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¿Cómo llegó un Partenón a Cantabria? La joya neoclásica más insólita del norte de España

Sus cuarenta columnas corintias y su simetría neoclásica sorprenden a todo visitante que, sin salir de Cantabria, se encuentra ante un templo que parece griego y eterno
Iglesia de San Jorge. / A.S.
Iglesia de San Jorge. / A.S.

En lo alto de un cerro, dominando el verde valle de Iguña, se alza una visión insólita y majestuosa: la iglesia de San Jorge de Las Fraguas, conocida popularmente como “El Partenón cántabro”. Con sus cuarenta columnas corintias, sus líneas rectas, su sobriedad clásica y su simetría perfecta, esta iglesia parece más un templo de la antigua Atenas que un lugar de culto cristiano en el corazón de Cantabria. Es, sin duda, una de las obras más singulares del neoclasicismo español y un hito cultural y estético que sorprende a quien lo descubre por primera vez.

Un templo para la eternidad

Construida en 1890 por encargo de los duques de Santo Mauro, la iglesia se levantó sobre las ruinas de una ermita medieval. Su intención era erigir una capilla-panteón familiar, íntimamente ligada al Palacio de los Hornillos, la imponente residencia nobiliaria que se sitúa a pocos metros. El proyecto fue un acto de mecenazgo ilustrado y un homenaje a las formas de la antigüedad clásica, cuya pureza formal influyó en la nobleza decimonónica.

El resultado fue un edificio de una belleza arquitectónica excepcional: un templo griego hexástilo períptero, es decir, con seis columnas en la fachada y un perímetro de 40 columnas que lo envuelven. Todas pertenecen al orden corintio, el más decorativo de los estilos clásicos, y contribuyen a una imagen que evoca directamente al Partenón de Atenas. No es casual que haya sido bautizado popularmente con ese nombre.

Arquitectura singular en un entorno insólito

La iglesia de San Jorge es uno de los muy pocos ejemplos puros de neoclasicismo en Cantabria, y probablemente uno de los más destacados del norte peninsular. Consta de un solo cuerpo rectangular, con frontón triangular, arquitrabe sobrio, y una elegante cornisa de billetes. A diferencia de los templos dóricos griegos, carece de metopas y triglifos, lo que refuerza su simplicidad escultórica y su equilibrio volumétrico.

En el interior, aunque austero, se pueden contemplar pinturas murales del siglo XVIII y otros elementos devocionales que fueron conservados o trasladados desde otras construcciones religiosas previas. El edificio se rodea por un muro bajo de mampostería, que se abre en un plano superior desde el cual se domina un pequeño cementerio. Este diseño no sólo responde a criterios funcionales, sino que introduce una poderosa dimensión simbólica de elevación espiritual.

Aunque se concibió como capilla privada, los duques de Santo Mauro la donaron al pueblo de Las Fraguas, y desde entonces sirve como iglesia parroquial. A lo largo del siglo XX, como tantos otros edificios religiosos, fue utilizada como cárcel durante la Guerra Civil, episodio que hoy forma parte de la memoria silente del lugar.

Un 'decorado' de película

A escasos metros del templo se encuentra el Palacio de los Hornillos, proyectado por el arquitecto inglés Ralph Selden Wornum entre 1897 y 1904, y que sirvió como escenario para la película Los Otros, dirigida por Alejandro Amenábar y protagonizada por Nicole Kidman. Esta cercanía entre dos edificios radicalmente distintos —uno neoclásico, otro pintoresquista— convierte el entorno de Las Fraguas en una escena arquitectónica única en España.

Una joya cultural por descubrir

A pesar de su valor artístico y patrimonial, la iglesia de San Jorge sigue siendo un tesoro poco conocido, incluso dentro de Cantabria. Su acceso es sencillo, apenas a 36 minutos de Santander por la A-67, y constituye una visita indispensable para amantes de la arquitectura, el arte clásico o el patrimonio rural.

Contemplar esta iglesia rodeada de robles y montañas, entre neblinas matinales o cielos despejados, es una experiencia estética y emocional de primer orden. Es, además, una poderosa metáfora de cómo la belleza y el pasado pueden emerger en los lugares más inesperados, y de cómo Cantabria conserva aún rincones que asombran incluso a los ojos más viajeros.

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