economía

Los fallos del sistema del SEPE retrasan la gestión de millones de prestaciones

El sistema Silcoi Web se bloquea al calcular las nóminas de desempleo, dejando sin actividad a los empleados del SEPE durante varios días cada mes
Una oficina del SEPE. / EP
Una oficina del SEPE. / EP

Un problema técnico recurrente en los sistemas informáticos del SEPE mantiene inactivos a sus trabajadores entre tres y cinco jornadas al inicio de cada mes. La situación, que afecta a miles de usuarios en toda España, se ha convertido en una rutina que genera retrasos en la gestión de prestaciones y aumenta la frustración de una plantilla que denuncia falta de medios, tanto técnicos como humanos.

El sistema se bloquea al emitir las nóminas

El origen del problema está en la herramienta Silcoi Web, el programa central con el que el organismo procesa las nóminas de los desempleados. Cada día 1 del mes, el sistema comienza a ejecutar automáticamente el cálculo de las prestaciones que deben abonarse el día 10. Durante ese tiempo, el software no permite realizar ninguna otra tarea.

“Por mucho que queramos hacer, es imposible. El sistema colapsa y tenemos que pasar horas mirando el ordenador”, explican fuentes internas del organismo. Según el personal del SEPE, este bloqueo se repite mensualmente y puede prolongarse hasta cinco días.

El problema no es menor: se trata de un servicio esencial para millones de ciudadanos que dependen de sus prestaciones de desempleo. El pago se realiza habitualmente el día 10 de cada mes, aunque en caso de festivo se traslada al siguiente día hábil, como ocurrió este agosto, cuando el ingreso se efectuó el día 11.

Alma, otra herramienta deficiente

A este colapso se suma el mal funcionamiento de Alma, el programa implantado en 2024 con una inversión superior a 30 millones de euros. Lejos de mejorar la situación, los trabajadores denuncian que ralentiza las gestiones. “Es un horror. Tardo media hora en hacer una tarea de cinco minutos”, aseguran funcionarios del servicio público.

La situación ha llegado a tal punto que, en ocasiones, el personal debe volver al papel y al bolígrafo para poder atender las solicitudes de los usuarios. “Muchas veces nos vemos obligados a preparar documentación a mano porque no podemos utilizar las herramientas habituales”, explican.

Plantillas insuficientes y citas imposibles

Más allá de la cuestión técnica, el SEPE arrastra otro problema de fondo: la falta de personal. Según datos oficiales, a cierre de 2024 la plantilla era de 8.413 empleados, muy lejos de los 12.000 que, según los sindicatos, serían necesarios para cubrir la carga de trabajo.

La situación es especialmente grave en Madrid, donde las oficinas operan con la mitad de la plantilla. “Es incomparable con cualquier otro punto del país, Barcelona se queda bastante lejos. Tenemos muchísimo trabajo e incidencias”, señalan fuentes sindicales.

La consecuencia directa es que conseguir una cita previa —ya sea presencial o telefónica— resulta prácticamente imposible en muchas oficinas. En la capital, donde existen 43 centros del SEPE, no hay disponibilidad para acceder o reanudar prestaciones desde hace meses.

Alternativas de emergencia

Ante este bloqueo, los ciudadanos recurren a la presolicitud online, una medida que se implantó durante la pandemia y que ahora se ha convertido en una válvula de escape. “Muchas personas acaban recurriendo a esta opción cuando se enteran de que existe y así vamos tirando”, relatan los trabajadores. Otros afectados, en cambio, llegan a modificar su domicilio a otra provincia menos colapsada para poder realizar los trámites.

Un problema sin solución a corto plazo

Por ahora, no se vislumbra una solución inmediata. Los propios trabajadores reconocen que la incidencia técnica “no puede solucionarse” a corto plazo y que continuarán paralizados cada vez que el programa procese las nóminas.

El SEPE, un organismo clave para la protección de millones de desempleados en España, se enfrenta así a una doble crisis: tecnológica y de personal. Una combinación que amenaza con cronificar los retrasos en la gestión y que, mes tras mes, golpea tanto a los ciudadanos como a los propios empleados.

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