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El Diario de Cantabria

Penúltimo castigo

El Racing perdió en el Carlos Tartiere por culpa de un único gol fruto de una nueva concesión defensiva, esta vez a los siete minutos

Obeng, elevándose por encima de Olaortua. / LA LIGA
Obeng, elevándose por encima de Olaortua. / LA LIGA
Penúltimo castigo

El Oviedo Racing podría haber sido un partido apasionante. El día de ayer al completo podría haber sido un día para el recuerdo con un desplazamiento masivo de seguidores cántabros que hubiera permitido disfrutar de una de esas jornadas de reafirmación racinguista tan necesarias de vez en cuando. En el mejor de los casos, quizá hasta los dos equipos podrían haber tenido algo en juego y podrían haber reafirmado su rivalidad de los últimos años con un partido a vida o muerte por la permanencia. Podría haber sido toda una final, un partido de fútbol de verdad. Sin embargo, fue todo lo contrario. Se hizo complicado aguantar los noventa minutos delante de la pantalla.

Un equipo descendido como el Racing es capaz de dar la cara y de convertirse en un equipo imprevisible si el resultado se mantiene empatado o incluso se pone por delante. No es garantía de nada, pero sí de que puede haber partido. Sin embargo, si sucede lo contrario y a las primeras de cambio ya le marcan un gol, lo más normal es que baje los brazos. Ayer los dos lo hicieron en cierto modo, ya que, entre unos y otros, lograron que no pasara nada. Después del 1-0 y de que, seguidamente, el VAR le dejara sin el empate al Racing por una mano que no había visto nadie, el encuentro no tuvo mucha más historia. Tanto unos como otros estaban deseando que se terminara la contienda y, a poder ser, que les dieran las vacaciones porque, con ese resultado, el Oviedo certificaba matemáticamente la permanencia.

Al Racing no le ha ido bien este año porque siempre le ha pasado algo. Muchas veces le ha sucedido en los últimos minutos de la contienda e incluso en el descuento y eso mata moral y materialmente a cualquiera. Ayer, sin embargo sucedió a los siete minutos de encuentro. Fue entonces cuando le regaló un gol a su rival dejando, en verdad, la contienda más que encarrilada para el equipo local, que era el único que ayer se jugaba algo. Partió con cuatro puntos de ventaja sobre un descenso que ha temido desde el primer día a falta de sólo seis puntos por disputarse, pero no quería jugar con fuego porque, además, el último día le iba a tocar jugar en Elche, donde aún sueñan con lo máximo, por lo que quería que la historia terminara ayer. Al final, incluso pediendo habría amarrado su objetivo, pero eso no lo sabía cuando empezó la contienda.

El Racing ayudó a terminar con el mínimo suspense que pudiera quedar en el seguidor ovetense. Al Oviedo le bastó con sacar una falta en su propio campo hasta la posición de los delanteros para que el equipo verdiblanco le colocara el postre en la bandeja. Fue el siempre peligroso Ortuño quien arrastró a dos defensores dejando a Iñaki Olaortua solo con Obeng, que se convirtió en la gran pesadilla para la retaguardia racinguista durante, sobre todo, el primer tiempo. El defensor vizcaíno intentó despejar de cabeza pero calculó mal y lo que, en definitiva, hizo fue dar continuidad al balón y peinársela al peligroso atacante carbayón. Así, se quedó solo ante un Iván Crespo a media salida que vio cómo la pelota pasaba por encima de él para meterse directamente a la portería.

La gran pifia del Racing no tardó en llegar. Era tan esperada como el Gordo de Navidad. Todo el mundo sabe que va a salir en algún momento y el punto de atención está en saber si sale temprano o sale tarde. Y ayer no se hizo esperar. Fue madrugador, que dirían las retransmisiones de ese tradicional sorteo. Teniendo en cuenta los condicionantes con los que ambos equipos se presentaron a la contienda, el partido se podía dar por muerto a partir de ese gol de Obeng, pero, de pronto, el conjunto cántabro se encontró con algo con lo que no se había encontrado en todo el año. Fue e rival el que le regaló un gol al no entenderse Arribas y el portero Lunín. Nico Hidalgo se encontró con una situación a puerta vacía que no desaprovechó corrigiendo así lo sucedido unos segundos antes. Una por otra. Sin embargo, al Racing nunca le regalan nada y por eso lo que le concedió el Oviedo se lo quitó el VAR. Desde Las Rozas, vieron una mano del motrileño que no había visto nadie en vivo y en directo que dejó sin valor ese tanto.

A partir de ahí, entró el encuentro en un periodo en el que daba la sensación que el juego era al ralentí. El Oviedo tenía muy claro que lo que tenía que hacer era mantenerse bien ordenado y aprovechar los errores que pudiera cometer el conjunto cántabro, que incluso estuvo a punto de marcarse un gol en propia puerta cuando Moi intentó despejar la pelota a un centro fuerte y raso de Obeng. Lo cierto es que poco más hizo el bando carbayón en ataque. Lo malo es que el Racing tampoco fue capaz de generar demasiado peligro. El partido era para olvidar, sin un dueño claro y sin que ninguno de los dos equipos apretara de verdad los dientes. Y en el fondo era normal. Ninguno quería hacerse daño.

Esto no quiere decir que los hombres de Oltra no buscaran en todo momento el tanto que les volviera a meter en la contienda. De hecho, encontró una puerta abierta en la banda izquierda de los ovetenses, la misma por la que ayer disfrutó un Nico Hidalgo que, por momentos, se sintió el mismo jugador de principios del 2019. Desbordó y puso en serios problemas a un carril que no logró dominar durante el primer tiempo la pareja formada por Mossa y Bárcenas. Lo malo es que sus aventuras no solían quedar en gran cosa más allá de mantener activo a Lunín, que incluso se llegó a jugar el físico para despejar un balón que transportaba el motrileño. llegó con cierta asiduidad a zona de tres cuartos, pero le faltaban opciones de remate. Quizá por eso, Oltra sacrificó a la figura encargada de enlazar líneas, como era Martín Solar, para incorporar a un segundo delantero. Entró Javi Siverio para acompañar a Guillermo arriba mientras que Marco Camus volvió a sustituir a un Nando que transmite información confusa. Viéndole, uno no sabe si, más allá de su rendimiento, juega con ganas o con desgana. Luego, también da la sensación de que no le gusta que le quiten porque se marcha balbuceando palabras para sí mismo manteniendo ese aspecto de

tipo cansado. Contra el Huesca firmó una notable actuación que hizo agujeros por su banda, pero ayer no. Ayer fue Nico Hidalgo quien se llevó el protagonismo y quien tenía el taladro.

Lo cierto es que fueron los delanteros los que centraron el tramo inicial del carrusel de cambios del segundo tiempo, ya que Ziganda empezó cambiando a los dos que tenía mientras que Oltra, poco después de haber metido a Siverio, hizo lo propio con Jon Ander por Guillermo. Lo malo fue que no sirvió para demasiado porque el encuentro mantuvo su tónica habitual con un Oviedo

Más allá del gol anulado, fue un cabezazo de Olaortua la única jugada que estuvo más o menos cerca de igualar el encuentro. Sin embargo, el central que había fallado en el tanto que abrió el partido volvió a darle mal, picó demasiado el balón y, para cuando llegó a la línea de gol, sobre la que se lanzó bien Lunín, ya apenas tenía fuerza.

Al Racing le faltaba presencia arriba. Durante la primera hora de encuentro y, sobre todo, los primeros tres cuartos de hora entregándose a su orden defensivo cediendo incluso la pelota al Racing. Era éste quien se sentía dominador por mucho que quien tuviera dominado el encuentro fuera su rival y quizá eso animó a Oltra a meter más artillería todavía. Miró al banquillo e incluso puso en escena a David Rodríguez para jugar con sólo tres atrás y para jugar con otros tantos arietes. A pesar del regalo del minuto siete, el equipo seguía metido en la contienda y quiso aprovecharlo Oltra para buscar algo en lo que era difícil creer.

El Racing quería que sucediera algo incluso a riesgo de que se rompiera el partido, pero Cuco Ziganda quería evitarlo. Por eso respondió al movimiento de Oltra metiendo al cántabro Cristian Fernández y formando así una defensa de cinco atrás. Eso dio prolongación a la dinámica que llevaba la contienda, que consistía en un monólogo improductivo con el balón del Racing. Eso le bastaba al conjunto ovetense porque ya había hecho lo que tenía que hacer, que era aprovechar la concesión racinguista para certificar así su permanencia.

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