accidente laboral

Torrelavega y Polanco se vuelcan en un adiós multitudinario a Gelin

Familia, amigos, vecinos y compañeros se volcaron en un último homenaje a quien supo estar en la vida de todos con generosidad y sin alardes
'Gelín', el trabajador fallecido, y la iglesia en la que tuvo lugar la misa. / A.E.
'Gelín', el trabajador fallecido, y la iglesia en la que tuvo lugar la misa. / A.E.

Torrelavega y Polanco han vivido en los últimos días uno de esos momentos que dejan una huella profunda en el alma colectiva de una comunidad. La repentina muerte de Ángel Camprovín Tardío —conocido cariñosamente por todos como Gelin— ha conmocionado a familiares, amigos, compañeros de trabajo y vecinos que aún tratan de asimilar la pérdida de un hombre muy querido y presente en la vida social, deportiva y humana de la ciudad.

Desde que se conoció la noticia del trágico accidente laboral en el que Gelin perdió la vida el pasado martes mientras trabajaba en las obras del polígono de La Pasiega, decenas de personas se volcaron para acompañar a su familia en estos duros momentos.

El velatorio celebrado en Polanco fue un reflejo fiel del tipo de persona que fue: cercano, generoso, y profundamente arraigado a los suyos. Personas de todas las edades —amigos de la infancia, compañeros de la empresa SIEC, miembros de la Peña El Resurgir, vecinos de Torrelavega, Polanco y alrededores— se acercaron para mostrar su cariño, su respeto y su tristeza. Muchos no pudieron contener las lágrimas al recordar momentos compartidos con él, desde una conversación informal hasta partidos en El Malecón o reuniones familiares.

La misa funeral, celebrada en la Iglesia Parroquial de Rumoroso, fue igualmente multitudinaria y cargada de emoción. Durante toda la ceremonia se respiró un profundo sentimiento de unidad. Todos los presentes se arroparon mutuamente y, sobre todo, rodearon de afecto a la familia de Ángel: su esposa, sus hijas, su madre Gloria, sus hermanos. Fue un acto íntimo y a la vez colectivo, donde cada lágrima llevaba consigo un recuerdo, y cada silencio hablaba de la huella que Gelin dejó en vida.

La despedida no fue solo una muestra de dolor, sino también de gratitud: por lo vivido, por lo compartido, por haber tenido la suerte de conocer a alguien tan auténtico. Un hombre que, como dijeron varios de sus amigos, “hacía que cualquier momento se viviera al máximo”, que estaba siempre dispuesto a ayudar, a sumar, a estar.

Ángel “Gelin” Camprovín no fue una figura pública, pero en su entorno fue mucho más: un referente, un alma generosa, un hombre que se ganó el cariño de todos por cómo vivía, por cómo quería y por cómo se entregaba. Su legado queda ahora en la memoria de quienes lo conocieron, en cada rincón donde su presencia fue habitual, en cada anécdota compartida y en cada gesto de cariño sincero.

Y en estos días, esa memoria se ha hecho cuerpo en una despedida que, aunque dolorosa, ha sido también un acto de amor colectivo.

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