CRISIS EN EL GOBIERNO

El informe de la UCO sobre Cerdán reconfigura el mapa político de Sánchez: esto dicen sus socios

La UCO documenta presuntas irregularidades que tensan al máximo la relación entre el PSOE y sus socios parlamentarios, mientras la presión interna se multiplica
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Diego Radamés
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Diego Radamés

El informe de la Unidad Central Operativa (UCO) sobre el exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, ha introducido una variable disruptiva en el equilibrio parlamentario sobre el que se sostiene el Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez. El documento, de aproximadamente quinientas páginas, detalla un conjunto de actividades presuntamente ilícitas vinculadas a la adjudicación de contratos públicos, lo que ha desatado una reconfiguración política tanto interna como externa al Gobierno.

Un cambio de fase legislativa

El Partido Nacionalista Vasco (PNV), uno de los socios de investidura, ha declarado abiertamente que la legislatura "entra en otra fase". Con esta expresión, su portavoz, Imanol Pradales, alude a un cambio en las reglas del juego: el margen de maniobra para el Gobierno se estrecha, y las exigencias de sus apoyos parlamentarios se intensifican.

En paralelo, Sumar, socio de coalición, ha verbalizado una ruptura de confianza. Ernest Urtasun, su portavoz, ha afirmado que los casos de corrupción "revientan por dentro de indignación" a su formación. Exige medidas contundentes y urgentes, y ha solicitado la reunión inmediata de la Comisión de Seguimiento del Pacto de Coalición.

El independentismo eleva su precio

Por su parte, ERC y Junts han interpretado la crisis como una oportunidad de reposicionamiento. Elisenda Alamany, secretaria general de ERC, ha declarado que la confianza con el PSOE está "muy dañada", y que su formación será "muy exigente a partir de ahora". ERC no oculta su descontento con lo que percibe como una respuesta insuficiente de Sánchez ante los hechos conocidos.

Junts, por su parte, ha convocado de forma inesperada un Consejo Nacional para debatir la situación. Se ha solicitado una reunión urgente con el presidente del Gobierno, y según fuentes del propio partido, la viabilidad de la legislatura está en cuestión. La participación remota de Carles Puigdemont añade una dimensión simbólica a la cita.

Disenso dentro del PSOE

Más allá de la coalición, el desgaste interno en el PSOE se ha hecho visible. Algunos cargos públicos y referentes históricos del partido han cuestionado el liderazgo de Sánchez. El alcalde de Mérida, en funciones de secretario general del PSOE local, ha sugerido la convocatoria de un congreso extraordinario y ha renunciado implícitamente a la continuidad del actual liderazgo.

Odón Elorza, exalcalde de San Sebastián y exdiputado, ha descrito el Comité Federal del PSOE como una “performance”, reclamando el fin del "cesarismo creciente" y un plan de regeneración democrática para revitalizar los mecanismos internos del partido. Su crítica apunta a la ausencia de debate real y la disciplina vertical como norma.

También Javier Lambán, expresidente de Aragón, ha caracterizado la situación como una “crisis estructural o existencial” y ha apelado al papel de los militantes para determinar si el futuro del PSOE será reformista o terminal.

Por su parte, Felipe González, expresidente del Gobierno, ha reiterado su apoyo a Eduardo Madina, derrotado por Sánchez en las primarias de 2014 y cuya derrota ha sido puesta en cuestión por el informe de la UCO, que documenta supuestas irregularidades en aquel proceso.

Una ecuación más difícil para Sánchez

El presidente ha tratado de contener la crisis mediante una comparecencia en Ferraz, en la que ofreció disculpas y descartó un adelanto electoral. No obstante, la combinación de presión externa, división interna y desgaste reputacional sitúa al Ejecutivo en una posición de creciente vulnerabilidad.

Las reacciones de sus socios, tanto de coalición como de investidura, indican que el margen de maniobra legislativa del presidente dependerá de su capacidad de reconstruir confianza política y ceder poder a cambio de estabilidad. Los actores que sostienen al Gobierno han elevado su precio, y el tablero parlamentario, aunque no reconfigurado del todo, muestra fisuras estructurales.

El discurso del presidente ha intentado marcar un cierre a la crisis. Sin embargo, los hechos, las reacciones y las expectativas acumuladas proyectan una realidad distinta: la crisis no ha terminado; acaba de mutar de forma.

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