Gastronomía

Este café frente al mar en Santander está sorprendiendo a todos

Su menú diario y su brunch están dando mucho que hablar

Pulpo, uno de los platos que ofrece el local. / C.B.
Pulpo, uno de los platos que ofrece el local. / C.B.

En pleno corazón de Santander, entre la luz cambiante de la bahía y los caminos sombreados de los Jardines de Pereda, se esconde un rincón donde la cultura y la gastronomía se dan la mano con elegancia y sencillez: el Café Centro Botín. Lo que a simple vista podría parecer una cafetería más dentro de un museo de arte contemporáneo, se ha convertido en uno de los espacios culinarios más singulares de Cantabria. Una experiencia que va más allá del plato, con el mar como telón de fondo y el arte como inspiración constante.

Una cocina con acento cántabro y mirada internacional

Bajo la dirección del Grupo Riojano y con el chef Manuel Mendoza al frente, la propuesta gastronómica del Café Centro Botín combina la esencia de la cocina de mercado, con productos de temporada, con una elaboración cuidada y, en muchos casos, innovadora. La carta navega entre lo tradicional y lo creativo, sin perder nunca el norte: las croquetas cremosas de jamón, las rabas de calamar, la ensaladilla rusa o el pastel de cabracho conviven con gyozas de cerdo al teriyaki, bocartes fritos con wakame o una falda de cordero rellena de manzana y pasas.

Este enfoque ecléctico, que mezcla la raíz local con toques de fusión, convierte cada visita en una experiencia distinta, versátil y siempre sabrosa. Además, la posibilidad de pedir en raciones o medias raciones permite construir un tapeo personalizado, ideal tanto para los visitantes del museo como para los santanderinos que repiten.

Un menú del día que sabe a fiesta

De martes a viernes, el menú del día (21 €) se ha consolidado como una de las mejores opciones de la ciudad en relación calidad-precio, gracias a una propuesta que no se conforma con lo fácil. El formato incluye tres entrantes, un plato principal y postre, con una selección que cambia a diario y sorprende por su variedad, frescura y presentación.

Entre los primeros, pueden aparecer opciones como pisto manchego, crema de queso fresco con vinagreta de mostaza o una cazuela de alubias rojas con chorizo y morcilla. Los principales se mueven entre elaboraciones marineras y platos de cuchara más contundentes, como merluza asada con patata panadera, carrilleras ibéricas al vino tinto con boniato o arroz meloso con cachón en su tinta y alioli.

El broche dulce puede ser tan sugerente como una tarta de limón con merengue suizo o unos profiteroles rellenos de nata y bañados en chocolate caliente, un guiño a los clásicos de la repostería con un toque de autor.

Un brunch a la altura del paisaje

Durante los fines de semana, el Café Centro Botín propone también un delicioso brunch disponible de martes a domingo entre las 11:30 y las 13:00 h, con reserva previa. Incluye bebida caliente, zumo natural, yogur con granola, bollito dulce o bizcocho, y una opción salada como pincho de tortilla o tostada con jamón ibérico.

Un formato ideal para quienes buscan desayunar tarde o empezar el día con algo especial tras visitar el museo o pasear por la bahía.

Cuando el arte inspira el menú

Este café no solo está dentro de un centro de arte: forma parte de su dinamismo cultural. A lo largo del año, se celebran cenas temáticas que acompañan las exposiciones temporales del Centro Botín, como ocurrió con la muestra "Máscara y Compás" de Maruja Mallo o la de Shimabuku, en la que se propusieron menús inspirados en la obra de los artistas. En estos eventos, tras una visita privada, los comensales disfrutan de un menú exclusivo como parte de una velada cultural y gastronómica sin igual.

El espacio está diseñado para que el tiempo se detenga. Con una capacidad de 70 comensales en sala y una terraza abierta al mar con veinte mesas, el Café Centro Botín ofrece una experiencia completa. La atención es cuidada, el ambiente es tranquilo y los pequeños detalles marcan la diferencia: el café es de Dromedario, la bodega tiene 40 referencias seleccionadas, y el entorno no podría ser más sugerente.

Desde un simple café, hasta una comida de celebración o una tarde de tapeo, este rincón frente al mar demuestra que gastronomía y cultura pueden ir de la mano. Porque a veces, para disfrutar de Cantabria, solo hace falta sentarse a la mesa, dejarse llevar por los sabores y mirar al mar.

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