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El Diario de Cantabria

Tan amigos

Laredo y Racing empataron sin goles | El equipo local se marchó satisfecho por haberse mostrado superior a su rival | El de la capital, incómodo en todo momento, no tuvo más remedio que dar por bueno el punto

Iñigo Sainz Maza y Borja Ares sellan las tablas una vez terminado el encuentro de ayer en San Lorenzo. / hardy
Iñigo Sainz Maza y Borja Ares sellan las tablas una vez terminado el encuentro de ayer en San Lorenzo. / hardy

Los dos dieron por bueno el resultado, pero mientras el Laredo, aún sabiendo que el Racing se le había escapado vivo, lo celebraba, el equipo de la capital se preocupaba. No eran gestos alegres y de satisfacción por haber librado una mala tarde los que se veían en los técnicos y en los futbolistas verdiblancos, sino la certeza de que esto no funciona. Sigue sin haber evolución en el juego y eso hace que en cuanto la pelota no entre en alguna de las pocas ocasiones que tienen, quede la sensación de vacío. Estaban avisados. No hay victoria pero tampoco hay estilo propio, ni personalidad, ni juego. Sólo silencio. Aún no se sabe cómo quiere ganar el Racing en campos como el de ayer, de los que va a haber muchos desde aquí y hasta el playoff. La salida de Lezama o la próxima que le espera, que será la de Zubieta, son de mentira. No son la realidad del grupo segundo. La realidad es San Lorenzo y allí el equipo local mereció ganar. Fue mejor y por eso sonrió a pesar del empate. No ganó pero tuvo algo de lo que alimentarse.

Tan malo fue el partido del Racing que incluso se tuvo que conformar con arañar un punto. Lo normal es que se hubiera ido al descanso perdiendo pero no llegó la reacción esperada tras salir de vestuarios. Hubo un par de fogonazos que terminaron en la única ocasión seria de haber marcado, pero mientras que en Lezama acertó, ayer no lo hizo. No hay mucho más. El equipo no encontró la manera de enseñar su supuesta superioridad porque admitió jugársela a lo que quería su rival. Y ahí el Laredo es mejor. Y lo mismo sucederá en Getxo, en Amorebieta o en Leioa. Ha de encontrar el conjunto cántabro la manera de marcar territorio en campos complejos porque, de lo contrario, se va a dejar muchos puntos que echará de menos en la segunda fase.

Una de las dudas, de puertas hacia fuera, con la que se presentó el partido era el esquema que iba a utilizar el Racing. Y Rozada apostó por salir con 4-4-2. Es lo que había trabajado todas estas semanas y parece que le gustó el resultado. Con el cambio, buscaba una evolución en los suyos. Una vez afianzada la solidez defensiva, quería dar un paso más, tener más el balón, ser más protagonista y jugar más en campo contrario. Si de verdad buscó ese el Racing ayer en San Lorenzo, su fracaso fue muy grande porque no lo logró para nada. De hecho, su juego fue una continuación de lo visto antes del parón. Y es un juego que no invita a sacar el vino bueno.

Si hay algo que ha de explotar el Racing esta temporada y, más todavía, hasta que empiece a encontrarse verdaderamente a gusto con lo que hace sobre el terreno de juego, es conseguir sacar el mayor partido posible a Pablo Torre. El canterano ha sido el jugador más desequilibrante del equipo en el arranque de la competición y no debería tener rubor alguno a conformar el equipo en torno a él. Tiene sólo 17 años pero es quien ha conseguido que pasen cosas. Lo hizo jugando como interior dentro del 3-5-2 que comenzó dibujando su equipo en los tres primeros partidos pero ayer le tocó empezar por banda izquierda. Y desde ahí cambia el punto de vista.

No es fácil colocar al de Soto de la Marina en un 4-4-2. La idea de Rozada era que arrancara desde el carril del once para en seguida meterse hacia posiciones interiores y dejar todo el carril a Maynau, que transmitió buenas sensaciones en su primera aparición como titular. Sin embargo, esa maniobra apenas se dio. La perla de la cantera verdiblanca apenas apareció en el partido, su sacrificio defensivo tuvo que ser mucho mayor y, al final, fue  todo el colectivo quien se resintió. Faltó presencia más allá de la línea de medios, faltó pausa y faltaron ideas o alguien que hiciera algo diferente, un cambio de ritmo que alterara la dinámica que llevaba el encuentro. Fue todo muy plano, un suceder de juego directo del que no se sacaba partido alguno porque ni se ganaban duelos ni se cazaba la segunda jugada. No se entendía muy bien qué quería hacer el Racing.

El equipo sigue sin agruparse en torno al balón para intentar diferenciarse de su rival y dar forma a algo y, además, se quedó sin apenas presencia por bandas que le aportara un poco de profundidad. Para meter a Pablo Torre en ese 4-4-2, Álvaro Bustos se tiene que ir a la derecha y Camus quedarse en el banquillo. El de Soto de la Marina intentó ser protagonista pero las pocas veces que tuvo la pelota estaba demasiado escorado y antes de tomar aire ya le habían hecho falta.

Dio la sensación de que la historia iba a ser diferente cuando, sólo a los cinco minutos, ya logró poner su nombre a una buena acción tras recibir el balón por su costado zurdo procedente de Álvaro Bustos, que había robado en zona de tres cuartos. El canterano logró llevar el balón a Ceballos, que avanzaba por el extremo contrario, y éste centro al corazón del área, donde remató Balboa fuera pero donde también la esperaba, quizá en mejor situación, su compañero Cedric. Ambos fueron quienes comenzaron formando la punta de ataque ayer. Y no tuvieron suerte. No lograron participar del juego de los suyos porque el Racing apenas cruzó de la línea de medios. La impotencia tuvo que ser máxima. Se fueron a la hora de partido sin saber muy bien cuál había sido su papel en toda esta historia.

El cambio fue natural. Rozada ha concedido a Cejudo el papel de delantero aunque, en verdad, es una forma de engañarse. Con él sobre el verde, el Racing al menos intentó enlazar juego, comenzar a fabricar algo con sentido que, poco a poco, fuera dándole más presencia en el área pejina. Con todo, el principal cambio que se dio a esa hora de juego fue la mayor decisión de Pablo Torre en tirarse hacia el centro. De hecho, tras la entrada de Camus en la recta final, el dibujo ya pasó a ser un 4-2-3-1 con Cejudo por la derecha y Torre por el medio. Si el entrenador quiere sacar el mayor partido del de Soto de la Marina, da la sensación de que todo va a ir dirigido hacia ese esquema. Una fuerza natural le va a llevar ahí.

Tras haber aguantado los arreones del Laredo en la primera hora de partido, quizá interpretó el Racing que había llegado su momento. Porque es cierto que si alguien debió llegar ganando a ese minuto sesenta había sido el bando local, que había estampado un balón en la escuadra y que había hecho trabajar a Iván Crespo. El capitán aún no había tenido oportunidad de lucirse esta temporada porque apenas le habían tirado a portería. Ayer sí. Ayer salvó a los suyos de un gol cantado.

Sucedió a los 21 minutos de juego, la primera de las tres ocasiones consecutivas en las que el equipo rojillo escribió la misma jugada: saque de banda de Rasines, peinada de Óscar en el primer palo y remate de cabeza de un compañero. En ese momento, fue Vinatea quien cabeceó con claridad enviando, además, el balón abajo, donde tan complicado es cazarlo cuando el guardameta está tan cerca del rematador. Pero el cancerbero verdiblanco reaccionó a lo grande. Fue una acción de puro reflejo y de una agilidad de gacela. Los años no pasan por el capitán.

Lo más sangrante para el Racing fue que el Laredo calcó la misma jugada siete minutos después siendo esta vez Varo quien remató y un defensor quien despejó bajo palos. Poco después, hubo una tercera que se resolvió con un barullo en el área. Fue sintomático que Óscar ganara siempre el duelo en el primer palo. Nadie fue capaz de alterar el relato. Y lo peor es que esa sensación de rondar en todo momento el gol había comenzado muy temprano, cuando el reloj aún marcaba el cuatro. Había resaltado Rozada el día anterior la importancia de comenzar bien y a punto estuvo de llevarse la primera en la frente, ya que un buen centro desde la banda derecha fue rematado de cabeza por Varo en el segundo palo enviando el cuero a la escuadra derecha de Iván Crespo.

El susto fue enorme. El Racing respondió rápido con aquel cabezazo de Balboa que se había ido fuera, pero lo cierto es que el equipo de la capital fue incapaz de fabricar fútbol. De poco sirvió el cambio de esquema. Quizá, para dejarle incluso más debilitado en un medio campo que no llegó a controlar en prácticamente todo el partido. Nadie estaba a gusto. Su única producción ofensiva del primer tiempo vino a balón parado con un derechazo de Matic que se fue alto por poco. Con todo, la acción que de verdad pudo haberlo cambiado todo fue también la única jugada combinativa que enlazó el Racing en todo el encuentro. Terminó con un centro raso de Ceballos a Cedric que éste controló en el corazón del área hasta ver llegar a Bustos con un hambre voraz. Lo tuvo todo a favor para marcar pero el balón dio al larguero antes de irse alto. Aquello podría haber cambiado las conclusiones del partido, disimular las carencias y afirmar que el Racing había sabido ser práctico, mantener la portería a cero y aprovechar la que tuvo. Que así funciona en estos campos. Pero no fue así. Ayer no hubo gol alguno que escondiera la pelusa debajo de la cama. No va a haber más remedio que mirarse al espejo y ver las arrugas dibujadas en el rostro.

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