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El Diario de Cantabria

RACING - REAL SOCIEDAD B

Un buen punto de partida

El Racing ganó 2-1 su primer partido de pretemporada tras remontar el gol de la Real Sociedad B a los dos minutos  | El equipo cántabro mejoró considerablemente en el segundo tiempo, donde tuvo minutos ilusionantes

Los jugadores del Racing celebran uno de los dos goles anotados en la tarde de ayer. / Hardy
Los jugadores del Racing celebran uno de los dos goles anotados en la tarde de ayer. / Hardy
Un buen punto de partida

El resultado es lo de menos cuando aún quedan cuarenta días para empezar, pero siempre gusta ganar. Más aún cuando delante está otro guapo del grupo que, en principio, va a partir con ánimo de luchar también por lo máximo. No hay que desperdiciar ninguna oportunidad de marcar territorio y el Racing lo hizo. Ganó su primer amistoso del verano, lo hizo remontando y transmitiendo una imagen de esperanza en el segundo tiempo. Duro lo van a tener los técnicos para descartar a alguno de los que jugó durante esos 45 minutos en los que el bando local no sólo dio la vuelta al marcador, sino que por momentos incluso se gustó. No es poca cosa para empezar.

El cambio llegó a partir del centro del campo y unas bandas mucho más profundas. La presencia de Dani González, Martín Solar y Pablo Torre dio otro aire al equipo en la sala de máquinas y el balón comenzó a transitar de un lado para otro con ritmo y con sentido. Es cierto que Marco Camus no acertó con las decisiones que tomó por banda izquierda, pero cuando Javi Rozada apostó por cambiarle de banda, la cosa cambió. Por la derecha comenzó a funcionar de verdad y terminó siendo decisivo para que el conjunto cántabro marcara los dos goles que le permitieron merendar una victoria. Siempre es mejor avanzar con el viento a favor que en contra.

El fútbol lo escribieron Torre y Martín, las jugadas de los goles las impulsó Camus y la firma de la remontada la puso Dani González. En ambas acciones llegó desde atrás para sorprender a una retaguardia donostiarra a la que se le hizo larga la contienda. El tipo lleva un puñal entre los dientes. En el tanto de la igualada, el extremo santanderino firmó un cambio de ritmo que desarboló al lateral para terminar lanzando un centro raso que la zaga despejó mal. Tanto es así, que regaló el balón al medio centro de Reinosa, que estaba entre el área pequeña y el punto de penalti sin nadie que rompiera la distancia de seguridad. En lugar de ponerse nervioso y quitarse de encima ese cáliz antes de que se lo comieran los defensas, paró la pelota, levantó la cabeza, pensó y la puso en un lugar donde era imposible que llegara el guardameta.

El tanto fue la recompensa a un segundo tiempo en el que el Racing fue mejor que el filial donostiarra. Éste había cambiado de dibujo tras el paso por vestuarios. Las cosas no le iban mal pero Xabi Alonso, su mediático entrenador, es bien consciente de que la pretemporada está para probar cosas. Y quiso jugar con sólo tres defensas dejando más aire por las bandas, lo que favoreció a Bustos y a Camus. El primero dice sentirse mejor por la izquierda pero empezó por la derecha. El segundo dice sentirse mejor por la derecha pero empezó por la izquierda. Y lo cierto es que la combinación mejoró cuando cambiaron su papel inicial. Aparecieron continuamente porque los medio centros les encontraban. Martín Solar jugó por delante de los Juan y Gil y por detrás de Pablo Torre y Dani González y confirmó que ahí se puede manejar bien. Tener calidad con los pies y un sentido combinativo del fútbol no está reñido con la contundencia cuando ésta es necesaria. Ayer lo dejó él bien claro.

Lo de Pablo Torre es ya muy descarado. Es imposible que alguien le vaya a bajar de este equipo no sólo por el fútbol que aporta, sino por el temple de jugador veterano que transmite sobre el terreno de juego. Buena parte de la culpa del gol que consumó la remontada fue obra suya porque, para empezar, fue quien robó la pelota en campo contrario. En seguida se la dio a Camus y, seguidamente, le dobló por el exterior. Su compañero se la devolvió y el juvenil, casi sobre la línea de fondo, envió el pase definitivo a la olla, al lugar donde se cuece el pulpo y se buscan los bacalaos. Allí había dos opciones, una Siverio y otra Dani González. Remató el segundo pero el balón rebotó en el primero para terminar de despistar al portero y ayudar a que la pelota se colara dentro raspando la base del palo.

Importantes resultaron ayer los laterales. Rozada quiere que sean valientes, que defiendan pero que también sorprendan en ataque. En ese aspecto, hubo dos que destacaron por su potencia, que fueron Simón en el primer tiempo y Mantilla en el segundo. A este último le tocó jugar a pierna cambiada y, aún así, fue capaz de poner su nombre al partido tanto en campo propio como en campo rival. Confirmó que puede ser todo un comodín, un chico para todo de los que a todo entrenador gusta tener en sus filas. Y que nadie se cruce con él porque es una auténtica locomotora.

La historia terminó bien pero comenzó mal. Los primeros trazos del Racing de Rozada siluetearon un 4-3-3 cuando su equipo tenía el balón que se parecía más a un 4-2-3-1 cuando no lo tenía. Colocó a Iván Crespo bajo palos, a Mirapeix y a Jordi Figueras en el centro de la retaguardia y a un tercer central, Miguel Goñi, para jugar en el lateral derecho, lo que deja bien claro la carencia que sigue teniendo el equipo en esa posición, donde tampoco terminó de estar a gusto en el segundo tiempo Ceballos. En el puesto del tres se situó Simón y por delante de toda la retaguardia Iñigo Sainz Maza con la misión de barrerlo todo. Frente a éste se situaron Cejudo y Benktib, Mateo Gandarillas se movió por la derecha, Nico Santos por la izquierda y Jon Ander como hombre más adelantado. La puesta en escena de este equipo, que fue el que jugó en el primer tiempo, transmitió una cierta preocupación pero fue poco a poco a más hasta terminar incluso mejor que el filial donostiarra.

En los diez primeros minutos de contienda sólo hubo un equipo. De hecho, la Real Sociedad B dio muestras de jugar a una velocidad más y, en definitiva, de dar la sensación de ser un equipo mucho más hecho. Se hizo dueño del balón, superó por mucho al centro del campo verdiblanco y, aunque apenas remató, tampoco le hizo demasiada falta porque en sólo dos minutos ya se había adelantado. Y lo hizo gracias a una concesión de la retaguardia que permitió al espigado punta de origen riojano, una torre de más de 1,90 más largo que las farolas de La Albericia, dejar bien claro que no era ningún tronco. Lo podía parecer, pero no lo es. De hecho, Xabi Alonso puso en escena un once en las instalaciones Nando Yosu que contaba con tres jugadores bien fornidos, uno por cada línea, poniendo en evidencia así que tiene material para jugar a lo que haga falta.

El balón del pecado llegó desde prácticamente el centro del campo, cerca del banquillo donde se sentó Javier Rozada, y se lo comió Mirapeix, que ayer jugó sin haber entrenado habitualmente con el primer equipo. El balón le llegó plácido y de cara para despejar pero le pasó por alto. Fue así como esa torre llamada Jorge Martínez controló dentro del área, se desplazó lo mínimo y armó rápidamente la pierna para lanzar un fuerte disparo a media altura ante el que poco pudo hacer Iván Crespo.

El gol premió la mejor presentación del filial, que se fue descomponiendo a la vez que crecía el Racing. Apareció Cejudo sin demasiado acierto y, ante esa vacante que dejó el cordobés, fue Benktib quien creció apareciendo por todas partes, asociándose bien y mostrándose valiente. El conjunto cántabro empezó a jugar mucho más en campo contrario hasta terminar botando media docena de córners sólo en el primer tiempo. Hubo de todo, buenos saques y malos saques. En esos primeros 45 minutos fue el veterano de Puente Genil quien botó las acciones a balón parado pero más discusión hubo en el segundo entre Pablo Torre, Martín Solar y Bustos. Este año parece que hay donde elegir para poner buenos balones y eso sólo puede ser bueno para aprovechar al máximo una faceta fundamental en el fútbol de hoy en día. El segundo de ellos incluso botó una falta, que en principio se había pedido el primero, que por lo menos pasó por encima de la barrera con cierta potencia e hizo trabajar al portero. Quién sabe, quizá este año se vuelvan a ver goles de falta en El Sardinero.

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