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El Diario de Cantabria

Un equipo de 24 años de media y «sin hambre»

A pesar de la juventud del equipo que presentó el Racing en Leioa, Rozada echó de menos «ganas», «orgullo» y «competitividad»

Balboa fue el punta que salió de inicio a jugar en Sarriena. / Hardy
Balboa fue el punta que salió de inicio a jugar en Sarriena. / Hardy
Un equipo de 24 años de media y «sin hambre»

Javi Rozada fue especialmente duro con sus jugadores tras cosechar la primera derrota de la temporada. A la hora de analizar las causas de la misma, acusó a los suyos de no tener «ganas de ganar, ganas de meter un gol y de ese orgullo competitivo que hay que tener». Lo repitió muchas veces. Percibió que sus jugadores no habían tenido el «hambre en campo contrario» que caracteriza a los «ganadores y de saber que somos el Racing y de que a veces hay que ir al área con más fe o sacar un centro en una situación compleja». Echó en falta «ese orgullo y ese espíritu de equipo ganador que hay que tener para ganar en Leioa». Tanto es así, que incluso se confesó defraudado por esa falta de «competitividad y de ganar en campo contrario». No se anduvo por las ramas. Vio que a sus hombres les había faltado carácter y así lo expuso. Sobre todo, cuando es algo que no puede faltar para intentar llevarse algo positivo de un campo como Sarriena.

Si alguien oyera las palabras de Javi Rozada fuera de contexto y sin saber muy bien a qué jugadores se estaba refiriendo, concluiría de manera sencilla que había puesto a jugar en Leioa a un equipo un tanto veterano, que se sabe muy superior y que salió a jugar con la certeza de que iba a acabar marcando casi por inercia; un equipo formado por jugadores que están de vuelta, que han jugado en grandes escenarios y que se consideran fuera de sitio teniendo que bajar al barro de Sarriena. Sin embargo, no fue así. Apenas había en el once futbolistas que pudieran responder a ese perfil. De hecho, fue el once inicial más joven presentado por el entrenador asturiano hasta la fecha. Tanto es así, que la media de edad de los jugadores que comenzaron el partido fue de sólo 24,18 años. Es difícil rebajar esa edad fuera de un filial y más aún en el seno de un proyecto que aspira a ser campeón. Sin embargo, les faltó hambre. Así lo percibió su entrenador y, en buena medida, cualquiera que viera el encuentro.

Si hay algo que caracteriza a la juventud o que, al menos, debería caracterizarla es el desparpajo, la valentía, el descaro y, sobre todo, la voracidad. De este modo, el perfil de muchos de los futbolistas que saltaron al terreno de juego en Leioa debía responder a uno contrario al que después percibió su entrenador. Además, algunos de ellos no estaban teniendo demasiada continuidad en los partidos anteriores, por lo que a su juventud se sumó la oportunidad que tuvieron para reivindicarse. Lo esperable era, por lo tanto, que hubieran enseñado los colmillos y las garras, además de su calidad, pero no se vio nada de eso. Al menos, Rozada no lo encontró sobre la batalla de Sarriena.

El único jugador del equipo inicial que superó la treintena fue Iván Crespo, que sube considerablemente la media de edad al tener 36. Los siguientes de mayor edad ya tenían diez años menos. Son, en concreto, Matic, Nana y Cedric, que tienen 26 cada uno. 25 tienen Álvaro Bustos y Alberto Villapalos, 22 Benktib, 21 Ceballos, 20 Martín Solar y Mantilla y 19 Marco Camus. Rozada apostó por un equipo muy joven pero le faltó «competitividad», «orgullo», «ganas de ganar y de marcar» y «hambre». Parece una contradicción, algo antinatural. Es difícil de explicar.

en ataque. El entrenador asturiano destacó que todas esas carencias las había percibido, sobre todo, de medio campo hacia delante. Cree que faltó decisión, ganas de comerse el área, de marcar y solventar por la vía rápida el partido. Con el envite recién terminado y en caliente -aunque después de revisar el partido en vídeo quizá piense otra cosa- fue ahí donde encontró el principal problema para no haber ganado. Y los máximos responsables del ataque eran, a excepción de Álvaro Bustos, jugadores que debían aprovechar el encuentro para dar un golpe encima de la mesa. Rozada ya había avisado en la comparecencia de prensa previa al encuentro de que quería ver a los jugadores aprovechar las oportunidades como la había aprovechado Martín Solar contra el Barakaldo, pero no hubo ningún ‘héroe’ en Leioa. Todo fue muy plano. Nadie dijo, mira, míster, a ver si tienes agallas a dejarme otra vez en el banquillo.

Precisamente, el único jugador que generó peligro más allá de la línea de medios fue uno que lo viene jugando todo y que, además, ya se sabe con la entera confianza del técnico, como es Álvaro Bustos. Los demás, se mantuvieron un tanto agazapados. Sobre todo, un Marco Camus que no termina de romper en liga regular. Durante las semanas de pretemporada que pudo estar, fue de lo mejor del equipo y sobre él estaban puestas grandes esperanzas para desequilibrar por la banda, pero no termina de enseñar esa buena versión que lleva dentro. Contra el Alavés B, que fue el día de su debut, jugó por banda izquierda aunque de carrilero, un puesto que se amolda poco a sus aptitudes, mientras que en Leioa lo hizo por la derecha, a pierna cambiada. Él dice que es ahí donde se siente más a gusto pero lo cierto es que su rendimiento suele ser mejor por la izquierda. En Sarriena no estuvo nada bien y por eso duró sólo 45 minutos sobre el césped. A sus 19 años, quizá fue uno a los que dirigió sus dardos el entrenador tras el encuentro.

Para quien también era una  prueba de fuego fue para Ismael Benktib, que no aparecía en escena desde el partido de Lezama, y para Martín Solar, que necesitaba confirmar todo lo bueno que hizo el sábado contra el Barakaldo. Ninguno de los dos estuvo brillante porque, de hecho, su función fue dotar de fútbol y personalidad al equipo desde la sala de máquinas y el colectivo no carburó. El hispano marroquí comenzó bajando a recibir para entrar en contacto con la pelota pero acabó participando menos. El canterano, por su parte, fue de menos a más y, de hecho, el equipo fue creciendo en el inicio del segundo tiempo, cuando fue entrando más en juego, pero tampoco ayudó a unir líneas y a crear una verdadera asociación a la hora de mover el balón. El equipo intentó hacerlo, pero no le salió.

Arriba se colocó Cedric, que también había brillado saliendo desde el banquillo contra el Barakaldo pero que pasó más desapercibido en Leioa. Como todos. Intentó correr al espacio e incluso logró rematar una, pero siguen los delanteros sin sentirse demasiado protagonistas en el equipo. Menos aún, lo hace quien juega de inicio. De hecho, los puntas que han marcado lo han hecho siempre saliendo desde el banquillo, cuando los titulares han hecho ya una labor de desgaste. En Sarriena no brilló ni quien jugó de inicio ni quienes salieron de refresco en el segundo tiempo, que fueron Balboa y Jon Ander. Al campo fueron entrando ‘peloteros’ que, en teoría, debían facilitar que les llegaran balones, pero lo cierto es que no disfrutaron de ninguno. En cuanto marcó el Leioa, se acabó el partido por mucho que quedara un cuarto de hora para el final. No fue capaz el Racing de encontrar la manera de que siguieran sucediendo cosas porque, en definitiva, le sigue costando encontrar la manera de sentirse fuerte, poderoso y con mando en ese tipo de campos.

Las dudas siguen instaladas en el mismo sitio. El Racing ya advirtió en la pretemporada de que le podía costar dar la cara en esos terrenos de juego complejos ante equipos altamente competitivos y de ideas claras que iba a tener que visitar en el presente curso y no ha salido de ese callejón. Lo demostró en Laredo y lo confirmó en Sarriena. Su tercera salida hasta la fecha, que también fue la primera, fue a Lezama, un lugar que supone una excepción como también lo será la visita a Zubieta del próximo domingo. Quizá ahí se encuentre más cómodo el conjunto cántabro porque la batalla no será tan física.

Quiso dejar claro Rozada tras el partido contra el Leioa que éste no había tenido nada que ver con el disputado ante el Laredo. Y es posible que tuviera razón. El Racing no estuvo tan sometido como lo estuvo ante el equipo pejino, donde dio muestras de haberse presentado a jugar sin tener un plan establecido sobre lo que quería hacer sobre el terreno de juego y cómo quería ganar a su oponente. Por todo ello, aceptó las formas de su contrincante, algo que, definitivamente, le borró de la pelea porque ahí no tenía nada que hacer. En Sarriena, en cambio, no quiso caer en la misma trampa e intentó mostrar cierta personalidad jugando por bajo, pero le costó. Y es cierto que tampoco es fácil, pero también lo es que, a estas alturas, ha quedado claro que el Racing no sabe cómo ganar en esos campos vascos donde se va a jugar todavía muchos puntos. No ha encontrado el punto.

La responsabilidad de la salida del balón recayó sobre Matic, que, ante la falta de socios, a menudo tuvo que enviar en largo buscando la carrera de Bustos o de Cedric. Nana quizá estuvo más fino con balón que otros días pero hubo demasiada separación con la línea siguiente. Quizá el hecho de contar con dos centrales eminentemente lentos pudo echar para atrás el equipo y abrir una brecha con los jugadores con más talento y, en definitiva, con los que debían tener más criterio con balón, que, sobre todo, debía ser Martín Solar. Le costó a éste aparecer como también le costó a Benktib. Y, cuando el balón por fin superaba la línea de medios, Rozada percibió que faltaba hambre por marcar de una vez por todas y hundir así a un equipo moralmente tocado. No lo hizo. Fue el Leioa quien sí tuvo hambre porque siempre la tiene.

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