El Banco Santander anticipó el impacto económico de una guerra en Oriente Medio
Semanas antes de la guerra entre Estados Unidos e Irán, el Banco Santander ya advertía a los inversores de los riesgos económicos derivados de una escalada geopolítica y del encarecimiento de la energía
El Banco Santander ya había puesto negro sobre blanco, semanas antes de la escalada bélica en Oriente Medio, una serie de advertencias que hoy suenan casi premonitorias. En su último folleto de emisión registrado ante la CNMV, la entidad alertaba de “riesgos que podrían provocar una desaceleración de la economía mundial, recesión, presiones inflacionarias o incluso estanflación”. Lo que entonces figuraba como un escenario de riesgo teórico empieza ahora a tomar forma real tras la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Uno de los puntos señalados era la “continuación o intensificación de conflictos geopolíticos en Ucrania y Oriente Medio”, un factor que el banco consideraba potencialmente desestabilizador para los mercados financieros y la actividad global. La actual escalada, con ataques en el estrecho de Ormuz y amenazas sobre rutas estratégicas de suministro, encaja plenamente en ese supuesto. El riesgo ya no es solo militar, sino económico: interrupciones en el comercio internacional, encarecimiento del transporte marítimo y tensión en materias primas clave.
Otro de los grandes peligros advertidos por la entidad presidida por Ana Botín era el fuerte aumento de los precios de la energía y otras materias primas. Con el barril de Brent aproximándose a los 100 dólares y con advertencias de que podría escalar mucho más si el conflicto se prolonga, el impacto inflacionario se convierte en una amenaza tangible. El encarecimiento del petróleo no solo afecta al combustible, sino que se traslada a toda la cadena productiva, elevando costes industriales, logísticos y alimentarios.
El Santander también subrayaba el riesgo de un “retorno a políticas monetarias y fiscales restrictivas, incluyendo subidas de tipos de interés”. Si la inflación repunta de forma persistente, el Banco Central Europeo podría verse obligado a endurecer su postura. Esto implicaría mayores costes de financiación para empresas y familias, presionando el consumo y la inversión en un momento de elevada incertidumbre.
Asimismo, el banco advertía sobre la volatilidad en los mercados de divisas, especialmente en relación con el dólar. Aunque antes del conflicto la preocupación era una depreciación de la moneda estadounidense, la guerra ha invertido la tendencia: el dólar se fortalece como activo refugio, alterando flujos financieros y condiciones de financiación internacional.
En conjunto, los riesgos descritos por el Santander dibujan un escenario de alta inestabilidad económica global, donde confluyen inflación, tensiones energéticas, endurecimiento monetario y fragilidad en las cadenas de suministro. Lo que figuraba como advertencia formal a inversores se convierte ahora en una hoja de ruta de amenazas que ya están impactando en mercados, gobiernos y bancos centrales.