Trump aplaza los aranceles del 50% a la UE tras una llamada con Von der Leyen
El nuevo plazo es el 9 de julio, fecha prevista originalmente | La UE y EE.UU. intentan reactivar un acuerdo comercial entre amenazas y pragmatismo
En otro giro más en su estrategia comercial de máximos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la suspensión temporal de los aranceles del 50% a la Unión Europea que había amenazado con aplicar desde el 1 de junio. La decisión se ha producido tras una llamada telefónica con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que esta solicitó una prórroga para negociar un acuerdo comercial.
Trump respondió al gesto con su habitual tono grandilocuente en redes sociales, afirmando que había concedido "el privilegio" de retrasar los aranceles hasta el 9 de julio de 2025, fecha que, en realidad, ya estaba prevista previamente según los compromisos asumidos en abril. Von der Leyen, por su parte, celebró el inicio de un nuevo periodo de conversaciones, destacando que la UE y EE.UU. comparten “la relación comercial más estrecha del mundo”.
De la amenaza al acuerdo... otra vez
La amenaza arancelaria de Trump formaba parte de su plan de “aranceles recíprocos” anunciado el 2 de abril, en lo que denominó “Día de la Liberación”. En aquel momento, impuso recargos del 10% como medida general y de hasta 100% a países asiáticos, dejando una penalización específica del 20% a productos europeos. Posteriormente, elevó la amenaza a un 50% de arancel directo a la UE, acusando al bloque comunitario de prácticas comerciales “abusivas”.
En sus palabras, "la UE fue creada para aprovecharse de Estados Unidos", señalando barreras comerciales, manipulación monetaria y un supuesto déficit comercial de “250 millones de dólares”, aunque con errores de cálculo. Sin embargo, la reacción de los mercados financieros y las presiones internas han llevado a un nuevo repliegue estratégico.
Estilos irreconciliables de negociación
Las conversaciones entre EE.UU. y la UE no serán sencillas. Trump negocia con tuits, amenazas y giros bruscos, mientras que Bruselas sigue un método jurídico, técnico y lento, que exige consensos entre los 27 Estados miembros y un riguroso mandato comunitario.
Los precedentes son poco halagüeños: el fracaso del TTIP, las dificultades con Mercosur, y el constante bloqueo de Suiza o Reino Unido tras el Brexit evidencian que la Comisión Europea no cede a pulsos mediáticos, algo que choca con el enfoque disruptivo de la Casa Blanca.
Impacto económico inmediato
La retirada temporal de la amenaza arancelaria ha sido recibida con alivio en los mercados. El Dow Jones y el Nasdaq reaccionaron con subidas, y se espera que las bolsas europeas repunten en la sesión del lunes. Sectores clave como el automóvil, aeronáutica, maquinaria industrial y agricultura, todos con fuerte exposición a EE.UU., respiran aliviados ante un posible acuerdo.
Además, la presión sobre el Banco Central Europeo y el Eurogrupo se suaviza: un entorno comercial estable evita una guerra arancelaria que podría haber afectado gravemente a las exportaciones europeas y minado el crecimiento del PIB en varios países del bloque.
Trump, fiel a su estilo, convierte un gesto técnico en una victoria personal, pero lo cierto es que ha vuelto al punto de partida. La prórroga hasta el 9 de julio mantiene viva la posibilidad de un acuerdo, pero también deja la amenaza latente.
La UE gana tiempo, pero no margen de error. En las próximas semanas, ambas potencias deberán sortear no solo sus diferencias técnicas y económicas, sino también una creciente desconfianza política. El futuro del comercio transatlántico, en plena guerra arancelaria global, vuelve a pender de un hilo... o de un tuit.