absentismo laboral

El absentismo sigue desbocado con más bajas largas en la región

El absentismo aumentó en Cantabria en 2025, con más de cuatro millones de jornadas perdidas y un fuerte crecimiento de las bajas prolongadas y psicosociales, mientras descienden los accidentes laborales y se incrementa el impacto económico

El absentismo aumenta en Cantabria, con más bajas largas, mayor peso psicosocial y un coste equivalente al 5,3% del PIB. /  EP
El absentismo aumenta en Cantabria, con más bajas largas, mayor peso psicosocial y un coste equivalente al 5,3% del PIB. / EP

El absentismo laboral volvió a incrementarse en Cantabria a lo largo de 2025 y consolida una evolución ascendente que ya no se limita a variaciones puntuales de un ejercicio concreto. Los datos correspondientes al último año reflejan un aumento tanto en el número de procesos de incapacidad temporal (IT) como en su duración media, con un impacto directo en el volumen de jornadas perdidas y en los costes asumidos por las empresas y el conjunto del sistema.

El informe anual elaborado por Mutua Montañesa, presentado este jueves en Santander dentro del foro del Observatorio de Absentismo Laboral de Cantabria, promovido junto a CEOE-CEPYME, ofrece una radiografía detallada de la situación. El estudio constata que durante 2025 se perdieron en la comunidad autónoma 4.179.211 jornadas laborales por bajas médicas, lo que supone un incremento del 5,9% respecto a 2024. Esta cifra implica que, de media, 11.450 trabajadores no pudieron acudir cada día a su puesto de trabajo por encontrarse en situación de incapacidad temporal.

El volumen de jornadas perdidas permite dimensionar el alcance del fenómeno en el tejido productivo cántabro. Aunque la mayoría de los trabajadores no registró ningún proceso de baja a lo largo del año -el 82,5% no tuvo ninguna-, el informe pone el foco en la concentración de las ausencias en un grupo reducido. Así, solo un 4,7% de empleados acumula el 44,7% del total de las bajas tramitadas, lo que evidencia una distribución desigual de los procesos de incapacidad temporal.

El impacto económico derivado de esta situación también se ha intensificado. Según las estimaciones recogidas en el estudio, las pérdidas para las empresas de Cantabria en 2025 alcanzarían casi 754 millones de euros, lo que representa un incremento del 16,8% en comparación con el ejercicio anterior. Si a esa cantidad se suma el coste de las prestaciones abonadas por las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, el volumen total asociado al absentismo equivale al 5,3% del producto interior bruto (PIB) regional. Esta proporción sitúa el fenómeno no solo como un asunto laboral, sino también como un elemento con incidencia en la economía autonómica en su conjunto.

El informe subraya, además, la existencia de determinados patrones en la tramitación de las bajas. Uno de los datos señalados es la repetición semanal, con una mayor incidencia de procesos iniciados los lunes. Este comportamiento, que ya se había observado en ejercicios anteriores, se mantiene en 2025 y forma parte de las variables analizadas dentro del estudio.

Desde el punto de vista de las causas, el documento distingue entre contingencias comunes -aquellas situaciones de incapacidad no relacionadas con el puesto de trabajo- y contingencias profesionales, derivadas de accidentes laborales. En el caso de la contingencia común, tanto la incidencia como la prevalencia han aumentado en el último año. La incidencia creció un 5,4% y la prevalencia un 6,1% respecto a 2024. Si se toma como referencia el año 2019, el incremento acumulado es aún más significativo: un 67,9% en incidencia y un 59,3% en prevalencia. Estos datos confirman, según el informe, la «estructuralidad» del fenómeno, es decir, su carácter sostenido en el tiempo más allá de circunstancias coyunturales.

La duración de los procesos constituye otro de los aspectos destacados. En 2025 se produjo un aumento del 34% en las bajas que superan el año de duración. Más llamativo resulta el crecimiento de los procesos que exceden los dos años, que se incrementaron un 97,3% respecto al ejercicio anterior. Este aumento de las incapacidades prolongadas contribuye de manera decisiva al cómputo global de jornadas perdidas y genera una acumulación de casos de larga duración que incide en la organización de las plantillas y en la gestión de recursos humanos.

En contraste con la evolución de la contingencia común, el absentismo motivado por accidentes de trabajo descendió en 2025. La incidencia cayó un 7,2% respecto a 2024 y un 1,35% en comparación con 2019. A pesar de esta reducción, el peso relativo de las contingencias comunes es claramente mayor: ya equivalen a 7,16 veces más jornadas perdidas que las originadas por accidente laboral. Esta diferencia pone de relieve que el crecimiento del absentismo en la comunidad está vinculado principalmente a causas no profesionales.

El estudio también analiza la distribución de las bajas por tipología de patología. En 2025 aumentó el peso de las patologías psicosociales, que registraron un crecimiento del 6,9%. Estas pasan a situarse como la segunda causa de incapacidad temporal, solo por detrás de los procesos relacionados con dolores y cuestiones traumatológicas. El incremento de este tipo de patologías absorbe, en parte, la reducción registrada en las bajas por patologías músculo-esqueléticas y lesiones traumáticas, que descendieron un 6%, en consonancia con la caída de la siniestralidad laboral.

En términos globales, el ejercicio 2025 se cerró con casi 18 jornadas perdidas por cada trabajador en Cantabria. De ese total, el 87,7% correspondió a enfermedad común, mientras que el 12,3% restante se debió a accidentes laborales. Esta distribución evidencia el predominio de las contingencias no profesionales en el conjunto del absentismo regional.

Ámbitos con mayor concentración

El análisis sectorial permite identificar ámbitos con mayor concentración de bajas. El informe señala una afección relevante en la función pública y confirma tendencias ya detectadas en observatorios anteriores. Entre las actividades con mayor porcentaje de bajas figura la recogida, tratamiento y eliminación de residuos, que acapara el 30,7%. Le siguen la construcción de edificios, con el 25,1%; la fabricación de otros productos minerales no metálicos, con el 24,6%; la fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipo, con el 22,9%; la industria de la alimentación, con el 20,9%; y la metalurgia y fabricación de productos de hierro, acero y ferroaleaciones, con el 20,1%.

Durante la presentación del informe, el director gerente de Mutua Montañesa, Alberto Martínez Lebeña, se refirió a la evolución de los distintos tipos de contingencia. En relación con los accidentes laborales, indicó que la tendencia «parece que va tomando un rumbo de descenso». Sin embargo, matizó que el comportamiento de las bajas por contingencia común impide considerar la situación como un fenómeno transitorio y señaló que «no podamos hablar de que sea un tema coyuntural, sino que ya es una cronificación de este tipo de absentismo».

En este contexto, añadió: «Vemos unos crecimientos importantes que no tienen ninguna forma de mitigación», y aludió al aumento «constante y continuo» de las bajas por efectos psicosociales, que, según apuntó, podría convertirse también en un problema «estructural». Asimismo, puso el foco en el «embolsamiento» de procesos de incapacidad temporal de muy larga duración, que tienen «impacto en todo el sistema», en referencia al Servicio Cántabro de Salud, la Seguridad Social y las mutuas.

Martínez Lebeña defendió la validez de los datos presentados y afirmó que los estudios de la entidad constituyen «un instrumento bastante fiable», dado que las cifras definitivas de 2025 confirman las previsiones realizadas en mayo con un margen de error del 2%. Esta coincidencia entre estimaciones y resultados finales refuerza, según explicó, la consistencia metodológica del análisis.

Por su parte, el presidente de CEOE-CEPYME, Enrique Conde, abordó el impacto del absentismo desde la perspectiva empresarial. Consideró que, ante la evolución registrada, «es el sistema el que no está funcionando» porque «no está pudiendo atender a la gente», y advirtió de que «si no actuamos sobre ello, esto no va a cambiar». A su juicio, el absentismo constituye «el mayor lastre y el mayor condicionante para la competitividad» de las empresas cántabras.

Conde señaló que en algunos sectores se alcanza «cerca del 20%» de trabajadores de baja, circunstancia que se ve agravada por la «falta de personal que existe a nivel profesional» y por la dificultad para cubrir las vacantes temporales. En este sentido, afirmó: «Esto afecta a la productividad y hay que pensar que hoy en día no estamos compitiendo con otras comunidades autónomas solamente, sino que estamos compitiendo con otras zonas geográficas del mundo donde este problema no existe».

El presidente de la patronal planteó tres líneas de actuación dirigidas al ámbito empresarial. En sus palabras: «la primera es denunciar, llamar a las cosas por su nombre sin tapujos y sin miedo. La segunda es ayudar: proponer iniciativas, empujar, presionar a los poderes públicos e imitar, es decir, aprender de los que lo hacen mejor. La tercera idea es que los empresarios seamos ejemplares en nuestra responsabilidad, creando las mejores condiciones en los lugares de trabajo, facilitando el bienestar y creando una cultura de seguridad y salud en los entornos laborales».

La jornada de presentación del informe incluyó también la exposición de la experiencia de Castilla y León, comunidad que afronta una problemática «muy similar» a la de Cantabria, según se puso de manifiesto en el encuentro. El CEO del Grupo Mirat, Enrique Gómez, compartió iniciativas desarrolladas en ese territorio para abordar el absentismo laboral.

Asimismo, el gerente del Hospital Santa Clotilde, Ricardo Sanchís, ofreció la perspectiva del sistema sanitario en Cantabria y subrayó que la colaboración público-privada es «necesaria, positiva y refuerza el sistema sanitario». Añadió que este tipo de cooperación contribuye a la atención a los pacientes «descongestionando los servicios públicos», en un contexto en el que el aumento de los procesos de incapacidad temporal tiene repercusiones en la actividad asistencial.

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