy posible que alumbre un libro recopilatorio de los relatos cuyo título provisional ya está elegido: «Diario de cuarentena». «Compartir una pasión por la cultura del vino incluso estando confinados» es, según Roberto García Corona, el origen de su diario de confinamiento donde, página a página, asoma a las redes sociales de ‘El Aula del Vino’, catas y comentarios sobre algunos de los caldos del momento. «Poder compartir una pasión con mucha gente que, incluso, no conoces es una oportunidad especial», asegura a Efe este experto en marketing que propone a sus lectores «un viaje aislado, pero con unas botellas de vinos bajo el brazo que cuentan historias». Mientras comparte taninos, olores a flores, a vainilla o chocolate surgen conversaciones que ayudan a los lectores a viajar y a vivir la aventura del vino sin salir de casa.

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