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¿El embajador secreto de Pekín? Las conexiones de Zapatero que incomodan a Europa

Lo que empezó como un viaje a un foro internacional ha destapado una red de relaciones que pone en entredicho la neutralidad diplomática de José Luis Rodríguez Zapatero
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante un coloquio. / Eduardo Sanz
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante un coloquio. / Eduardo Sanz

José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del Gobierno de España, ha decidido desde hace años ubicarse en el terreno ambiguo —y peligrosamente resbaladizo— donde la diplomacia informal se entremezcla con la influencia geopolítica de regímenes autoritarios. Su último viaje a China, para participar en el Foro de Boao, confirma lo que THE OBJECTIVE viene revelando con creciente preocupación: que el antiguo jefe del Ejecutivo español ha adoptado, sin rubor y con plena conciencia, un papel de mediador entre el régimen comunista chino y Occidente.

No se trata de una casualidad. Ni de un encargo oficial. Es el resultado de una estrategia deliberada, tejida en la penumbra de los despachos privados, sostenida por una red de relaciones personales y profesionales que interpelan directamente los intereses estratégicos de España y de Europa. Porque, como han informado fuentes diplomáticas a THE OBJECTIVE, Zapatero no sólo se ha reunido con altos cargos del régimen en su reciente viaje a Hainan, sino que mantiene encuentros frecuentes y discretos con empresarios chinos en Madrid. No en nombre del Estado español, sino de sí mismo.

El embajador oficioso de China

En una era de realineamiento geopolítico, donde Pekín busca ocupar el vacío que ha dejado la gradual retirada de Washington, Zapatero ha optado por convertirse en una herramienta útil de ese proyecto. Como subraya THE OBJECTIVE, su implicación va más allá de lo simbólico: mantiene contacto directo con el Partido Comunista Chino, ha defendido públicamente su sistema político, y colabora con Huawei, una de las empresas más estrechamente ligadas a los aparatos de seguridad del Estado chino.

A ojos de muchos, tanto en Bruselas como en Washington, el expresidente español se ha convertido en el rostro amable de una ofensiva estratégica china en suelo europeo, particularmente en el sur del continente, donde las estructuras institucionales son más porosas y las barreras éticas más fáciles de sortear.

La ruptura de Kreab: un síntoma revelador

En este contexto, la decisión de la consultora internacional Kreab de prescindir de los servicios de Zapatero, tras una década de colaboración, es algo más que una anécdota contractual. Es, como indica THE OBJECTIVE, una señal inequívoca del coste reputacional que conlleva hoy asociarse a figuras que han elegido vincularse a potencias autoritarias. No es habitual, en el mundo de la consultoría estratégica, romper lazos con un expresidente del Gobierno. Y sin embargo, Kreab lo ha hecho. Y lo ha hecho, según fuentes del sector, por las consecuencias éticas y políticas de sus vínculos con China y Venezuela.

Porque no sólo se trata de China. Zapatero también ha desempeñado un papel clave en blanquear al régimen de Nicolás Maduro, en Venezuela. Ha actuado como observador electoral en procesos carentes de legitimidad democrática. Ha evitado pronunciarse sobre fraudes denunciados por organismos internacionales. Y, según THE OBJECTIVE, ha intermediado en nombre de actores económicos españoles para recuperar activos retenidos por Caracas, actuando —de facto— como un agente de influencia de un régimen sancionado internacionalmente.

Huawei, Marruecos y la sombra del 5G

El epicentro de esta inquietud gira, en buena parte, en torno a Huawei. El gigante tecnológico chino fue vetado por Estados Unidos y diversos aliados de la OTAN por sus posibles conexiones con el aparato de inteligencia de Pekín. En España, sin embargo, encontró un aliado inesperado: Zapatero. Como ha desvelado THE OBJECTIVE, el expresidente facilitó contactos, abrió puertas y propició vínculos entre Huawei y consultoras como Acento, fundada por su antiguo ministro José Blanco.

Las investigaciones de THE OBJECTIVE también han revelado que Huawei contrató —en paralelo a sus movimientos con consultoras y lobbies— a las hijas de Zapatero, a través de su firma Whathefav S.L. Poco después de que estallara la investigación de la UE sobre presuntos sobornos a eurodiputados favorables a Huawei, la empresa de las hijas del expresidente eliminó todo rastro de su relación con la tecnológica china de su web corporativa.

El dilema moral y estratégico

Aquí no se discute el derecho del expresidente a tener una vida profesional activa. Ni siquiera se cuestiona su ideología. Lo que está en juego es algo más elemental: la coherencia democrática. Un expresidente de una nación miembro de la UE y de la OTAN no puede comportarse como intermediario privilegiado de potencias que socavan los principios del orden internacional liberal. Y menos aún, hacerlo sin transparencia, sin control público, y con una ambigüedad que bordea lo inaceptable.

Zapatero no representa al Estado. Pero su condición de expresidente le confiere una visibilidad y una legitimidad que no son privadas, sino institucionales. Y esa condición implica una responsabilidad que no se puede delegar ni vender al mejor postor.

La inquietud que crece en los círculos empresariales y diplomáticos —como documenta THE OBJECTIVE— no se debe a un capricho ideológico. Es el resultado del vértigo que provoca ver a una figura institucional actuando como bisagra entre regímenes autoritarios y empresas europeas, entre intereses opacos y plataformas públicas.

Advertecia desde la sombra

En 2020, Zapatero dijo en una videoconferencia: «Tenemos que hacer que China y ojalá la UE —muchos trabajamos en esa dirección— pongan a EE.UU. en una situación imposible». Es una frase que resume su visión del mundo. Y también una declaración de intenciones que debería haber alarmado más de lo que lo hizo.

España y Europa deben decidir qué tipo de sociedad desean ser en la era que se abre. La política exterior no es un terreno neutro. Y los lazos con regímenes como el chino o el venezolano tienen consecuencias que van mucho más allá de los negocios o la diplomacia privada.

La salida de Kreab es un síntoma. La inquietud empresarial es una señal. El silencio institucional, sin embargo, sigue siendo el verdadero escándalo.

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