26.09.2021 |
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Aplazar lo que parece inevitable, un nuevo confinamiento

Una vecina de la calle Joaquín Cayón, Torrelavega, observa desde su balcón durante el confinamiento. / S.D.
Una vecina de la calle Joaquín Cayón, Torrelavega, observa desde su balcón durante el confinamiento. / S.D.
Aplazar lo que parece inevitable, un nuevo confinamiento
Apurar todas las medidas para tratar de evitar, o al menos aplazar, lo que parece inevitable. Ese es el plan del Gobierno para esta semana ante la petición creciente de las comunidades autónomas de que se amplíe el decreto del estado de alarma para poder declarar confinamientos domiciliarios.



La estrategia la ha concretado la ministra portavoz, María Jesús Montero, al pedir a las autonomías que adopten medidas contundentes para poner freno a una pandemia descontrolada (18.669 nuevos casos notificados este martes) con el objetivo de eludir, si es posible, "confinamientos superiores".



"Necesitamos medidas contundentes para frenar la expansión desde la prudencia, el rigor y la evidencia científica", ha dicho Montero, con una apelación a los "expertos", que desde hace semanas claman por un confinamiento general, más laxo que el de la pasada primavera, para cortar una acelerada transmisión, que ya multiplica por más de 10 (527,94) la incidencia acumulada fijada como límite por la OMS.



"Vamos a ir viendo día a día las circunstancias, porque las pandemias son así", ha subrayado la vicepresidenta Carmen Calvo apuntando al próximo lunes, 9N, en que entra en vigor la prórroga de seis meses del estado de alarma.



"El primer paso es dar margen a todas las medidas y a partir de ahí tomar las decisiones", ha señalado el director del Centro de Alertas Sanitarias, Fernando Simón.



Sanidad ha reiterado que es necesario agotar los plazos con la vista puesta en el llamado modelo alemán aplicado en Cataluña -y también en Navarra o La Rioja- con confinamientos perimetrales, reforzados los fines de semana, toque de queda y cierres de bares y restaurantes, actividades culturales y la enseñanza superior.



RESTRICCIONES A LA ALEMANA



Castilla y León y Asturias, partidarias de un confinamiento domiciliario como Ceuta y Melilla, y Aragón se han sumado a este modelo, con el cierre de la restauración la primera, el de toda su actividad económica no esencial la segunda, y el servicios como el comercio y la hostelería a las ocho de la tarde la tercera, que también cierra perimetralmente sus tres provincias.



Tras una reunión bilateral, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha pedido al Gobierno asturiano algo más de tiempo para comprobar la eficacia de las medidas antes de recurrir al confinamiento, que rechaza de plano Madrid, cuya presidenta, Isabel Díaz Ayuso, ha dicho que trabajará "sin descanso para que sea algo impensable".



La Generalitat, que la semana pasada no desdeñaba un confinamiento total, lo despeja siete días después de su horizonte porque considera que las restricciones están dando sus frutos tras descender durante seis días consecutivos el índice de reproducción del virus (Rt) que ya se sitúa en 1,02, aunque sigue habiendo muchos positivos (6.210) y aumentan los fallecidos a 134.



El ministerio de Sanidad y las comunidades llevarán sus propuestas al Consejo Interterritorial de Salud, que se reúne este miércoles para analizar la situación de la epidemia y determinar si son pertinentes los cierres perimetrales por días como plantea Madrid, que pretende repetir en el puente de la Almudena del 9N lo que ha hecho en el de Todos los Santos del 1N.



Al contrario que Madrid, la Comunidad Valencia ha anunciado hoy la prórroga del cierre perimetral en esta comunidad durante una semana más para intentar contener el avance de la pandemia.



MÁS PRESION HOSPITALARIA



En ese avance, la curva de transmisión del SARS-CoV-2 sigue una tendencia alcista, pese a altibajos como el de hoy en el que crece por debajo de los 20.000 de la semana pasada, y su incidencia en la presión hospitalaria y, en última instancia, en los fallecimientos (238 sumados hoy al recuento oficial) es implacable.



Del martes 26 de octubre a este martes 3 de noviembre hay 3.247 pacientes más de covid-19 (19.943) hospitalizados en España y otros 462 (2.754) ingresados en las ucis, con un incremento porcentual respectivo del 13,93 % al 16,24 % y del 25,05 % al 29,17 %.



Por encima de la media de ocupación de cuidados intensivos figuran La Rioja, con un 56,6 %; Aragón, con un 48,1 %; Cataluña, con el 42,27 % (aunque según la Generalitat supera el 52 %); Navarra, con el 40,13 %; Asturias, con un 38,3 %; Castilla y León, con el 39,3 %; y Madrid, con el 38,45 %. En Melilla es del 57,14 % y en Ceuta del 47,06 %.



Este es el verdadero problema, al que aluden en buena medida los responsables sanitarios de las comunidades autónomas que piden que el Gobierno incluya de forma inminente los confinamientos domiciliarios en el estado de alarma.



DESPUÉS DE LA SEGUNDA OLA



Los expertos en salud pública, muchos de los cuales ven inevitable el escenario del confinamiento, ya dirigen sus miradas más allá para recordar que, una vez que se logre aplanar la curva de la segunda ola, no se deberían repetir los errores de planificación y gestión que se produjeron tras la primera.



En primer lugar con la desescalada, que se precipitó en junio sin que se cumplieran los plazos para llegar a una equívoca "nueva normalidad", con un exceso de euforia ampliado por la proximidad del verano y una temporada turística que pronto quedó frustrada.



En segundo lugar con el incumplimiento generalizado de las medidas para reforzar la Atención Primaria y contar con los rastreadores acordados para detectar los casos, trazar los contagios y aislarlos. Un fracaso sin paliativos en el que se coció a fuego lento lo que ya desde julio se llamaba segunda ola.



En tercer lugar con la ausencia de un plan articulado en fases, que obligara a tomar medidas cuando se superaban los umbrales considerados por la OMS peligrosos, como el de 50 contagiados por cada 100.000 habitantes en 14 días o el de el 5 % de positividad en pruebas diagnósticas, que a fecha de hoy supera de media el 13,95 %.



Y en cuarto lugar los datos, el desbarajuste estadístico, de certificaciones, notificaciones y retrasos, que ha impedido e impide desarrollar una política sanitaria certera. 

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