Esta localidad cántabra guarda un trozo de la Cruz de Cristo
Este municipio, que llevó el nombre del valle hasta 1835, pasó a denominarse Camaleño. En tiempos antiguos, formaba parte de la Merindad y provincia de Liébana.
Un lugar cargado de historia
Según la crónica de Alfonso III, en el término de Cosgaya los árabes supervivientes de Covadonga sucumbieron bajo un alud de piedras. Además, en este valle perdió la vida Fávila, el segundo rey astur, quien fue desgarrado por un oso.
Por aquella época, ya existía un monasterio en Turieno, dedicado a San Martín, donde se conservaba un gran trozo de la Cruz de Cristo y el cuerpo de Santo Toribio, quien supuestamente trajo la reliquia desde Palestina. Este monasterio, con el tiempo, se convirtió en un importante centro de peregrinación, reconocido con el privilegio de jubileo otorgado por diferentes papas.
Durante el siglo XII, el monasterio pasó a depender del de Oña, y el proceso de señorialización sometió el valle a la jurisdicción de los marqueses de Santillana y los duques del Infantado.
Cambios administrativos
Camaleño perteneció al partido judicial de Potes hasta hace cuarenta años, cuando pasó a formar parte del de San Vicente de la Barquera, jurisdicción en la que se encuentra actualmente.
Toponimia y geografía
El lugar es conocido también como Turieno o Santibáñez. Ubicado a 330 metros sobre el nivel del mar, el terreno es áspero y desigual, y dista 4 kilómetros de la capital municipal, Camaleño.
Testimonios históricos
En los siglos IX y X, Turieno contaba con dos monasterios: uno dedicado a San Adrián y Santa Natalia, y otro bajo la advocación de San Justo. Hacia mediados del siglo XIX, según el Diccionario de Pascual Madoz, la localidad tenía 50 casas, una escuela, una iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de las Cortes, y un terreno fértil para granos, legumbres, frutas y pastos, además de ganado y caza abundante.
En 2023, Turieno cuenta con una población empadronada de 93 habitantes, todos residiendo en el núcleo principal.
Este lugar, con su riqueza histórica y su conexión con tradiciones de peregrinación, continúa siendo un símbolo de la herencia cultural y espiritual de Cantabria.

