economía

Tener hijos, misión imposible: el ladrillo mata la natalidad en España

El acceso a la vivienda se ha convertido en el mayor freno para formar pareja y tener hijos en España
Estudios recientes confirman que los altos precios del mercado inmobiliario están retrasando la maternidad. / EP
Estudios recientes confirman que los altos precios del mercado inmobiliario están retrasando la maternidad. / EP

En España, el acceso a la vivienda se ha convertido en un obstáculo clave para la formación de parejas y, en consecuencia, para la natalidad. Según el European Social Survey (ESS, 2024), analizado por Funcas, solo el 27% de los jóvenes españoles de entre 25 y 29 años vive en pareja, frente al 42% de media en la Unión Europea. En el grupo de 30 a 35 años, la cifra sube al 58%, pero sigue por debajo del 64% europeo.

Casi la mitad (47%) de los menores de 45 años reconoce haber tenido menos hijos de los deseados por el precio de la vivienda, según el informe Focus on Spanish Society. Entre los mayores de esa edad, el porcentaje desciende al 26%, lo que evidencia cómo el problema afecta especialmente a las nuevas generaciones.

Ya en 2025, Funcas advertía que entre el 85 y el 90% de los españoles estaba «muy o bastante» preocupado por el coste de la vivienda. El 69% de los jóvenes sin hijos identificaba este factor como la principal razón de su infecundidad.

María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas, señala que «el problema no solo reside en por qué las familias tienen menos hijos de los que desearían, sino también en la creciente dificultad para formar y mantener parejas estables». A su juicio, la emancipación tardía, la incertidumbre laboral y la presión sobre el mercado inmobiliario están transformando los patrones familiares y demográficos en España.

La relación entre vivienda y fertilidad también se confirma en estudios internacionales. En Build, Baby, Build: How Housing Shapes Fertility (2025), el economista Benjamin K. Couillard estimó que en Estados Unidos habrían nacido 13 millones más de niños si los precios se hubieran mantenido en niveles de 1990. Por su parte, Bryan Caplan, de la Universidad George Mason, destaca que en los condados rurales —donde la vivienda es más barata— las tasas de fertilidad son mayores que en los grandes núcleos urbanos.

«Menos espacio, menos bebés», resume Caplan, quien advierte que posponer la compra de una vivienda hasta después de los 35 años acorta significativamente el periodo fértil y, por tanto, reduce las posibilidades de formar familia.

La conclusión es clara: el precio de la vivienda no solo condiciona el acceso a un hogar, sino también el futuro demográfico del país.

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