Sánchez rinde homenaje a un dictador comunista que asesinó a más de 100.000 personas
Pedro Sánchez ha rendido homenaje en Hanoi a Ho Chi Minh, líder comunista responsable de una de las represiones más sangrientas del sudeste asiático en el siglo XX. Bajo su mandato, más de 100.000 personas fueron ejecutadas o murieron víctimas del aparato represivo del régimen.
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Durante su visita oficial a Vietnam, el presidente del Gobierno depositó una ofrenda floral en el imponente mausoleo de Ho Chi Minh, una estructura que alberga el cuerpo embalsamado del fundador del régimen comunista vietnamita. La escena, cuidadosamente retratada por los medios estatales, muestra a Sánchez en actitud solemne frente al líder cuyo legado está teñido de sangre.
El legado oculto de Ho Chi Minh
Considerado por algunos como el “padre de la independencia vietnamita”, Ho Chi Minh dirigió el país desde 1945 hasta su muerte en 1969, instaurando un sistema de partido único basado en el marxismo-leninismo. Su régimen estuvo marcado por una severa persecución política, ejecuciones masivas y la implantación del terror como método de control social.
Uno de los episodios más trágicos tuvo lugar durante la reforma agraria entre 1953 y 1956, una campaña diseñada para eliminar a los supuestos “terratenientes” en favor de los campesinos. Según estimaciones recogidas por The Black Book of Communism (Courtois, 1997), entre 50.000 y 100.000 personas fueron ejecutadas públicamente, muchas de ellas sin juicio, acusadas de ser “enemigos del pueblo”. El propio Partido Comunista reconoció oficialmente más de 13.000 ejecuciones, aunque testigos e historiadores elevan la cifra real mucho más allá.
A ello se suman las purgas políticas, los campos de reeducación, los trabajos forzados y una brutal represión de la disidencia ideológica. De acuerdo con el politólogo R. J. Rummel, experto en democidio, el régimen de Ho Chi Minh es responsable de más de 100.000 muertes entre 1945 y 1987, muchas durante su liderazgo directo.
¿Diplomacia o blanqueamiento?
La presencia de Sánchez en el mausoleo ha desatado un aluvión de críticas. Para algunos analistas, el gesto es diplomático y forma parte del protocolo habitual en visitas de Estado. Sin embargo, para otros, supone un acto de legitimación simbólica de una dictadura que violó sistemáticamente los derechos humanos.
“¿Se habría atrevido el presidente del Gobierno a rendir tributo a Franco en el Valle de los Caídos? ¿O a Pinochet en Chile?”, se preguntan algunos internautas. La imagen ha resucitado el debate sobre la doble vara de medir de la izquierda institucional respecto a las dictaduras comunistas, a menudo relativizadas en nombre de la lucha anticolonial o la justicia social.
Una memoria histórica selectiva
La polémica subraya una contradicción habitual en ciertos sectores políticos: condenar con firmeza los crímenes de las dictaduras de derechas mientras se relativizan o ignoran los perpetrados por regímenes comunistas. Si la memoria histórica ha de servir para honrar a las víctimas y garantizar que los abusos no se repitan, no puede aplicarse de manera selectiva según el color ideológico del verdugo.
Rendir homenaje a Ho Chi Minh sin mención alguna a las miles de víctimas de su régimen es un acto políticamente ciego o, peor aún, cómplice. La historia no debería escribirse con silencios.