Crónica Rosa

Michael Douglas refuerza su vínculo con Mallorca y la Serra

Michael Douglas mantiene un fuerte vínculo con Mallorca, donde reside en S’Estaca. Allí disfruta de tranquilidad, trabaja a distancia y apoya proyectos de conservación de la Serra de Tramuntana.
Michael Douglas vive en S’Estaca en equilibrio entre trabajo y paz. / EP
Michael Douglas vive en S’Estaca en equilibrio entre trabajo y paz. / EP

Michael Douglas, actor estadounidense de larga trayectoria, ha consolidado desde hace décadas un fuerte vínculo con la isla de Mallorca, donde reside largas temporadas en su finca de S’Estaca, situada en la Serra de Tramuntana. Esta propiedad, convertida en su refugio personal, representa más que un lugar de descanso; es un espacio íntimo alejado del bullicio del mundo del cine y protegido por un estilo de vida reservado y disciplinado.

De comportamiento sereno y discreto, Douglas se muestra con frecuencia en los pueblos de Valldemossa o Deià, caminando en compañía de su esposa, la actriz Catherine Zeta-Jones, sin llamar excesivamente la atención. Ambos han cultivado una vida privada que les permite preservar su estatus sin exponerse, conscientes de las exigencias que la fama impone. Douglas, actualmente en una etapa vital que define como pacífica, reconoce estar “en tregua con la vida y en paz consigo mismo”.

Su conexión emocional con la Isla se ve reforzada por la nostalgia que experimenta cada vez que debe marcharse. “Siento nostalgia incluso antes de partir”, confiesa, evidenciando un arraigo profundo hacia Mallorca. Durante la pandemia de COVID-19, la familia pudo convivir plenamente en la finca. “Justo acabábamos de despedirnos de nuestros hijos. Mi hija estaba estudiando en un colegio en Suiza, nos estábamos preparando para el síndrome del nido vacío y entonces llegó la COVID-19, que nos obligó a reagruparnos y fue maravilloso”, relata. “La pandemia nos unió muchísimo y estamos muy agradecidos de haber podido vivir todo este tiempo con nuestros hijos”, añade.

Uno de los factores que más satisfacción le genera es ver feliz a su esposa. Douglas afirma que “esposa feliz, vida feliz”, y que Zeta-Jones disfruta mucho más de su estancia desde que ya no comparten la propiedad con Diandra Luker, la primera esposa del actor. “Ahora se siente mucho más cómoda. Está decorando la casa a su manera. Eso le hace feliz, verla feliz de verdad y aquí, en su casa con sus amigos”, explica.

Douglas visita Mallorca desde hace más de 30 años y ha sido testigo de su evolución social y política, así como de los cambios de gobierno que han marcado la historia de la isla. No obstante, mantiene firme su compromiso con la conservación del entorno natural de la Serra de Tramuntana, de la cual se siente parte activa. Inspirado por la figura del archiduque Luis Salvador, el actor participó en la creación del centro cultural Costa Nord, con el propósito de proteger el legado histórico y natural de la zona.

Además, colabora con la organización Tramuntana 21, enfocada en la conservación de los olivos milenarios y en la defensa de la Serra contra la expansión urbanística. Su implicación va más allá del simbolismo, ya que trabaja de manera constante para garantizar que localidades como Deià mantengan su identidad.

Michael Douglas también es Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas, título que ha utilizado para fortalecer la candidatura de la Serra de Tramuntana como Patrimonio de la Humanidad. Su labor ha sido determinante para sensibilizar sobre la importancia de conservar esta región. “Estoy aquí porque es el sitio que más quiero en el mundo”, afirma, señalando que su residencia mallorquina es ya un legado familiar para sus hijos Cameron, Dylan y Carys, así como para futuras generaciones.

El actor admite haber atravesado períodos difíciles en su vida, que logró superar apoyándose en una plegaria significativa para él: “Dios, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, la fuerza para cambiar las cosas que sí puedo cambiar y la sabiduría para saber la diferencia”.

Desde la tranquilidad de S’Estaca, Douglas mantiene su actividad profesional trabajando por las tardes con Los Ángeles, mientras el resto del día lo dedica a disfrutar del entorno y a apoyar proyectos de conservación. Catherine Zeta-Jones, por su parte, encuentra satisfacción en las tareas del hogar y en actividades como coser cortinas junto a su madre, quien también los acompaña en ocasiones. La casa ya no es solo un lugar de descanso, sino un hogar en el que ambos han podido redefinir su presente.

El compromiso del actor con la isla no ha estado exento de momentos de incertidumbre. En el pasado, algunos habitantes pensaron que abandonaría Mallorca, una percepción que él atribuye a la incomodidad de compartir la vivienda con su exesposa. “Seis meses para cada uno no era algo agradable para nadie”. Sin embargo, con la situación resuelta y la propiedad totalmente en manos de la pareja actual, Douglas asegura que “nunca se quiso ir”.

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