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El expresidente Zapatero, apartado por sus contactos con regímenes autoritarios

Sus contactos con Huawei, su apoyo al régimen de Maduro y su rol en operaciones opacas le han convertido en un lastre reputacional

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante un coloquio. / Eduardo Sanz
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante un coloquio. / Eduardo Sanz

En política, como en el mundo corporativo, las decisiones —incluso las discretas— tienen consecuencias y contexto. Y pocas decisiones son tan elocuentes como la que ha tomado la consultora sueca Kreab al prescindir de José Luis Rodríguez Zapatero. Según ha revelado THE OBJECTIVE, la firma no renovará el contrato del expresidente español, tras una década como asesor sénior, en medio de un clima marcado por tensiones geopolíticas y deterioro reputacional.

Aunque Kreab se limita a alegar que “se acabó una etapa”, la información publicada por THE OBJECTIVE sugiere que la causa de fondo es más profunda y más incómoda: la proximidad cada vez más evidente de Zapatero a regímenes como el chino o el venezolano, cuya deriva autoritaria ha quedado ampliamente documentada y denunciada por múltiples organismos internacionales.

El legado erosionado

Durante años, Rodríguez Zapatero fue para Kreab un activo comercial de primer orden, según la información detallada por THE OBJECTIVE. Su red de contactos políticos, tanto dentro como fuera de España, le permitía atraer clientes e interlocutores institucionales. Pero en los últimos tiempos, su papel se había reducido a lo que fuentes internas describen como una "presencia testimonial".

Y no es difícil entender por qué. De acuerdo con THE OBJECTIVE, Zapatero se ha convertido en una figura comprometida públicamente con el régimen de Nicolás Maduro. Su rol como “observador electoral” en Venezuela, el silencio que guardó frente a las denuncias de fraude señaladas por el Centro Carter, y su vínculo con Delcy Rodríguez, han deteriorado su imagen en el ámbito internacional de la consultoría, un sector que exige, por definición, neutralidad, fiabilidad y credibilidad.

Pero Venezuela no es el único foco de inquietud. THE OBJECTIVE también revela que Zapatero ha intensificado sus relaciones con altos cargos del Gobierno chino, posicionándose como un puente informal entre la consultora Acento (fundada por su exministro Pepe Blanco) y la empresa Huawei, en un intento —presuntamente— de facilitar la implantación del 5G en España, a pesar del veto tecnológico promovido por Estados Unidos y apoyado por Europa.

Un problema para el PSOE

La decisión de Kreab ha llegado, según confirma THE OBJECTIVE, como un auténtico “torpedo en la línea de flotación” del PSOE. Y no es para menos. Zapatero no es un jubilado cualquiera. Ha sido el principal consejero electoral de Pedro Sánchez, su enviado oficioso en las reuniones con Puigdemont en Ginebra, y una de las piezas clave en la estrategia de normalización de los pactos más polémicos del Gobierno actual.

La pérdida de credibilidad de Zapatero, plasmada ahora en su salida de Kreab —según la información publicada por THE OBJECTIVE—, coincide con el estallido de múltiples escándalos que afectan al núcleo duro del socialismo español. Desde el caso Koldo, pasando por la trama de los hidrocarburos, hasta las sospechas sobre pagos desde Venezuela mediante la figura del comisionista Víctor de Aldama, el entorno del PSOE se ve salpicado por ramificaciones internacionales tan opacas como peligrosas.

THE OBJECTIVE detalla incluso que Zapatero habría sido contratado por Globalia, junto a Aldama, para desbloquear 200 millones de euros retenidos en Venezuela, en una operación que lo vincula indirectamente con tramas financieras bajo investigación.

La línea invisible

Más allá del escándalo, este caso pone de relieve un problema estructural. El de la difusa frontera entre el cargo público, el poder post-político y los intereses internacionales. Zapatero no ha sido acusado penalmente. Pero como señala THE OBJECTIVE, su itinerario reciente demuestra una preocupante despreocupación por los estándares éticos que deberían regir a un expresidente de una democracia liberal.

Su cercanía con regímenes autocráticos, su papel como intermediario en operaciones internacionales cuestionadas, y su participación activa en la influencia de empresas como Huawei, desdibujan los límites entre diplomacia informal y lobby privado. Todo ello —y así lo deja entrever el propio análisis de THE OBJECTIVE—, pone en entredicho la solidez del legado institucional de quien un día ocupó la jefatura del Gobierno de España.

Epílogo con advertencia

THE OBJECTIVE concluye que China considera a Zapatero uno de sus mejores embajadores en la Unión Europea, lo que no es un halago en boca de quienes defienden los valores de Occidente. En su reciente encuentro con Song Hailiang, secretario del Partido Comunista en China Energy Engineering Corporation, se consolida la percepción de que Zapatero ha optado por ponerse al servicio de intereses ajenos al proyecto europeo y democrático.

Y ese, quizás, es el juicio más severo. Porque la política exterior puede cambiar. Pero la autoridad moral de una democracia sólo se sostiene si quienes la representaron siguen rigiéndose por sus principios más sagrados.

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