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El Diario de Cantabria

«Estaba ido y perdí la cabeza por completo» cuando la asesiné

Ayer dio comienzo el juicio por el asesinato de una joven de 26 años a manos de su expareja en 2019, en la localidad de Laredo

Un momento del juicio al acusado (en la imagen) del primer crimen machista de 2019 en España, el asesinato de una mujer dominicana de 26 años en Laredo, este martes en Santander. / Román. G. Aguilera
Un momento del juicio al acusado (en la imagen) del primer crimen machista de 2019 en España, el asesinato de una mujer dominicana de 26 años en Laredo, este martes en Santander. / Román. G. Aguilera
«Estaba ido y perdí la cabeza por completo» cuando la asesiné

El autor confeso del crimen machista ocurrido en enero de 2019 en Laredo, el primero del año en España, ha manifestado que esa noche «estaba ido» y perdió «el control». «No estaba en ese momento en mis cabales» y «perdí completamente la cabeza», ha expresado durante el juicio contra él, que se celebra con jurado desde este martes en la Audiencia de Cantabria y en el que se enfrenta a 28 años de cárcel que pide el fiscal.

El acusado de matar a puñaladas a su pareja ha relatado lo ocurrido en la madrugada del 3 de enero en el piso de la víctima, natural de la República Dominicana, que tenía 26 años y una hija de ocho -él tiene 29 y es de Ecuador-. Esa noche habían coincidido en el bar de la localidad en el que trabajaban, tras haber dejado la relación que mantenían desde hacía dos años y que ha calificado de «tóxica».

Según ha explicado a preguntas de su abogado, después de ese encuentro y cuando ella se fue a casa, se dirigió también al domicilio a recoger unas pertenencias suyas, provisto de un cuchillo que cogió de la cocina del local, y que fue «la peor idea de todas». «Sabía que no era algo correcto llevar un arma porque posiblemente podía acabar mal», ha evidenciado el responsable de este delito de violencia de género, que se entregó después de asestar una veintena de puñaladas a la chica, con ese cuchillo y otro de la vivienda.

«No era cien por cien consciente en ese momento», ha aseverado el implicado, que ha arrancado su declaración dando «de corazón» el pésame a la familia de la fallecida: «Lo siento por lo que he hecho», ha expresado, antes de añadir, en otro momento de su testimonio, que se ha «jodido la vida haciendo eso», algo que a día de hoy -ha dicho- no se explica. «No me siento bien conmigo mismo por lo que he hecho».

En la sesión también han declarado parte de los testigos, entre ellas las dos presenciales: las compañeras de piso de la víctima que han narrado, llorando, cómo intentaron en vano frenar la agresión, así como familiares de ella o los dueños del pub donde trabajaban.

«Lo único que quería era arreglar las cosas», ha afirmado el acusado, para aclarar que no deseaba volver con ella pero tampoco terminar «mal», sino «bien», porque trabajaban juntos y tenían amigos en común. Así, aunque no fue con «intención» de hacerla «daño,» acabaron «discutiendo» y hubo «empujones». «Yo le levanté la mano, y ella me respondió», ha ilustrado.

En un momento dado, perdió «el control», sacó el cuchillo de la manga y le dio «dos o más» puñaladas en el cuerpo. «No estaba en ese momento en mis cabales», ha esgrimido. Tras esto, acudieron las compañeras de piso junto a su expareja, que estaba sangrando, en tanto que el arma «se había roto». «Yo no me creía en ese momento lo que había pasado», ha manifestado. «Perdí totalmente la cabeza».

A partir de ahí, todo fue «muy rápido» y no recuerda «con exactitud» lo sucedido, pero sí que respondió a los requerimientos de las compatriotas que trataron de impedir la agresión que él ya se «había jodido la vida haciendo eso» o que les dijo: «Iros de aquí, que os puedo hacer daños sin querer». «Ellas vieron que mi mirada cambió», ha comentado, al indicar que empujó la puerta de la habitación donde estaba la víctima, «sangrando y llorando», y mirándole «con mucho miedo», mientras él portaba otro cuchillo en la mano, el que había cogido de la cocina del piso.

Y aunque ha reconocido que «suene quizá poco creíble», ha asegurado que la víctima se acercó para tratar de quitarle el arma, generándose un «momento de forcejeo» en el que volvió a acuchillarla. Y «seguramente» estaba también diciéndole «cosas feas» o «insultos», debido al «estado» en el que se encontraba. «Estaba ido», ha resumido.

Cuando entró «en sí», pidió a las chicas que llamaran a una ambulancia, recogió sus cosas y se fue a su casa, a contárselo a sus familiares y pedirles «perdón». A continuación, todavía «en shock y mal conmigo mismo», se dirigió a la Policía: «Vengo a entregarme, porque le hecho mucho daño a mi pareja», indicó a los agentes. 

Llevar un cuchillo, la peor idea de todas

Según su versión, el acusado estaba tomando algo en un bar y bailando con una amiga cuando llegó la víctima y le devolvió un teléfono móvil que le había prestado. Fue, ha dicho, el «único» contacto directo que tuvieron en el local, donde ella mantuvo una actitud «un poco burlona» hacia él, que no se sentía «cómodo». Después, ella se fue y él se quedó «pensativo», pues aunque lo habían dejado más veces esta era «la definitiva», aunque acabaron discutiendo. Pensó que era la «oportunidad» de terminar con esa relación «tóxica», que empezó «mal» pues ella estaba desde el principio «con otra persona» y él lo consintió. «Nos decíamos las realidades», ha expresado, para señalar también que tenían «discusiones». Así, decidió ir al domicilio de la víctima a recoger sus cosas -un ordenador y ropa- y fue cuando se le «ocurrió la peor idea de todas»: ir a la cocina del bar a por un cuchillo que guardó en la manga por si ella -ha justificado- estaba con alguien en el domicilio. Pero «sabía que no iba a hacer bien ese cuchillo».

«Estaba ido y perdí la cabeza por completo» cuando la asesiné
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