Tres años después, la reforma de Yolanda Díaz no frena la precariedad
La proporción de contratos indefinidos baja al 44% y se disparan los de menos de una semana. La temporalidad resiste, sobre todo en el sector público
Tres años después de la aplicación plena de la reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz, los datos del mercado laboral revelan una realidad más ambigua de lo previsto. Aunque la medida se aprobó con el objetivo declarado de reducir la temporalidad y mejorar la calidad del empleo, los últimos registros oficiales muestran un descenso del peso de los contratos indefinidos y un preocupante aumento de los contratos ultra-cortos, especialmente los de menos de siete días.
Menos contratos indefinidos, más duración limitada
Según los datos publicados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en abril de 2025 se firmaron 508.000 contratos indefinidos, un 44,5% del total, muy por debajo del 48,2% alcanzado en abril de 2022, mes en que también coincidió la Semana Santa. Este descenso supone la pérdida de casi 200.000 contratos indefinidos en términos absolutos.
Al mismo tiempo, se ha incrementado notablemente la contratación más precaria. Uno de cada cinco contratos firmados en abril tuvo una duración de menos de una semana, exactamente un 22%, frente al 19% en abril de 2022. Y si ampliamos el análisis a los contratos de hasta un mes de duración, representan el 33,4% del total, frente al 29,1% de hace tres años.
Sólo un 19% de los contratos son indefinidos a tiempo completo
El contrato que más estabilidad y protección aporta al trabajador, el indefinido a tiempo completo, apenas alcanza ya el 19% del total de contratos firmados. Como señala José Luis Fernández, jefe del Gabinete de Estudios de USO, “el empleo se está fragmentando. Se reparten las mismas horas entre más personas, lo que disfraza la mejora en ocupación sin generar empleos de calidad”.
Esta tendencia pone de relieve que la parcialidad y la brevedad laboral han ganado terreno pese al discurso gubernamental. La reforma laboral ha fomentado una aparente mejora estadística al incentivar el uso de los contratos fijos discontinuos, que sustituyen a los temporales pero sin garantizar continuidad real.
La temporalidad no desaparece, sólo se disfraza
Según un informe conjunto de Fedea y BBVA Research, la temporalidad ha repuntado en 2025. A pesar de la caída registrada en el empleo privado por el uso obligatorio de fijos discontinuos, la tasa general ha dejado de descender, interrumpiendo la tendencia iniciada en 2021. El documento subraya que la población asalariada con contrato temporal creció más que la indefinida o la autónoma.
La tasa actual de temporalidad en el sector privado ha bajado al 14%, desde el 30% anterior a la reforma. Sin embargo, el sector público sigue sin avanzar: rozando el 30%, incumple el compromiso asumido por el Gobierno con Bruselas, que exigía reducir este indicador al 8% en 2024.
En contra de los objetivos fijados en 2021 ante la Unión Europea, el empleo público no ha reducido su precariedad. De hecho, la temporalidad en este ámbito es ahora un punto superior a la de 2019, antes de la pandemia. Este estancamiento genera un lastre estructural en las estadísticas de empleo, que Bruselas no deja de señalar como problema estructural del mercado laboral español.
Menos estabilidad
En suma, tres años después de su implantación, la reforma laboral de Yolanda Díaz no ha logrado su prometido saneamiento estructural del mercado de trabajo. Aunque el número total de personas empleadas ha crecido, la calidad del empleo se ha deteriorado: menos indefinidos, más parciales, más cortos y más fijos discontinuos sin continuidad efectiva.
El modelo laboral español sigue siendo intensivo en contratos de baja calidad, y la resistencia a estabilizar el empleo público deja sin cumplir los compromisos adquiridos con Europa. Como advierte Fedea, “la reforma no ha eliminado la temporalidad, solo ha cambiado su forma”.
Empleo más precario y menos duradero: esa es, hasta ahora, la herencia silenciosa de la reforma laboral de 2022. Y aunque las cifras oficiales pueden resultar alentadoras, una lectura detallada revela un mercado que aún carece de cimientos sólidos para garantizar estabilidad, continuidad y futuro a sus trabajadores.