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De Nashville a Cantabria, JP Harris trae su country old school al Niágara

El trovador de Nashville JP Harris regresa a los escenarios españoles este domingo 25 de mayo a las 20:30h en la mítica Sala Niágara
El cantante de country JP Harris. / x
El cantante de country JP Harris. / x

La vieja guardia del country estadounidense encuentra nuevo aliento en la figura de JP Harris, un artista cuya trayectoria vital y musical resiste cualquier intento de domesticación. Carpintero restaurador, mecánico ocasional, músico ferozmente independiente, Harris es más que un cantante: es el último bardo outlaw, heraldo de una tradición que se niega a morir entre las cuerdas del banjo y los ecos de los Apalaches.

Nacido para los márgenes y educado al calor de los fuegos de campamento, Harris descubrió su vocación tardíamente, pero con la convicción de quien sabe que no hay retorno. A sus veinte y pocos, las canciones ancestrales que entonaba bajo las estrellas se transformaron en composiciones propias, y en 2011 se trasladó a Nashville, donde alternaba los acordes con la restauración de casas centenarias.

Desde entonces, cada disco ha sido un capítulo sonoro de su crónica existencial. Desde el inaugural I’ll Keep Calling, hasta el visceral Home Is Where The Hurt Is (2014), el refinado Sometimes Dogs Bark At Nothing (2018) y el aclamado Don’t You Marry No Railroad Man (2021), Harris ha construido una discografía sólida, coherente y profundamente arraigada en el country más crudo, con reminiscencias de Bakersfield, esencias honky tonk y esa voz de barítono que evoca a gigantes como Merle Haggard o Townes Van Zandt.

Pero es con su último proyecto, JP Harris Is A Trash Fire (2024), donde el artista se desborda, rompiendo los moldes que él mismo había construido. Concebido a lo largo de nueve meses de intensa introspección, el álbum es un compendio de folk sombrío, ética punk y estética underground, bajo la batuta de su inseparable amigo y productor JD McPherson. A ello se suman colaboraciones de lujo: Erin Rae, The Watson Twins y Shovels & Rope, en un ejercicio sonoro que huele tanto a Waylon Jennings como a Lee Hazelwood, pero con una identidad radicalmente propia.

Y ahora, Cantabria. Santander. Sala Niágara. Un escenario íntimo y legendario que acogerá este domingo un ritual de autenticidad y resistencia cultural. Porque Harris no es solo música: es un manifiesto. Es la negación de lo artificial. Es el retorno a lo esencial. Un cowboy del siglo XXI que, guitarra en mano, recuerda que el country, cuando es verdadero, no necesita maquillaje. Solo alma.

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