La obra maestra barroca olvidada de Cantabria que se desmorona ante nuestros ojos
Enclavada en el municipio cántabro de Argoños, se levanta —o más bien sobrevive— uno de los testimonios más notables de la arquitectura civil y del arte escultórico de la Edad Moderna en Cantabria: la Casa de la Hoya, una construcción del siglo XVII que ha sido reconocida por su alto valor histórico, artístico y etnográfico.
Un taller de escultores en el corazón de Siete Villas
La edificación de esta casona montañesa se sitúa entre los años 1690 y 1710. Su promotor fue Francisco de Vivero y Xado, reputado escultor que estableció en este inmueble su taller, después de formarse como discípulo de Andrés de Monasterio Bárcena, uno de los grandes maestros del barroco cántabro. Vivero dejó su impronta en iglesias de toda la geografía norteña —como Payueta, Moreda, Samaniego, Labastida, Peñacerrada (Álava) y Navarrete (La Rioja)—, pero fue en Argoños donde consolidó un último foco escultórico activo en la comarca de Trasmiera, zona reconocida históricamente como semillero de canteros, arquitectos y escultores.
Arquitectura montañesa con lenguaje propio
La Casa de la Hoya es una representación característica de la arquitectura vernácula montañesa. Fue construida en mampostería con sillería en los vanos, en los esquinales y en su emblemático arco carpanel, que da forma a la entrada principal con una abertura de más de dos metros y medio de luz. Su fachada, que es lo único que aún se mantiene en pie, muestra una disposición sobria, pero está cargada de significado artístico y simbólico.
El elemento más llamativo es su imponente escudo heráldico, de más de un metro cuadrado, que preside el centro de la fachada. El escudo, que ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), exhibe las armas del linaje Vivero: una celada terciada con airón de plumas, tres peñas sobre ondas marinas y matas de ortigas brotando de ellas. La composición está acompañada de angelotes tallados a modo de tenantes y heraldos, y rematada por un mascarón en la punta. Completan el conjunto los canes de madera, aún visibles, tallados con rostros antropomorfos que sostienen el alero y que reflejan el dominio técnico y artístico del escultor.
Estado actual y valor patrimonial
A pesar de su importancia, la Casa de la Hoya se encuentra hoy en un estado de grave deterioro. El edificio ha colapsado en su práctica totalidad, quedando únicamente en pie la fachada original, donde se conservan sus elementos más valiosos. Este hecho ha llevado a que la construcción sea incorporada a la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, una plataforma que denuncia los bienes culturales en peligro de desaparición.
La condición actual del inmueble contrasta con su enorme significación: no solo como pieza arquitectónica singular, sino como último vestigio físico de un periodo de esplendor escultórico en la Cantabria barroca. Su valor no radica únicamente en su diseño estructural, sino también en ser testimonio del oficio de la talla, de la tradición de los talleres familiares y del legado de los escultores trasmeranos.
Una llamada urgente a su preservación
La Casa de la Hoya es propiedad privada, lo que ha dificultado hasta el momento su intervención o rehabilitación institucional. No obstante, su condición de BIC y su inclusión en la Lista Roja exigen una reflexión urgente sobre su futuro. Perder esta edificación supondría un vacío irreparable en el patrimonio civil de Cantabria, particularmente en el ámbito rural, donde las huellas del arte vernáculo son más frágiles y vulnerables.
Es, por tanto, una obra que merece atención, protección y difusión, como parte del legado de una comarca —Trasmiera— que iluminó con su arte muchos de los templos y construcciones del norte peninsular. La Casa de la Hoya no es solo una casa: es un símbolo de una forma de vivir, crear y esculpir que marcó una época.

