13.06.2021 |
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MANUEL DOMÍNGUEZ HERNÁNDEZ

«El 23 de agosto de 1983 en la Severino Prieto es un día inolvidable para mi»

«Veo el futuro con preocupación, porque es muy difícil llevar a un crío a la bolera si sus padres no son amantes de los bolos, sean jugadores o no», asegura el campeón de España, que aunque reconoce que la vida ha cambiado le entristece «la falta de conexión jugador-aficionado y la convivencia entre compañeros»

«El 23 de agosto de 1983 en la Severino Prieto es un día inolvidable para mi»

La cuarta generación de los Domínguez ya lanza sus primeras bolas. Como su abuelo, como su padre, criado entre el sonido de la bola al chocar con los bolos, o el tablón. Imposible abstraerse del ambiente que rodea a esa Liga de Invierno de Argoños, que se aproxima a los cincuenta años de historia, o a ese Concurso por Pueblos, que cada vez cuenta con más participantes, por no hablar de la cantidad de jugadores que en días de lluvia entrenan en la mítica bolera. Pocas o ninguna persona relacionada con el mundo de los bolos, puede presumir de tener un millón de amigos, ganados a base de una personalidad distinta completamente a lo habitual, nuestro personaje de hoy disfruta lo mismo jugando en una Peña de División de Honor, que en una de Tercera. Para Manuel Domínguez Hernández (Santoña, 21 de septiembre de 1957) la amistad y deportividad lo lleva grabado a fuego desde hace más de seis décadas. Como reza un cartel en su bolera cubierta de Argoños «no está todo en saber ganar sino en saber perder» y en eso ha sido un referente sin ninguna duda.

PREGUNTA: El milagro ha sido que no jugases al pasabolo losa siendo tu padre dos veces campeón de esa modalidad.

RESPUESTA: Pero también lo fue en bolo palma. Sí que es cierto que primero empezó con el pasabolo y luego se pasó a esta modalidad, donde ganó varios títulos por cierto. Por acompañar a un vecino acudí varias veces a jugar e incluso participé en algún campeonato, pero más bien pocas.

P: La bolera cubierta de Argoños, se inaugura cuando eras un niño aún.

R: Sí, tenía 12 años y allí se jugaba un concurso por pueblos. Para que te hagas una idea, cada pueblo tenía cuatro equipos en aquellos años. Recuerdo que era el año 1969 y como comprenderás los mejores jugadores se unían para ganar y a mi me tocó jugar contra Beranga. El equipo ganador tenía como premio jugar en una bolera mítica como la de La Carmencita, todo el día jugando, para ver si algún ojeador les fichaba. Recuerdo que el día de la inauguración jugaron en mi bolera Rafael Marcos, y el Che entre otros famosos jugadores de la época.

P: Unos años más tarde, tu padre ideó esa famosa Liga de Invierno, para darle un aliciente al bar que regentaba.

R: Efectivamente. Este año hubiera sido la 47 temporada sin interrupción, y con el concurso de pueblos llevamos 42 años, pero la Covid-19... Estamos muy orgullosos de la respuesta de las peñas; reina muy buen ambiente, el que se ha perdido en la actualidad, por cierto, en categorías mayores.

P: A la tercera generación de los Domínguez, no le gustaba demasiado entrenar.

R: Es cierto. Le gustaba jugar, pero no entrenar. Una tarde tenía que jugar una final en Cabezón de la Sal y le dije antes de partir que entrenara un poco en tanto yo tomaba un café. Cuando salí del bar no había sacado las bolas de la maleta y eso lo hacía muchas veces. Hoy en día ya le gusta entrenar, el veneno de los bolos ya le alcanzó.

P: Tu primer concurso de Primera ¿dónde?

R: En Alles. Se lo gané a Juan José Ingelmo en una tarde donde jugamos muy bien los dos. Era el Memorial Senén González y recuerdo que desde el tiro estuve fenomenal subiendo siempre 7 y 8 bolos, él birlaba mejor, pero yo subí muchos bolos.

P: ¿Tu primer premio importante en metálico?

R: No recuerdo donde, pero me dieron 5.000 pesetas por clasificarme para un concurso. Y ya clasificado, no se me olvidará jamás las 70.000 pesetas que me dieron en Prezanes por quedar segundo en una final que me ganó Calixto García. A Calixto le dieron 100.000 pesetas, y me alegré mucho, alguna vez tenía que ganarme (ríe). Es broma, puesto que es gran amigo.

P: Y alguna que otra bicicleta te llevabas a casa de vez en cuando también.

R: Todavía la conservo como oro en paño. Había ganado en La Bolerona de Puente San Miguel y entre otros premios me regalaron una buena bicicleta. Me había llevado mi padre, metimos la bici a duras penas en el coche y regresamos a casa, pero antes de llegar, mi padre paró para que me apeara y llegara montado en la bici. Todo el mundo preguntando por mi, que dónde estaba, y al cabo de una hora llegué al bar con mi flamante vehículo de dos ruedas. Bonitos recuerdos sin duda.

P: Una tarde salen de Argoños siete coches con destino a Hijas, porque juega Domínguez en ese pueblo, pero... no ve el pelo a nadie en la bolera.

R: Se quedaron todos en el bar. Me lo dijeron más tarde, porque yo en la bolera nunca hacía caso del público, estaba al juego.

P: Sería porque sabían que no querías que fuese nadie a verte, ni tus padres, ni tu hermana...

R: Cierto. A veces iban a escondidas. Entonces normalmente las boleras se llenaban y procuraban ponerse donde no les viese.

P: Sin embargo cuando ganas el Campeonato de España a Calixto García, alguien perdió hasta el jersey.

R: Sí, mi padre. Cuando por megafonía en la Severino Prieto se anunció mi nombre como ganador, el público se puso en pie para aplaudirme, y mi padre comenzó a agitar la prenda con tanta fuerza que allí se quedó.

P: Háblame de ese glorioso día 23 de agosto de 1983.

R: Ese día es inolvidable para mí. Era un crío al lado de aquellos famosos jugadores que participaban. Estaba muy nervioso al principio, pero logré meterme en semifinales, y me dije a mi mismo que si había llegado hasta allí no tenía nada que perder. Me tocó jugar la primera semifinal con Rafael Marcos y en la tercera mano hice 26 bolos a bolos, y puse un pie en la final, aunque faltaban por tirar Lucas Arenal y Calixto García. Recuerdo que en la quinta mano, los espectadores puestos en pie comenzaron a aplaudirme y tuve que salir a saludar. Total que me metí en la final contra Calixto, y pensé «si éste ha perdido cinco finales, una más no importa». Emboqué en la quinta mano y puse ya una distancia por medio que obligó a Calixto en la última mano a tirar a embocar, salieron chispas de la estaca no creas. Una tarde noche inolvidable.

P: Si en la Severino Prieto la celebración resultó apoteósica, en un local de copas que estaba de moda en la noche santanderina la cosa no fue menor.

R: Sí, ya lo creo. Un gran amigo como José Losa me llevó a Torrelavega y luego a La Bohemia y eso que al día siguiente tenía que jugar el San Ginés en Colindres. Alguien me reconoció y se anunció por megafonía que estaba allí el campeón de España de bolos y toda la sala se puso a aplaudirme, son momentos inolvidables. Cada diez minutos le decía a Losa, que tenía que jugar pronto al día siguiente, y recuerdo que me decía que viviera ese momento a tope, que igual no había más como ese, y allí nos dieron las cuatro de la mañana. Razón no le faltaba.

P: A un servidor, durante el servicio militar nunca le arrestaron a Manolín Dominguez, en cambio sí.

R: Que malo eres. Bendito arresto. Tenía permiso para salir del cuartel hasta las diez de la noche, porque estaba haciendo la mili, y gané el Campeonato de España de Segunda que se jugó en La Carmencita. Para poderlo jugar tuve que solicitar permiso a la Federación, a la Peña organizadora, y a mis mandos superiores del cuartel. Llevaba tan sólo dos meses de mili y casi ni había entrenado, o al menos muy poco,  me planté allí y gané la final a Facundo Cobo. Para ello tuve que embocar con la última bola, le mandé a ganar a 22 bolos, y obligándole a tirar a emboque, por cierto que casi lo consigue, porque las tres bolas escuadraron igual. Luego, entre la celebración, la entrega de premios y viaje de regreso, llegué tarde al cuartel, y me arrestaron. Pero con la ayuda del alférez Enrique Torre, la sanción quedó reducida a la mitad, menos mal.

P: Que Manolín Domínguez era famoso por aquella época, no me cabe la menor duda. Unas veces salías de casa a jugar con un coche y regresabas con otro distinto.

R: Aquella noche lo pasé muy mal. Había ido a jugar una final a Panes y regresaba a casa en mi coche, y de repente el vehículo se me paró por el camino, y no me quedó más remedio que aparcarlo junto a un bar. Entré a preguntar a su dueño si había alguna gasolinera, con la intención de que alguien me echara una mano, porque debía llegar a casa, y más tarde ir a trabajar. Con la inmensa fortuna, que el dueño del bar me reconoció y me dejó su propio coche para regresar a Argoños. Gente así queda muy poca, me llevó el coche al taller al día siguiente, lo repararon, y regresé a devolverle el coche, por supuesto que llegué a tiempo al trabajo, porque toda mi vida laboral he entrado al curro a las dos de la madrugada.

P: Hablando de tu oficio de panadero. Lo que muchos aficionados no saben es que cantidad de veces ibas a la bolera directamente desde el trabajo. Una de las últimas ocasiones, un Campeonato de España de veteranos en la bolera de Los Chopos en Torrelavega.

R: Claro que lo recuerdo. La noche anterior entré a trabajar a las dos de la mañana como siempre, y a las nueve, casi con la tarea diaria terminada, marché a casa, una ducha, y puse rumbo a Torrelavega comiendo un bocata por el camino, acompañado de mi hija Gloria por si me dormía. Dos tiradas por la mañana, y otras dos por la tarde, y a jugar la final, que ya estaba desmayado. Al mediodía me tumbé en un prado para ver si podía descansar algo, al menos cerrar un poco los ojos, y relajarme, pero eso lo hice cantidad de veces, no había otra solución, porque no podía estar pidiendo permisos cada vez que jugaba.

P: Háblame de como eran los bolos de los años 80 y 90, en comparación a los de hoy.

R: Hoy en día se tiran más bolos, eso es de cajón, aunque habría que sopesar el por qué. Las estacas son diferentes, los bolos de menor peso, las boleras mejor acondicionadas, siempre se han batido récords, en todos los deportes pasa. La mayor diferencia que veo es en lo relativo a la camaradería que existía antes y hoy en día. Yo tenía 23 años cuando iba a jugar un concurso, no me clasificaba, y cuando me disponía a marcharme de la bolera, venían Rafa Fuentevilla o Rafael Marcos a decirme que me quedara a pasar un rato con ellos. Tampoco se habían clasificado y se quedaban hasta el final dialogando con los aficionados, conmigo, y con otros compañeros. Hoy en día el jugador va a tirar una final de cualquier concurso y los clasificados del quinto al octavo puesto desaparecen de la bolera en un abrir y cerrar de ojos. No hay conexión jugador-aficionado, ni tampoco convivencia entre compañeros por lo que observo, y es una verdadera pena. Por supuesto, que los tiempos han cambiado, y se vive muy deprisa, hay que compaginar familia y deporte.

P: La cuarta generación de los Dominguez, está ahí ya.

R: Sí, ya hace algún pinito de vez en cuando. Ya tira alguna bola, tiene un juego de bolos en casa, aunque lo que más le gusta es hacer castillos con la arena de la bolera. Como te descuides, te deja la bolera sin arena. Es pronto aún, claro que me gustaría que siguiese los pasos de su padre y de todas las generaciones anteriores.

P: ¿ Habrá bolos para entonces?

R: Lo veo con preocupación. Es muy difícil llevar a un crío a la bolera, si sus padres no son amantes de los bolos, sean jugadores o no. Tenemos un ramillete de infantiles y cadetes muy buenos, pero el problema viene cuando llegan a la edad de juveniles. Se quedan por el camino la mitad, bien sea por razones de estudios, amigos, o los que sea. Los hermanos Vallines llevan muy bien la Escuela Borsal Textil, pero es porque allí se cuidan excelentemente los bolos con la ayuda del Ayuntamiento y eso es lo que debemos cuidar y preservar. Y no sólo me refiero a ellos, conozco muy bien la labor de muchas escuelas, y el trabajo desinteresado de todos esos héroes anónimos que tanto hacen por nuestro juego.

P: Decía al principio de la entrevista, que has jugado a gusto lo mismo en peñas de Primera que de Tercera. Háblame de tu paso por la Peña Marcos Maza de veteranos.

R: Muy feliz. Estuve una temporada al lado de grandes compañeros, no nos acompañaron los resultados, pero había una buena armonía, que es lo esencial en los bolos. Tras la partida, llegaba el momento de compartir con la peña rival unas buenas tortillas regadas con un buen vino y las famosas partidas a la flor. Buenos recuerdos tengo, pero es que en las demás peñas siempre estuve a gusto, nunca quise destacar en nada, lo mío era jugar a los bolos lo mejor posible y ser compañero ante todo y por encima de todo. Nunca obligué a nada, ni a nadie, para hacer cosas en contra de la voluntad ni de la peña, ni de los jugadores. Eso lo llevo grabado a fuego.

P: Te pongo en aprietos, pero tengo perfecto conocimiento de tus preferencias, aunque por activa y por pasiva digas siempre que en todas las peñas disfrutaste, pero bien es cierto que en unas más que en otras.

R: Bueno, eres un poco malo, tú lo sabes y no voy ahora a decir lo contrario. Puestos a elegir una, no me cabe la menor duda que me quedo con Hermanos Borbolla. Allí estuve feliz 12 temporadas nada más y nada menos, muy bien tratado, y muy agradecido. Con grandes dirigentes que saben de bolos, y lo que es mejor, con grandes compañeros y amigos que a día de hoy me lo demuestran. He tenido la oportunidad de jugar con grandes maestros, como Santos Fidel Ruiz, Lucas Arenal, Óscar González, los hermanos Rodríguez, y Jesús Salmón, todos ellos campeones de España, ha sido una de las mayores satisfacciones que me han dado los bolos. Cerca de casa y bien tratado, no podía pedir más. Una época preciosa por cierto

P: Hoy estoy en plan ‘maléfico’. Tienes que elegir tu jugador de referencia, aquél que te deslumbraba.

R: Vaya, vaya contigo. Me pones en un compromiso grande, pero no me escondo y te contesto rápido, entre otras cosas porque lo sabías ya, y no voy ahora a contradecirme ni mucho menos. Por bolos tirados, sin dudarlo Tete Rodríguez, eso todo el mundo lo veía, pero Tete nos ponía nerviosos, nos alteraba. Para mí, Rafael Fuentevilla era un modelo de calma y de tranquilidad, era rival tuyo, y siempre estaba de buen humor, bromeaba contigo dentro y fuera de la bolera. Poco a poco Fuentevilla se convirtió en un referente, por su clase, por su juego, pero sobre todo por su empatía. O lo puedo resumir todo con una sola palabra: me inspiraba confianza y eso para todo el que haya jugado a los bolos es fundamental. Sabía ganar, pero sobre todo sabía perder, que eso es muy difícil y sólo está al alcance de unos pocos hoy en día.

P: Pocos aficionados saben lo del póster en la gorra.

R: Y tan pocos. No me lo preguntas, pero por si acaso me adelanto yo. Mi mejor pareja en competición sin duda ha sido Julio Braun, no en vano estuvimos ocho años seguidos jugando por parejas. Un año íbamos primeros en el circuito y el día que fuimos a tirar a la bolera de Roper vimos a un aficionado que llevaba en su gorra la foto nuestra, que había aparecido en la prensa el día anterior. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo en aquel momento, son cosas muy bonitas que me han pasado.

P: Que eres incombustible no me cabe la menor duda, lo has demostrado esta temporada llegando a la final del Campeonato de España de veteranos.

R: Sí y la perdí ante Fernando Cuétara que estuvo muy fino todo el campeonato. El cansancio hizo mella en mí y fallé como una ‘escopeta de feria’ en las dos últimas tiradas, donde el rival acabó de finiquitar el asunto. Y me alegro muchísimo, porque volvimos a recordar viejos tiempos donde nos enfrentamos en otra final de un Campeonato Regional. Ha sido un gran jugador y su vuelta a las boleras no ha podido ser mejor.

P: Manuel Domínguez Dosal.

R: Mi padre y mi maestro.

P: Manuel Domínguez Hernández.

R: Protector del legado.

P: Manuel Domínguez Crespo.

R: Clase a raudales.

P: Lucas Domínguez Villanueva.

R: Futuro incierto.

«El 23 de agosto de 1983 en la Severino Prieto es un día inolvidable para mi»
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