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Casapalma inaugura el ciclo ‘Todas al baile!’ junto a Alana y Llevólu’l Sumiciu

La Sala Niágara de Santander se convertirá en epicentro de una revolución sonora que mezcla ancestralidad y electrónica, con el estreno de ‘Todas al baile!’
El grupo cántabro, 'Casapalma'. / x
El grupo cántabro, 'Casapalma'. / x

La noche del viernes no será una más en Santander. A las 21:30h, la legendaria Sala Niágara abrirá sus puertas a la primera edición de ‘Todas al baile!’, un ritual colectivo de ritmo y raíz, donde el folclore ibérico se desborda, muta y se electrifica. Este nuevo ciclo musical, nacido para celebrar la disidencia sonora, arranca con una alineación de lujo: Casapalma (Cantabria), Alana (Galicia) y Llevólu’l Sumiciu (Asturias).

Los encargados de inaugurar la fiesta serán los anfitriones de la casa: Casapalma, el grupo que ha logrado resucitar la canción montañesa para hacerla bailar en las pistas del siglo XXI. Con su álbum ‘Montañesas’, editado por RASO y reconocido como el mejor disco del primer trimestre de 2024 por la lista LIMÚR, Casapalma demuestra que la música tradicional cántabra no es un relicario del pasado, sino una energía viva, combativa y bailable. Su propuesta cruza jotas, panderetas y beats con una naturalidad que desarma, sin perder jamás la dignidad de la raíz.

Desde Galicia, llega el torbellino armónico de Alana, formado por Antía Vázquez, Eloy Vidal y Pablo Castro. Este trío, ganador del Premio Xuventude Crea, propone una fusión brillante de pandereta, gaita, pop y electrónica, resultado de un riguroso trabajo de recopilación oral y reinterpretación contemporánea. Lo suyo es una fiesta luminosa, en la que el legado de las abuelas se mezcla con los sintetizadores, el baile colectivo y la emoción en estado puro.

Y desde el otro lado de la cordillera, Asturias se presenta con distorsión, glitch y memoria minera gracias a Llevólu’l Sumiciu, el proyecto inclasificable de los hermanos Pablo y David Alonso. La suya es una experiencia audiovisual inmersiva donde la tonada tradicional asturiana se retuerce entre reggaetón lento, baile funk y ecos industriales. Mientras uno compone con polvo de archivo y pulsos digitales, el otro crea un universo visual donde conviven fotogramas setenteros, arte local y ruinas fabriles. Juntos, reinventan el paisaje sonoro del norte con una libertad tan salvaje como necesaria.

‘Todas al baile!’ no es solo un concierto: es una declaración de intenciones, un espacio para releer lo rural, para romper las fronteras entre lo ancestral y lo digital, para bailar como antes, como ahora y como mañana.

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