No existe otro igual en España: el lugar único que solo encontrarás en Cantabria
Hay quien viaja hasta Santoña por su gastronomía, pero quienes exploran sus calles acaban descubriendo uno de los rincones más insólitos del norte, tan cerca del mar que casi lo acaricia
Cantabria es una tierra rica en tradiciones, historia y rincones singulares. Entre sus muchas curiosidades destaca un lugar único: la plaza de toros de Santoña, reconocida por estar situada a tan solo siete metros del mar Cantábrico, lo que la convierte en la plaza de toros más cercana al mar de todo el mundo. Este hecho, además de su ubicación privilegiada, la ha convertido en uno de los recintos taurinos más singulares de España.
Ubicada en uno de los municipios más emblemáticos de Cantabria, Santoña, famosa por sus anchoas y su tradición marinera, esta plaza fue inaugurada en el año 1907 y desde entonces forma parte del patrimonio cultural y social del municipio. Su construcción respondió a la necesidad de dar cabida a una afición taurina que se remonta al menos al año 1880, cuando se celebraron las primeras corridas en la localidad, concretamente en el patio de armas del Fuerte. Con el tiempo, la pasión por los toros creció entre los vecinos y surgió la idea de levantar un coso taurino permanente que sustituyera a la antigua plaza de madera donde se celebraban los festejos.
El diseño de la plaza fue obra del arquitecto Mario Camiño y la construcción estuvo a cargo de Leoncio Alonso. Desde su origen, fue concebida con un carácter robusto, utilizando sillares de piedra caliza, y protegida por un muro destinado a resguardarla de las inclemencias del mar, que tan cerca golpea con su fuerza. Con un aforo de seis mil localidades, su estructura destaca por la distribución de ocho tendidos, repartidos equitativamente entre cuatro de sol y cuatro de sombra, y por contar con un tendido de quince filas, lo que permite una visibilidad excepcional desde cualquier punto.
Uno de los detalles que hacen de esta plaza un recinto único es que, durante las corridas, se puede escuchar claramente el sonido del mar y, desde algunos puntos, incluso divisar el azul del Cantábrico, que se extiende a escasos metros de las gradas. No es frecuente encontrar una plaza de toros que combine tan directamente la tradición taurina con el ambiente marinero, pero Santoña, tierra de pescadores y navegantes, también encontró espacio para los toros.
La inauguración oficial tuvo lugar durante las fiestas de la Virgen del Puerto de 1907, celebradas los días 7 y 8 de septiembre. En aquellos festejos se anunciaron los toreros Antonio Guerrero Román "Guerrerito" y Castor Jaureguibeitia "Cocherito de Bilbao", que lidiaron reses de la ganadería sevillana de Eduardo Olea el primer día, y del hierro de Vicente Martínez el segundo. También participó en los festejos el novillero vasco Luciano Bilbao "Lunares". Desde entonces, la tradición se mantiene y cada mes de septiembre Santoña continúa celebrando sus fiestas patronales con eventos taurinos como parte destacada de la programación.
Con el paso de los años, la plaza ha sufrido diferentes intervenciones para garantizar su conservación. En 2009, se llevó a cabo una rehabilitación integral dentro del programa de Patrimonio de Protección Singular del Plan General de Ordenación Urbana de Santoña. Estas obras permitieron la recuperación y mejora de elementos originales, como los balconcillos, y contribuyeron a asegurar la continuidad de este espacio histórico.
Más allá del simbolismo que supone para los aficionados taurinos, la plaza de toros de Santoña es también un emblema del patrimonio arquitectónico y cultural de Cantabria. Pocas plazas en el mundo pueden presumir de estar tan cerca del mar como para escuchar el romper de las olas durante la lidia, y aún menos pueden presumir de que el sonido del Cantábrico forme parte del ambiente de sus festejos.
Hoy en día, además de acoger eventos taurinos, la plaza es también un lugar de interés turístico para quienes visitan Santoña. Muchos acuden atraídos por la fama de sus anchoas, pero acaban descubriendo, casi por sorpresa, este recinto centenario que convive a escasos metros del puerto pesquero y bajo la atenta mirada del mar.
La plaza de toros de Santoña no solo forma parte del paisaje urbano del municipio, sino también de su historia viva, uniendo la tradición taurina y la cultura marinera en un mismo lugar y recordando que, en Cantabria, el mar y la tierra siempre han ido de la mano.

