guerra comercial

Europa celebra con cautela el revés judicial a los aranceles de Trump

Bruselas ha recibido con satisfacción contenida el fallo judicial que invalida los aranceles aplicados el pasado verano a productos europeos

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, comparece ante la prensa tras el retiro informal de líderes de la UE. / Wiktor Dabkowski
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, comparece ante la prensa tras el retiro informal de líderes de la UE. / Wiktor Dabkowski

Europa recibió con alivio contenido pero evidente la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de anular la política arancelaria impulsada por Donald Trump hace casi un año. La sentencia, que invalida las tasas decretadas y aplicadas durante el pasado verano, supone un giro de enorme calado en uno de los episodios comerciales más tensos desde la creación de la Unión Europea. Sin embargo, en Bruselas nadie se atreve a hablar de victoria definitiva ni de punto final a la guerra comercial.

El fallo cuestiona la base legal utilizada por la Administración estadounidense para imponer aranceles de amplio alcance a productos europeos, desde el acero y el aluminio hasta bienes industriales y de consumo. Para muchos dirigentes comunitarios, se trata de una reivindicación del Estado de Derecho frente al proteccionismo unilateral. “Incluso un presidente de Estados Unidos no actúa en un vacío legal”, subrayó Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio del Parlamento Europeo, quien celebró que se hayan establecido límites jurídicos claros a lo que consideró una era de aranceles ilimitados y arbitrarios.

No obstante, la Comisión Europea optó por un tono más prudente y diplomático. El portavoz comunitario de Comercio, Olof Gill, afirmó que Bruselas “toma nota” del fallo y lo está analizando “con detenimiento y responsabilidad”, mientras mantiene contactos permanentes y discretos con Washington para conocer el alcance real de las medidas que puedan adoptarse a partir de ahora. La cautela no es casual: el propio Trump reaccionó casi de inmediato anunciando que mantendrá su estrategia arancelaria apoyándose en otra legislación. Es decir, la batalla legal puede haber terminado, pero la batalla política continúa abierta.

Durante los últimos meses, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, había reforzado de manera intensa la agenda comercial europea como respuesta al pulso estadounidense. Bruselas aceleró negociaciones con India —donde cerró lo que definió como “la madre de todos los acuerdos comerciales”—, avanzó decisivamente en el pacto con Mercosur tras más de 26 años de conversaciones y reactivó contactos estratégicos con Australia y otros socios del Indo-Pacífico. El mensaje ha sido firme: diversificar mercados, fortalecer alianzas y reducir dependencias estratégicas, sin romper el vínculo transatlántico.

Los mercados reaccionaron en la misma línea de celebración moderada y prudente optimismo. El Ibex 35 llegó a rozar subidas del 1% tras conocerse la decisión judicial, mientras París marcó máximos históricos impulsado por valores como LVMH y Euronext. En Fráncfort, el sector automovilístico —uno de los más castigados por la amenaza arancelaria— lideró los avances ante la expectativa de un alivio regulatorio. Incluso en Wall Street el fallo fue recibido con compras, ante la posibilidad de que las empresas afectadas reclamen la devolución de aranceles ya abonados. La factura potencial podría ascender a 130.000 millones de dólares, una cifra de enorme impacto presupuestario.

Pese al respiro bursátil y a la sensación de haber esquivado un golpe mayor, en Bruselas persiste una desconfianza estructural hacia el desenlace definitivo. La guerra comercial no se libra solo en los tribunales, sino también en la arena política, electoral y estratégica. La experiencia reciente ha demostrado que la política comercial estadounidense puede cambiar con rapidez y que la seguridad jurídica no siempre garantiza estabilidad a largo plazo.

Europa celebra, sí, pero lo hace con champán templado y mirada vigilante. Porque en el complejo tablero geoeconómico actual, cada victoria puede ser provisional y cada tregua, frágil.

Comentarios