Europa toma distancia

Sánchez en China y Vietnam: estrecha lazos con dictaduras comunistas en plena crisis de aranceles

Mientras Europa reacciona con firmeza al desafío económico de China y Estados Unidos impone duras represalias comerciales, Pedro Sánchez emprende una polémica gira por Asia que lo acerca a las órbitas del autoritarismo económico. Su visita a China y Vietnam, en un momento geopolítico crucial, levanta alarmas sobre el rumbo estratégico de España.

Pedro Sánchez y Xi Jinping sellan su acercamiento con un apretón de manos en Pekín, en un momento de máxima tensión geopolítica entre China, EE.UU. y la Unión Europea.
Pedro Sánchez y Xi Jinping sellan su acercamiento con un apretón de manos en Pekín, en un momento de máxima tensión geopolítica entre China, EE.UU. y la Unión Europea.

En plena guerra arancelaria entre EE.UU. y China, con la Unión Europea endureciendo su política comercial y pidiendo unidad frente al expansionismo chino, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido mirar hacia Oriente. Y no precisamente hacia los aliados tradicionales de España. Vietnam y China, dos regímenes comunistas, figuran en su itinerario oficial, encendiendo las alertas diplomáticas, económicas y estratégicas en Bruselas y en Washington.

La visita, envuelta en opacidad informativa y presentada como una conmemoración del "20º aniversario de relaciones diplomáticas", evita enfrentar las tensiones reales: aranceles, dumping comercial, persecución a minorías, espionaje industrial y la creciente influencia de Pekín en África y América Latina.

“Los pueblos que olvidan quiénes son, terminan por no saber qué hacen”, dijo alguna vez T. S. Eliot. Y España, bajo Sánchez, parece dar la espalda a su tradición atlántica.

El giro asiático de Moncloa, que recuerda a las maniobras erráticas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero –hoy señalado por actuar como lobista de intereses chinos en Europa–, coincide con el endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra empresas tecnológicas y manufactureras chinas. En este contexto, el reciente apoyo de Sánchez a facilitar la entrada del coche eléctrico chino al mercado europeo ha sido interpretado como un acto hostil hacia la industria europea, especialmente la española, que se enfrenta a una reconversión sin precedentes.

Un giro geopolítico sin respaldo ni consenso

Sánchez ha vuelto a actuar sin el aval del Congreso y sin consenso de Estado en política exterior. Como recuerda un diplomático europeo consultado por El Debate: “España carece hoy de una posición clara en el tablero internacional. Sánchez cambia de aliados según conviene a su agenda personal. Eso debilita la voz de nuestro país”.

Este alejamiento de Estados Unidos, que ha llevado al Gobierno español a incumplir sistemáticamente su cuota de inversión militar en la OTAN, coincide con un inédito acercamiento ideológico y comercial a regímenes autoritarios. La retórica del "nuevo orden multipolar" que emplea el PSOE en foros internacionales, resuena más con el discurso de China o Irán que con el de Bruselas o Washington.

¿Una colonia china en Europa?

“El respeto de la comunidad internacional se gana en décadas y se pierde en cinco minutos”, advertía recientemente un editorial del Wall Street Journal al comentar el desconcierto que provocan los movimientos de Sánchez en el plano internacional. La frase bien podría aplicarse a este nuevo episodio.

China ha demostrado ser un socio comercial implacable, con políticas de subsidio estatal, espionaje tecnológico y represión de los derechos laborales que han puesto en jaque el principio de competencia justa. En este contexto, la actitud complaciente del presidente español no solo resulta incomprensible: puede comprometer seriamente la soberanía económica de España.

Además, el papel de José Luis Rodríguez Zapatero como actor informal entre Madrid y Pekín, a través de asociaciones poco transparentes, agrega sombras sobre la motivación real de esta relación. ¿Qué hay detrás del nuevo eje hispano-chino que se construye entre bambalinas?

“La historia es una galería de cuadros donde hay pocos originales y muchas copias”, escribió Alexis de Tocqueville. Y el riesgo ahora es que España copie el modelo equivocado, con consecuencias irreversibles.

Europa toma distancia

Mientras Sánchez se deja seducir por el capitalismo autoritario chino, Bruselas comienza a cerrar filas: ha lanzado investigaciones comerciales contra vehículos eléctricos subvencionados, endurece la vigilancia sobre las inversiones estratégicas de empresas asiáticas en puertos y sectores críticos, y apuesta por una autonomía estratégica real.

Pero España, lejos de sumarse a ese impulso, parece dispuesta a ir por libre. O peor aún, a convertirse en la cabeza de puente de China en el corazón de Europa.

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