El mirador más espectacular (y desconocido) de Cantabria que parece sacado de un documental
Cantabria guarda en lo alto de sus montañas uno de sus secretos mejor conservados. El Mirador de Covalruyo, a caballo entre la geología, la botánica y la cultura tradicional, sorprende a quien se asoma a su barandilla con una vista que lo cambia todo
Ubicado en las estribaciones del puerto de Lunada, el Mirador de Covalruyo es uno de esos lugares que no solo ofrece una vista panorámica de ensueño, sino también una lección viva de geología, ecología y cultura tradicional pasiega. Desde este balcón natural se pueden distinguir de forma clara tres grandes protagonistas del paisaje: el legado del glaciarismo cuaternario, el característico paisaje cultural de cabañal pasiego y la singularidad del hayedo de La Zamina.
1. Un paisaje modelado por el hielo
El primer rasgo que sorprende al visitante es la huella del glaciarismo cuaternario. Las huellas del paso del hielo durante las etapas frías del Cuaternario han esculpido un valle en artesa, fácilmente identificable. Las morrenas —acumulaciones de materiales arrastrados por los glaciares— bordean las antiguas lenguas de hielo, y a sus pies, se forman lagunas de obturación que aún hoy retienen el agua en zonas donde el drenaje se ve dificultado por las barreras naturales de la morrena lateral.
2. El hayedo de La Zamina: un superviviente del tiempo
Otro punto de interés es el extenso hayedo de La Zamina, que ocupa toda la vertiente meracha de Los Picones de Sopeña. Este bosque ha resistido la presión humana gracias a la dificultad que impone el relieve kárstico del terreno, que ha dificultado históricamente su explotación agrícola o ganadera. La litología caliza, plagada de lapiaz, ha funcionado como un escudo natural.
Este hayedo se ha desarrollado sobre un relieve monoclinal en cuesta, con un marcado frente de cuesta hacia el río Pisueña y un dorso hacia el valle del Miera, que desde Covalruyo se observa como una loma suave y extensa. La diferencia de pendiente entre ambos lados ofrece una lección clara sobre cómo los mismos estratos pueden generar percepciones muy distintas del paisaje según el punto de vista del observador.
Cabe recordar que esta zona fue, entre los siglos XVII y XVIII, uno de los territorios más intensamente deforestados de Cantabria, debido a la demanda de madera para los astilleros de la Marina y las Reales Fábricas de Liérganes y La Cavada. A pesar de ello, La Zamina logró preservar su integridad ecológica.
3. El mosaico cultural pasiego
Por último, el observador encontrará desde Covalruyo un excepcional ejemplo de paisaje cultural pasiego, con su reconocible mosaico de fincas cerradas, cabañas dispersas, setos y muros de piedra seca. Esta forma de ocupación del territorio —conocida como modelo cabañal— define la identidad del mundo pasiego y es resultado de siglos de adaptación al entorno montañoso.
No obstante, este paisaje tradicional también muestra señales de alteración reciente, en forma de pistas y nuevos viales abiertos por el auge de las segundas residencias rurales, un fenómeno que alcanzó su apogeo a principios del siglo XXI pero que parece haber disminuido en los últimos años.

